Resultados de la búsqueda
Resultados encontrados sin ingresar un término de búsqueda
- La Ley de Cáncer que quedó en el papel
El 2 de septiembre de 2020 se publicó en el Diario Oficial la Ley 21.258, más conocida como la Ley Nacional de Cáncer. Esta buscaba cumplir el plan de la enfermedad que incluía un registro nacional de pacientes, construcción de centros oncológicos y estipular recursos humanos para especialistas. Sin embargo, a más de dos años de su implementación, nada de esto se ha ejecutado a cabalidad. Y su urgencia es aterradora, sobre todo porque según el Global Cancer Observatory, para el 2040 se duplicará el número de chilenos con cáncer por año. Por Antonella Castagno y Javiera Cuevas “Yo apoyo la Ley nacional de cáncer”, decían los carteles que la gente con polera blanca llevaba por la Alameda. Era 18 de noviembre de 2018 y miles de chilenos salieron a movilizarse para pedir una ley contra el cáncer, enfermedad que genera más de 54 mil muertes al año. El que encabezaba la movilización era Claudio Mora, oncólogo del Hospital El Pino y quien también había sido diagnosticado con cáncer de páncreas. “La falta de recursos mata a los pacientes con cáncer. Debemos frenar la desigualdad en la oportunidad de atención”, decía Mora en ese entonces refiriéndose a las listas de espera de pacientes oncológicos. A su lado marchaba la entonces senadora Carolina Goic, sobreviviente de Linfoma de Hodgkin: “Lo que necesitamos es la firma del Presidente, del Ministro de Hacienda y Ministro de Salud”. En diciembre de ese año, el expresidente Sebastián Piñera y el exministro de Salud, Emilio Santelices, firmaron el proyecto de ley que buscaba cumplir con las múltiples peticiones de la ciudadanía y entregar un marco normativo al primer Plan Nacional de Cáncer que lanzaron ese día. En febrero de 2020, se aprobó unánimemente en la Cámara Alta , convirtiéndose, el 2 de septiembre del mismo año, en la primera ley con participación ciudadana. Principalmente, la ley propone que debe existir un Plan Nacional de Cáncer , que establezca el diseño de medidas y propuestas de implementación para el manejo de la enfermedad. Además, propone la creación de la Comisión Nacional de Cáncer, la que asesoraría al Ministerio de Salud. También plantea que la enfermedad es de notificación obligatoria, por lo que se debe desarrollar un Registro Nacional de Cáncer. Mandata una Red Oncológica especializada para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los pacientes a nivel nacional y, por último, considera un Fondo Nacional de Cáncer que será destinado a financiar programas y proyectos relacionados a la enfermedad, como las drogas de alto costo que son parte del tratamiento de algunos tipos de cáncer. El Ministerio de Salud incumplió el plazo estipulado por la ley para entregar la guía de acción del Plan Nacional que es el lineamiento que debe seguirse en todos los centros para un buen diagnóstico, pesquisa y tratamiento. Todas estas falencias fueron confirmadas a principios de octubre cuando la Contraloría General de la República emitió un informe en donde encontró retrasos e inconsistencias referidas a los mismos puntos. “Hay cosas que, a dos años de la promulgación de la ley, todavía no están vigentes y es un tema preocupante”, dice hoy la exsenadora Carolina Goic, actual directora ejecutiva de la Fundación Foro Nacional de Cáncer que solicitó una auditoría sobre la implementación de la ley. “La ausencia del Registro es lo más grave. El cáncer es una enfermedad de notificación obligatoria entonces se está incumpliendo la ley porque no han dado las herramientas para poder registrarlo como tal”, explica Goic. Registro Nacional en lista de espera El caballito de batalla de la ley era establecer una base de datos con información relevante para la prevención, vigilancia y planificación de la política pública en materia de la enfermedad: un Registro Nacional de Cáncer. Este consideraría, al menos, la individualización y datos demográficos del paciente, del médico tratante y del establecimiento en que estaría siendo atendido. Y si bien existió un registro piloto, este no fue implementado y, es más, les jugó en contra. “Es bastante frustrante ver que no se ha hecho mucho y que está parado”, acota la doctora Solana Terrazas, exjefa de la División de Planificación Sanitaria del Minsal, quién fue la primera en impulsar la estrategia del registro. Actualmente, Chile está ciego en cuanto a las pesquisas por tipo de cáncer, en la etapa que se detecta, el seguimiento de los pacientes y su notificación. Sólo hay cifras de mortalidad imprecisas formuladas por estimaciones. Es por esto que el registro es esencial y su implementación permitiría que el Plan de Cáncer sea en base a datos actuales y concretos que considere con precisión cuántas personas tienen cáncer, de qué tipo y dónde están. Emilio Santelices, exministro de Salud (2018-2019) fue quien puso en marcha el primer proyecto de Registro Nacional de Cáncer. Explica que las consecuencias de su inexistencia influyen directamente en los pacientes: “El no hacer una buena política pública o el abandonar una política que se haya implementado (...), afecta a los pacientes. El tener un Registro Nacional es extraordinariamente sensible para hacer una trazabilidad de los enfermos y entender cómo se comporta el cáncer en las distintas regiones”. La falta de registro complica la situación de manejo de mortalidad por cáncer. Las cifras más actualizadas del país son de 2020, que de acuerdo a Global Cancer Observatory, hay 54.227 nuevos pacientes de cáncer al año y el número de muertes anual por la enfermedad supera los 28 mil. Bruno Nervi es el presidente de la recién creada Comisión Nacional de Cáncer que asesora al Ministerio de Salud en la implementación de la ley. También es jefe del Departamento de Hematología y Oncología de la Universidad Católica y presidente de la Fundación Chilesincáncer. Fue uno de los primeros que se acercó al exministro Santelices para mostrarle la importancia de crear un plan de cáncer en 2018, cuando aún las enfermedades cardíacas eran la primera causa de muerte. Por años ha atendido pacientes y sabe la importancia de que el registro exista, sobre todo para las personas con escasos recursos y de lugares menos poblados: “Hay un determinante social que discrimina”. La tasa de mortalidad por cáncer es ocho veces mayor en personas con educación básica, que quienes han completado la educación superior. Además, existe mayor acceso a especialistas y tratamiento si vives en Santiago que si vives en provincia y también, hay grandes diferencias en la atención que reciben los pacientes del sector público y privado, explica Nervi. En Chile hay 17 tipos de cáncer dentro de las Garantías Explícitas en Salud (GES), que son beneficios tanto para afiliados a Fonasa como Isapre, los que abarcan: la pesquisa, diagnóstico, tratamiento, prestación de salud y cuidados paliativos, en donde se mandata por ley plazos de atención estipulados. Entre 2021 y 2022, los retrasos GES relacionados a cáncer aumentaron en 81%, de acuerdo a un estudio del Centro de Políticas Públicas CIPS-UDD. Incluso más: según este estudio, durante 2022, entre marzo y septiembre, las listas de espera por cáncer aumentaron en 34%, con un total de 14.680 garantías fuera de plazo. Las patologías con mayor cantidad de retrasos son el cáncer cervicouterino, cáncer de mama y cáncer gástrico, las cuales suman casi 10 mil retrasos. María Ginette Valderrama, a sus 58 años, recibió un diagnóstico desalentador. Cáncer de mama etapa tres. El problema vendría después, cuando su tratamiento no fue lo que esperaba: desorden en la organización de sus quimioterapias, mala comunicación de parte del hospital, intranquilidad y dependencia. “Llevo 6 meses en quimioterapia pero nunca me han hecho una en la fecha que corresponde. Uno lo que espera es estar tranquila y dedicarte a sanar, pero al final tienes que hacer trámites, preguntar, estar preocupada de las llamadas. Si el cáncer va a avanzar o las células revivir… muchas preguntas que no tienen respuesta”. Francisco Chahuán, expresidente de la Comisión en Salud del Senado, indica que las listas de espera antes y post pandemia, aumentaron 624% en materia de cáncer. “Hoy tenemos a un millón 200 mil personas que están esperando 460 días para un procedimiento médico. Eso es condenarlo a muerte”, advierte el senador. El Registro Nacional de Cáncer permitiría focalizar políticas públicas para mejorar la pesquisa, diagnóstico y tratamiento que hoy tienen una lista de espera que cada día crece más. Johanna Acevedo, exjefa de la División Sanitaria del Minsal, fue quien trabajó en la primera etapa de la creación de este programa. Acevedo impulsó la creación del piloto junto a un grupo de especialistas de la Universidad de Valparaíso, quienes se adjudicaron la licitación de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). Recuerda que luego de un año en producción y estando en plena pandemia, el Ministerio de Salud no firmó el convenio de recepción formal. Carla Taramasco, académica de la Universidad de Valparaíso, trabajó con Johanna en el piloto. Ambas han intentado comunicarse con las autoridades del Minsal, tanto de manera formal como informal. Por su parte, Taramasco asegura que no ha logrado una sola reunión: “Si mañana me dicen que despliegue el registro, me toma dos segundos publicarlo. Sólo hay que querer hacerlo”. En cuanto a este incumplimiento, la Contraloría dejó en evidencia que la plataforma del Registro Nacional de Cáncer se encuentra en desuso por defectos en su construcción, presenta una base de datos incompleta y desactualizada. Además, a través de una audiencia por Ley de Lobby, se le consultó a Julia Palma, coordinadora de la Agencia Nacional de Cáncer, la razón del retraso pero no quiso entregar una respuesta. Tampoco se refirió al tema en las tres presentaciones realizadas durante noviembre sobre la actual situación del cáncer en el país. Sin embargo, la Contraloría General de la República sí lo hizo. Aludió que la jefa de Departamento Tecnologías de la Información y Comunicación del Minsal el 2 de agosto de 2022 informó que “desde la promulgación de la ley Nº 21.258, la SUBSAL no ha efectuado desarrollos tecnológicos ni tampoco se han realizado integraciones con otras plataformas informáticas”. Este tema se abordó también en la Comisión de Cáncer, según las últimas actas publicadas en la página oficial de Ley Nacional del Cáncer, se ha manifestado la constante preocupación por la inexistencia del registro y la urgencia de contar pronto con esta plataforma. Carolina Goic ha participado en algunas de las reuniones con la comisión y no entiende por qué no está implementado. “Pudiendo haber estado, no hay explicación de su ausencia, pese a que tenía financiamiento desde el primer día”, indica Goic. Respecto a los fondos designados para su implementación, la ministra de Salud, Ximena Aguilera, fue aludida durante la tercera subcomisión mixta de presupuestos en octubre pasado, en donde indicó que algunos temas de la ley de cáncer no tienen expansión presupuestaria por lo cual deberán ser cubiertos con reasignación de capital, entre ellos, el registro. Sin embargo, en temas de presupuesto y financiamiento, hay más de un problema. Fondos en el limbo El Plan de Cáncer exige tener un Fondo Nacional, sin embargo, aún no empieza a regir el artículo 14 de la ley 21.258. Al respecto, la exsenadora Goic manifiesta su preocupación de que esté pendiente el documento: “Había un reglamento específico para el Fondo Nacional de Cáncer y todavía no existe. Es clave para que el fondo empiece a regir”, expone Goic. El 24 de noviembre de 2022, en la tercera jornada de debate sobre la ley de presupuesto 2023, el senador Francisco Chahuán hizo ver la falta de fondos para la Ley Nacional de Cáncer. “El fondo nacional del cáncer permite generar sinergias público privadas y esperamos que tenga los recursos necesarios para que pueda subsistir”. Finalmente, el presupuesto de salud se aprobó con más de 12 mil millones de pesos. Si bien para el 2023 podría existir una falta de recursos para lo que mandata la ley de cáncer, hay un problema también con el presupuesto que se dejó para ejecutar en 2022. Enrique Paris, exministro de Salud (2020-2022), explica que antes del cambio de mando se dejó aprobado cerca de 15 mil millones de pesos para cuidados paliativos, estimando que se van a requerir 20 mil nuevas consultas. “Dejamos dinero para contratar a 111 nuevos cargos y 2.310 nuevas horas médicas para apoyar a los hospitales de alta complejidad. (…) presupuesto para 50 trasplantes de médula ósea. Fortalecimos la utilización de sillones de quimioterapia, ya que no es necesario que el paciente lo haga en un hospital, puede ser un centro ambulatorio”, explicó el exministro. La ministra Aguilera dijo en la Comisión en Salud del Senado que se gastaron 358 mil millones de pesos. Según Contraloría, se destinaron cerca de $18.500 millones de pesos para la compra de 396 equipos oncológicos y $20.000 millones en inversión sectorial, reposición de equipos y tres estudios de inversión de centros oncológicos. Para el Comité de Drogas de Alto Costo, encargado de asegurar el financiamiento para medicamentos oncológicos que no cuentan con ningún tipo de cobertura, se destinaron $41.760 millones. De acuerdo al informe de Contraloría, el Fondo Nacional de Salud ejecutó cerca de 35 mil millones de pesos para la compra de medicamentos de alto costo, de los cuales 86 de ellos no estaban en la canasta. Moisés Russo, oncólogo radioterapeuta de la Fundación Arturo López Pérez, renunció en octubre de 2022 a la jefatura de la Comisión Técnica de Drogas de Alto Costo. Explica que dejó el cargo porque no ha tenido oportunidad de incidir en las priorizaciones de actividades desde la entrada del nuevo gobierno. “Mi aporte no se consideró necesario”. Moisés explica que no ha habido nuevas revisiones de drogas o medicamentos para incorporación. Frente a este punto, Contraloría manifestó que se cuenta con el registro de las personas beneficiarias por el comité, pero carece de una base de datos actualizada desde 2021. La razón de por qué no existe el registro de beneficiarios no está clara y afecta tanto a los pacientes, como a su grupo familiar, empobreciendo su bolsillo. Vivian Hermann, fue diagnosticada con cáncer de mama en febrero de 2020. Al tener su primera quimioterapia, tomó el medicamento entregado por GES: un omeprazol que aún así la dejó con vómitos y fuertes dolores estomacales. Tras eso, una amiga que padecía cáncer le recomendó tomar otro medicamento de gran valor que no cubre el GES. “Tuve una quimio sin la pastilla y dos después con el remedio, que me sentí increíble. La gente de la junta de vecinos reunió plata y me pude comprar la pastilla”, rememora Hermann. Centros oncológicos a la espera de diagnóstico Danissa Bonacich tenía 46 años cuando le diagnosticaron cáncer de recto. Los exámenes y quimioterapia serían en Santiago por lo que tuvo que pasar doce meses sin su familia en la capital. Para ayudar a casos como el de Danissa, la Ley de Cáncer mandata tener una red oncológica con centros de Alta, Mediana y Baja complejidad destinados al diagnóstico oportuno, tratamiento y seguimiento de los pacientes con cáncer. Esto mediante el fortalecimiento o creación de centros en el país, bajo la ley de presupuesto del sector público. Aun así, la red oncológica actual está fuertemente centralizada y las personas de regiones extremas no pueden recibir el procedimiento cerca de sus casas por lo que deben abandonar sus familias y trabajo para ajustarse al centro donde tengan que atenderse y gastar recursos en arriendos y estadía. Beatriz Troncoso, directora de la fundación Oncomamás y miembro de la Comisión Nacional de Cáncer, se vincula con esta enfermedad cuando su hijo de once años fue diagnosticado. Pese a que no tuvo mayor problema con el tratamiento, se da cuenta del privilegio que tuvo, pues no todas las personas tienen las mismas oportunidades. Esto la impulsó a crear una fundación para ayudar de alguna forma a la gran brecha de desigualdad en ofertas de especialistas y lugar donde tratarse. “Me mueve la injusticia. Nosotros queremos que todos estén en el lugar que pocos pudimos estar, tranquilos, cuidando a nuestros hijos, sin tener que estar haciendo bingos, ni rifas para poder pagar las cuentas”, explica. Hoy en día, las regiones de Arica y Parinacota, Atacama, Ñuble y Aysén se encuentran sin centros oncológicos, por lo que las personas se ven en la obligación de dejar sus hogares y trasladarse para tener tratamiento. Para contribuir con la descentralización, el Plan Nacional de Cáncer crea cinco grandes proyectos para las regiones. En mayo del 2022 el Minsal y la comisión de salud del Senado se reunieron y presentaron los estados de las construcciones de estos cinco proyectos: el Centro Oncológico de Atacama se encuentra en diseño; el Centro Oncológico de Valparaíso está en revisión por el Servicio de Salud; el Macro Centro Oncológico O´Higgins-Maule está en formulación por el Servicio de Salud; el Centro Oncológico Ñuble, en revisión por parte de División de Gestión de la Red Asistencial y el Centro Oncológico Biobío está en desarrollo de estudio. El exjefe de Gabinete en Subsecretaría de Redes Asistenciales, Nicolás Duhalde, expone que el tiempo de construcción de los centros depende de varios factores: primero, hay que identificar en qué etapa se encuentra el proyecto. Es responsabilidad del Minsal hacer una evaluación, pues la construcción puede ser financiada por fondos del Minsal, regionales o mixtos. Una vez que el proyecto está totalmente aprobado, hay que hacer una segunda distinción: diseño y construcción, juntos o por separado. En caso de que sea juntos, demora menos. El tiempo de la construcción varía también según el tamaño de la obra, es decir, los centros grandes y complejos se podrían demorar tres o cuatro años, mientras que los más pequeños, de dos a tres. Si fuera un hospital como el Instituto Nacional del Cáncer, se podría demorar de cinco a seis años. Hugo Arancibia, exjefe de Evaluación de Proyectos del Ministerio Desarrollo Social, estaba a cargo de analizar los proyectos de salud financiados con recursos públicos. Hoy explica que a pesar de que los centros deberían estar implementados dice que “las voluntades pueden estar, pero si no hay habilidades de gestión, no lo van a poder hacer. Tienen que ser ambas en conjunto”. La Red Oncológica parece estar mucho más atrasada de lo que se piensa. De acuerdo a Contraloría, no existe una Red Oncológica como tal, ya que la Subsecretaría de Redes Asistenciales aún no firma el documento que determine los establecimientos que componen dicha Red. Sergio Becerra, exdirector del Instituto Nacional de Cáncer y exjefe de Departamento Manejo Integral del Cáncer y Otros Tumores, explica que el objetivo principal de la construcción de centros regionales es para que el 90% de los pacientes se trate en su región, ya sea en cuidados paliativos, quimioterapias, radioterapias y que, únicamente, los casos más complejos se tengan que trasladar a Santiago. Sin embargo, la construcción de nuevos centros no sería eficiente sin especialistas y pese a que la ley indica que el Ministerio de Salud fomentará la formación de recursos especializados en cáncer, esto no ha sido así. Según la Sociedad Chilena de Oncología Médica, actualmente hay sólo 155 oncólogos en el país, de los cuales el 76% está ubicado en la Región Metropolitana. Pacientes y especialistas en crisis La ley establece que el Ministerio de Salud junto con el de Educación, promoverán la formación de especialistas oncológicos. Esto también se encuentra atrasado. En el Plan Nacional se estima que al 2019 existía un déficit aproximado de 1.600 profesionales. Para solucionarlo, se están aumentando los cargos y la oferta de diplomados y cursos de formación directa en las universidades. Actualmente, hay 65 profesionales en formación, de los cuales 44 están comprometidos a trabajar en el servicio público. Sergio Becerra estuvo a cargo del primer Plan de Cáncer en 2018 y de coordinar ambas subsecretarías para la implementación de este plan en los centros oncológicos. Hoy advierte que la formación de recursos humanos es crítica porque faltan especialistas y faltarán más aún en el futuro, pues según el Global Cancer Observatory, para el 2040 se duplicará el número de chilenos con cáncer por año. En las regiones de Arica y Parinacota, Atacama, Ñuble y Aysén no hay ni un sólo oncólogo. “Dependemos necesariamente de la formación local, que no ha crecido nada en los últimos años. Ese es el principal fracaso del plan de cáncer que yo lideré”, acota Becerra. Para Tomás Merino, radioncólogo, docente y Magíster en Educación Médica de la Universidad Católica, la falta de especialistas afecta tanto a los pacientes como a los mismos médicos. “A los pacientes porque se ven afectados por las largas listas de espera y sus tratamientos son interrumpidos. Y a los médicos porque al verse con exceso de pacientes y no poder destinar el tiempo suficiente para atenderlos, les genera frustración, sobrecarga emocional y laboral. Incluso algunos tienen la responsabilidad de ser el único oncólogo para toda una región”. En la misma línea, el vicepresidente de la Comisión Nacional de Cáncer y presidente de la Sociedad Chilena de Radioterapia, Roberto Rosso, alerta que el problema es la distribución del recurso humano. “Tenemos pocos recursos humanos en regiones y pocos en el sistema público. Podría tener un médico contratado ¾ de su jornada en el privado y solo ¼ en el sistema público”. El senador Francisco Chahuán advierte que con el aumento de listas de espera por la pandemia, hay que hacer algo pronto con la falta de especialistas. “Las listas de espera están estrechamente vinculadas con la ley, pues se reducirían si los centros oncológicos prometidos y el desarrollo de especialistas se cumplieran según lo establecido”. Eso es lo que le está pasando a Lorena Romero. Le diagnosticaron cáncer de mama en febrero de 2022 y decidió no trasladarse a otras regiones para quedarse en Puerto Montt cuidando a su hijo. En abril del mismo año inició su tratamiento y aún está a la espera de la operación, que lleva un mes de retraso porque su cirujano se fue de vacaciones. No tiene más opciones: el sistema público le designó a ese cirujano como tratante y no puede acceder a otro, a menos que se vaya al sistema privado. Siente angustia al desconocer cómo le afectará el atraso en su tratamiento. “El día 17 de octubre yo tenía hora con el cirujano y me llamaron para anular la hora porque el cirujano se iba de vacaciones. Cuando tuve que ir a renovar mi licencia médica, la primera semana de noviembre, aproveché de ir a preguntar qué onda con el médico y ahí me dijeron que había que esperar nomás”, añade Romero. Desafíos para 2023 En más de una oportunidad se intentó hablar con la Ministra de Salud, pero no quiso referirse al tema. Sí lo hizo ante el Congreso. En la comisión mixta realizada en octubre, mencionó que a la ley le falta descentralizar y organizar mejor la planificación. “Hacer nuevos centros está en la ley, pero falta la implementación. Falta una buena comunicación porque estamos todos muy fragmentados, trabajando cada uno con lo suyo. Nos falta trabajar en conjunto”, acotó. Sin embargo, en los múltiples puntos de prensa y exposiciones ante el senado fijó tres prioridades para su cartera durante este 2023: listas de espera, salud mental y universalidad de la Atención Primaria de Salud. El exministro, Emilio Santelices, escribió una carta al director en La Tercera sobre la importancia de preocuparse por el cáncer y que la pandemia ya no puede ser la única excusa para los atrasos de la ley. Hace referencia al poco conocimiento que se ha tenido sobre el estado del Registro Nacional de Cáncer, el plan de acción del nuevo Plan de Cáncer y el Fondo Nacional de Cáncer. “Ha llegado la hora de apurar el tranco”, puntualiza. De hecho, así los ha obligado la Contraloría. Les dio un plazo de 60 días hábiles al MINSAL para presentar planes y acciones vinculados al Registro Nacional, inversiones y retrasos en la Red Oncológica, lista de beneficiarios de drogas de alto costo y plan de acción del Plan de Cáncer. La exsenadora Goic cree que si no es el Estado el que pone el sentido de urgencia a cumplir con la Ley Nacional de Cáncer, tendrán que ser otros quienes lo hagan. En una carta publicada en La Tercera a finales de noviembre, la exsenadora manifiesta que si bien, hubo buenas intenciones en estos dos años, el cáncer, pese a ser la primera causa de muerte y cuya proyección superará las 40 mil muertes por año, no está siendo prioridad como lo fue el covid-19. Hace un llamado enfático para que la ley de cáncer deje de estar en el papel: “Será labor de la sociedad civil levantarse nuevamente para que el cáncer sea, de verdad, una prioridad”. El 26 de mayo recién pasado la fundación oncológica “La Voz de los Pacientes”, junto con un grupo de parlamentarios, se trasladaron hasta La Moneda para entregarle una carta al presidente Boric, solicitando la puesta en marcha de la Ley Nacional del Cáncer. Cuando se cumplen mil días desde su promulgación, las y los chilenos siguen esperando. Encuentra una versión con imágenes, audios complementarios y más aquí.
- El adiós de los juguetes: las niñas ahora prefieren productos de skincare
El hashtag #SephoraKids ya ha sido utilizado más de 9 mil veces en TikTok. En esta plataforma, menores de entre 6 y 13 años, se filman comprando y utilizando productos de skincare que no necesitan, como tónicos anti-envejecimiento. Hoy se discute la existencia de un mercado cosmético dirigido a las más pequeñas. Hablamos con preadolescentes que consumen este tipo de productos y con especialistas para conocer los riesgos de esta tendencia. Por Daniela Pinedo * Los nombres de las fuentes fueron cambiados. Paula (12) no le pidió barbies al viejito pascuero la navidad pasada. El tónico facial que recibió se encuentra en su velador dentro de una caja rosada junto a otra variedad de cosméticos que ya tenía y que ha ido juntando como regalos en sus cumpleaños, navidades y ocasiones especiales. Según ella, los usa todos. Hace un tiempo descartó las muñecas y los legos por esta nueva obsesión: el cuidado de la piel. En las mañanas y en las noches, de manera religiosa, sigue una rutina de al menos quince minutos en la que se llena la cara con cremas. Cuenta que incluso en su tiempo libre le gusta ir al mall a vitrinear los almacenes de belleza y le encanta probarse los exfoliantes, serums y demás alternativas que se fabricaron para retrasar el envejecimiento. Algo parecido vive Antonia, de once años. Según las estadísticas de su iPhone, ella consume alrededor de 3 horas diarias de TikTok . Es la aplicación que más usa. Allí el contenido que ve son las rutinas de belleza y de cuidado facial, los populares get ready with me , además de hauls o videos donde se muestran grandes compras de productos cosméticos. Al preguntarle qué es lo que más le atrae de los videos, simplemente contesta: “ no sé, a todas mis amigas les gusta y a mí también ”. Y sigue pegada al teléfono mirando. El hashtag #skincare experimentó su mayor incremento en interés el año pasado, con una subida del 45% en búsquedas en comparación con 2022. Según la empresa alemana Statista, se espera que el mercado de cuidado facial para infancias y bebés - así es, bebés -, experimente un crecimiento anual de 7.71% anualmente hasta 2028, y el número de usuarios de estos productos se espera llegue a 160.7 millones. "Las niñas que siguen a estos influencers de skincare o consumen este tipo de contenido en redes sociales, pueden sentirse presionadas al compararse con ellos”, opina la psicóloga de la Universidad de Santander Adela Chaljub, “al ver sus rutinas de belleza y los productos que tienen, pueden sentirse presionadas a cumplir con esta cultura para encajar o ser aceptadas”. Sobre este fenómeno , Susana Saravia, psicóloga infantojuvenil de la Clínica Universidad de los Andes, comentó que, desde el punto de vista socioemocional, “durante esta etapa se produce una exploración y experimentación fundamental para el desarrollo infantil, aunque existe el peligro de exponerse a estándares de belleza que pueden generar presiones y una autopercepción negativa. Esto puede derivar en un enfoque excesivo en la imagen corporal, dañando la autoestima e influyendo en el desarrollo de posibles trastornos alimenticios ”. La Gen Alfa, los nacidos entre 2010 y 2023, es considerada la primera generación que ha crecido en un mundo completamente digitalizado, lo que los hace más expuestos y susceptibles a las tendencias que surgen en estos medios. Trinidad (12), por otro lado, no está viendo TikTok, durante sus vacaciones de invierno se ha esforzado por estudiar para la prueba de matemáticas que tiene a la vuelta, su papá le prometió que si obtenía una nota por encima de seis cinco le iba a traer un buen regalo de un viaje. Al igual que Paula, ella tampoco quiere muñecas o una consola de videojuegos, sueña con que le traigan una Lala Retro Whipped Cream de la marca Drunk Elephant . El envase de 50 mililitros dice que es una crema de recuperación con 6 aceites africanos y en la tienda Sephora se puede comprar por aproximadamente 62 dólares. “Es lo mejor de lo mejor, ni siquiera los venden en Chile, yo los he buscado en el BlushBar y se lo he pedido a mi mamá pero ella tampoco lo ha visto, pero es lo único que las gringas están usando”, afirma la niña como si fuera toda una experta. Drunk Elephant es una de las marcas más populares entre los niños que usan skincare . Y muchas veces esta ha sido criticada por no poner suficientes restricciones en la promoción de sus productos a menores. En preguntas frecuentes, la marca norteamericana que ama Trinidad, responde que sus productos pueden ser usados por preadolescentes, pero no recomiendan aquellos que contienen retinol, por ejemplo. De acuerdo con el reporte de ganancias publicado por la marca en febrero de este año, Drunk Elephant vio un aumento del 77% en sus ventas globales en 2023. *** De acuerdo con la química farmacéutica de la Universidad de Concepción, Carolina Gómez, “en general, los padres no saben lo que contienen las cremas que le compran a sus hijos, estas deberían ser siempre utilizadas bajo vigilancia de los adultos y en caso de que no sean aptas para ellos no deberían ser usadas en lo absoluto”. La mayoría de estos productos contienen fuertes compuestos químicos como son los alfa hidroxiácidos (comúnmente encontrados en productos con fines de anti-envejecimiento), derivados de metales alcalinos como el sodio, óxido de zinc, aluminio, sulfatos, en algunos casos incluso petróleo. “Muchos de estos activos pueden afectar el PH y las capas de la piel además de causar demasiada irritación y descamación, por lo tanto no están permitidos” asegura la experta. Todos los días a eso de las ocho de la noche, Paula se dirige al baño para hacerse su rutina de skincare. El primer paso es una mascarilla facial. Para esta ocasión utiliza una antioxidante e hidratante de Kiss Beauty, y la deja funcionar durante cinco minutos, “la piel queda con un efecto como glossy . Me gusta por lo brillante que te la deja”. Luego la retira y se pone un serum que “huele super rico”, el Hyaluronic Acid de The Ordinary que contiene 5 formas de Ácido Hialurónico y vitamina B5. Le sigue la crema de ojos, la cual admite habérsela robado a su mamá, la etiqueta está desgastada y desconoce la marca, supone que es buena porque a ella nunca le han salido ojeras. Los últimos dos pasos son el tónico y crema, “ me falta una mascarilla de labios ”, explica luego de secarse el rostro. “Los menores de edad no necesitan una rutina de skincare como tal”, afirma la cosmetóloga Manuela San Martín. Para los menores de 14 , ella únicamente aconseja el uso de bloqueador solar y crema hidratante, e incluso con estos dos productos advierte a los padres conversar previamente con un dermatólogo y ser conscientes de lo que están comprando en la farmacia. “Hay que evitar la sobreexposición a las redes sociales y a estímulos no adecuados para las capacidades cerebrales y de desarrollo cognitivo de los niños, ya que pueden no procesar la información de manera adecuada. Además, es importante educar sobre el uso correcto de las redes sociales y discernir qué contenido es fiable”, dice la piscóloga de la Universidad de los Andes.
- La patria portátil de Yaidy Gárnica Carvajalino
Ilustración de Juanjo León Fue un disparo contra la risa de los que celebran. Contra la música caribeña con la que crecimos en nuestras tierras calientes. Ese sonido que nos une con los lugares donde dijimos “ mamá ” por primera vez, donde dimos los primeros pasos con pies golondrinos, aún sin saber que un día tendrían que abrirse paso corriendo. Yaidy Gárnica Carvajalino escribió: “Me voy a dedicar a construir el mejor año de mi vida.” Lo publicó hace poquito, en sus redes sociales. Lo pensó a sus 43 años, después de perderlo todo, de cruzar Sudamérica entera, quién sabe cuándo, quién sabe cómo, con hijas, con nietos, con un pasado entero a cuestas. Llegó a Chile con el dolor del exilio en el pecho y la espalda hecha polvo de cargar una maleta llena de incertidumbres sin planchar. Yaidy Gárnica Carvajalino. Su nombre suena a brisa caliente del Atlántico, a arepa recién asada, al rocío de nuestros amaneceres, a reguetón viejo saliendo por una ventana abierta. Y en un país que se jacta del orden, a Yaidy Gárnica Carvajalino la mataron por ponerle volumen a la música. No murió: la asesinaron. Porque un vecino se sintió con derecho a silenciarla primero con la voz y después con pólvora. En las redes de Yaidy hay fotos de playas, niños, pasteles de cumpleaños, selfies que dicen “hoy sí estoy linda” . Un archivo digital de lo humano. De su humanidad. Una vitrina que no muestra el terror de aquella noche, los gritos, ni el espanto en los ojos de sus hijas, de sus nietos. Niños que crecerán con el hueco de su ausencia como un pozo drenado. Y ahí, justo ahí, en ese vacío, crecerá como verdolaga la ira, el hastío y lo salvaje. Y cómo no. Esto no es solo un femicidio, ni solo un crimen vecinal. Es un asesinato a su acento. Es el racismo disfrazado de queja por el volumen, que vio en ella una oportunidad para dañar. Es el clasismo cargando balas. Es el dedo largo de la xenofobia apretando el gatillo. Fue un domingo en Cerro Navia, Santiago de Chile. El Día del Padre. Fue en su propia casa, en su pórtico. A las 22:30 cayó su cuerpo al suelo. Un balazo en la nuca. Su sangre tiñó la tierra prestada del fin del mundo. Más tarde la llevaron al Hospital Félix Bulnes, donde se confirmó lo que ya sabían sus hijas, sus vecinos, los que vieron el humo de la escopeta: que a Yaidy la mataron. Y con ella, acribillaron también la ilusión de una familia entera de poder estar a salvo en este país del sur. Mientras tanto, el asesino se fue a entregar con la misma tranquilidad de quien paga una multa. Como si su violencia fuera un trámite. Se presentó en la Subcomisaría de Talagante a las 23:30, una hora después de convertirse en su verdugo. Cuando veo el rostro de Yaidy en televisión, no puedo evitar pensar en lo mucho que se parecen con mi madre. En cómo también ella pone Tropicana a todo volumen cuando amanece nostálgica, como si al subirle al parlante pudiera acercarse a la tierra que dejamos atrás. En cómo responde fuerte cuando le han dicho “extranjera muerta de hambre” . Y cómo grita de vuelta, con su acento y su compás. Y siento miedo. Y me da rabia sentir miedo. Quizás algún día alguien escuche esa música de fondo, la que salía de la casa de Yaidy, y no oiga ruido, sino historia. Porque la música en la pobreza, en la migración, en el exilio, no es solo fiesta: es consuelo y es escudo. Es una patria portátil. No habrá tribunal que traduzca el dolor, ni sentencia que le ponga justicia al ritmo triste de su muerte. Pero quienes seguimos aquí diremos su nombre completo, en nuestros acentos turistas, ilegales, sujetos a contrato, temporales y residentes definitivos. Vamos a repetir a todo volumen para que nadie se olvide: Yaidy Gárnica Carvajalino. "Siguen los pregones, la melancolía Y cada noche junto a la luna Sigue el guajiro entonando el son Y cada calle que va a mi pueblo Tiene un quejido, tiene un lamento Tiene nostalgia como su voz Y esa canción que sigue entonando Corre en la sangre y sigue llegando Con más fuerza al corazón" - Mi tierra de Gloria Stefan.
- Crónica de un monstruo que pensó que era el único
Come mothers and fathers throughout the land And don't criticize what you can't understand Your sons and your daughters are beyond your command Your old road is rapidly agin' Please get out of the new one if you can't lend your hand For the times, they are a-changin' Bob Dylan Mi abuelo murió en febrero de este año . Me hubiera gustado haber sido más cercano a él. Su muerte fue lenta y degenerativa, y en cierto modo no sorprendió a nadie cuando finalmente ocurrió. Fueron siete años de espera, marcados por visitas a hospitales, reanimaciones, camas llenas de tubos y mucha angustia. En ese proceso, perdió casi todo lo que importa: su salud, sus dos piernas, el humor, la cordura, la memoria, y, sobre todo, su dignidad. Al final, era solo un vestigio del hombre que fue, pero, a pesar de todo, nunca perdió las ganas de vivir. En su último viaje al hospital, el doctor lo desahució en silencio, como un secreto que le contó solo a mi tío Lucho. Nos dio la opción de dejarlo morir en una fría camilla de hospital o llevárnoslo a casa para que se fuera rodeado de los suyos. No lo pensamos dos veces: el viejo pasaría sus últimos días en la habitación donde había estado postrado tantos años . Todos esperábamos el funeral, excepto el muerto. Mi tata no estuvo dispuesto a entregarse dócilmente a esa buena noche; se aferró con uñas y dientes a su propia existencia hasta el último momento. Tuvo dudas cuando pidió un cura para que le diera la última oración. Por un momento pensé que se había resignado a su propia mortalidad. Pero, al día siguiente, dejó de dormir. Fueron tres días en donde no durmió. Esa misma noche dejó de hablar y de comer. No se movió de su posición en la cama en todo ese tiempo. Al tercer día soltó su último aliento; y entonces comprendí que él intuía que, si se iba a dormir, sería para siempre . La vigilia fue su última protesta contra los designios del juez supremo. De haber conservado sus piernas, probablemente habría entrado pataleando al ataúd. Algunos atribuyen esta actitud a los remordimientos, pero yo creo que en este acto está el más sincero amor por la vida. Si hubiera sido más cercano a mi abuelo, me habría preocupado más su muerte que el funeral. Pero en cuanto recibí la noticia, solo pensé: “Volveré a verlos a todos ellos ”. Ese era mi principal interés. Estarían ellos. Mi hogar. De niño, me críe la mayor parte del tiempo en casa de mi abuela, en Lo Hermida . Mis padres me llevaban allá porque no tenían para costear una niñera, pero con el tiempo le agarré cariño al lugar. Ahí hice mis primeros amigos. Me llevaba bien con los vecinos. Todo el mundo conocía a todo el mundo. Fueron mis años dorados. Hasta que comenzaron a irse. De niño no lo notaba, pero todos vivíamos hacinados como ratas; todos los adultos buscaban cómo mejorar su situación. Uno por uno se fueron mudando hasta que quedaron solo los abuelos, dueños originales de las casas. Se convirtió en un pasaje de viejos. Eventualmente crecí lo suficiente para no tener que ir a alojar y poco a poco perdí el contacto con toda esa gente. Me preocupaba la idea de verlos de nuevo a todos juntos. Obviamente seguí visitando a mis abuelos, y nunca dejé de ir a Lo Hermida; pero el funeral sería la primera vez en quince años que se reunirían todos . Yo sabía que irían, y tenía miedo de que vieran en lo que me convertido. He recorrido tanto desde que los vi por última vez. ¿Qué dirían al ver que soy un monstruo ? La aparición de las bestias Quizás el término " monstruo " sea exagerado, pero s e utilizó por primera vez hace diez años en una nota de un matinal, donde con tono alarmista se hablaba del ascenso de un nuevo tipo de criaturas. En ese entonces, la gente aún no estaba acostumbrada a estas figuras. Tradicionalmente, el monstruo se concebía encerrado en una habitación acolchada, desvariando entre camisas de fuerza y pastillas multicolores. Aunque la definición de “monstruo” se va actualizando, este tipo de seres ya se sometía al diván de Sigmund Freud buscando cura. El problema comenzó cuando empezaron a aparecer en lugares cada vez más alejados de los sanatorios, en sitios normales e incluso cotidianos. Entre las multitudes de trabajadores en el metro, desayunando sopaipillas junto a un carrito de la calle, o en medio del caos del barrio Bellavista. En menos de una década, los monstruos ya se habían apropiado de la ciudad. En uno de los primeros estudios sobre esta materia, un antropólogo de la Universidad de Chile, definió a estas criaturas como “ las bestias de Babilonia ”, diferenciándolas de otros monstruos por ser una consecuencia directa de la modernidad y el progreso. Su tesis sostiene que estas bestias emergen principalmente en las grandes ciudades, como resultado de un ritmo de vida acelerado e indolente. Es una condición que me diagnosticaron a los catorce años. Ya en ese entonces era visible, y ha ido evolucionando con el tiempo. Primero, mi piel se cubrió de un tejido lleno de escamas, lo que me impide sentir el contacto humano. Luego, mi lengua creció desproporcionadamente al tamaño de mi boca, dificultando mi capacidad de hablar fluidamente. Un par de ojos de topo me impiden ver más allá de mi nariz respingada. Finalmente, una joroba de camello se pronunció en mi espalda , añadiéndome un peso que llevo a todas partes. Por esta última razón, siempre me duele la espalda y el cuello. Aunque hoy la gente suele convivir entre bestias, las generaciones más antiguas reniegan su existencia. Se sorprenden y se indignan si se topan con alguno. Gardel decía que veinte años no son nada, pero el tiempo no pasa en vano. Me sentí como Ulises regresando a Ítaca; como si todo lo que hice durante quince años hubiera sido solo para volver a casa. Pude ver el velorio desde cinco cuadras antes de llegar. Sabía que iría gente, pero no tanta. El pasaje estaba repleto. A medida que me acercaba, mis dudas crecían. ¿Qué dirían al verme? ¿Me aceptarían como cuando era un niño? ¿Seguirían siendo los mismos que recordaba? Tuve que armarme de valor para cruzar el portón del pasaje. La calle estaba llena de autos estacionados, y al fondo, la gente entraba y salía de la casa de mi abuela; algunos vestidos de traje, otros de manera más informal. Todos habían venido a despedir al abuelo. Caminé lentamente, pero me topé con la señora Joanna, saliendo de su casa. Ella es la madre de Camilo, uno de mis mejores amigos. Me quedé petrificado por un instante. Mis escamas se endurecieron y mi joroba se hizo más pronunciada. Habían pasado años desde la última vez que la vi. Ahora, su cabello estaba lleno de canas y caminaba con una ligera curvatura en la espalda. No estaba seguro de que me hubiera reconocido. Me acerqué a saludarla tímidamente, cuando de pronto dijo: “ ¡Dios mío! Mira cómo te han crecido esas garras. Y esos colmillos. Jaimito, te has puesto enorme ”, mientras me abrazaba. Después de eso, todo fue un poco más fácil. La gente me aceptó como si nada. Reconocí a algunos, a otros no, pero todos me acogieron sin darle importancia a mi naturaleza. Fue como retomar una conversación pendiente. En la mañana del tercer día, trasladamos el ataúd en una carroza hacia el cementerio; frenando el tránsito y metiendo bulla con las bocinas de los autos, en una hilera de vehículos que se llegó a extender por varias cuadras. Todos llevaron sus luces prendidas, con mensajes de despedida en las vidrieras traseras de los coches. En el funeral, tuve el honor de cargar el féretro hacia la tumba. Lo llevamos entre seis, avanzando entre el llanto y los murmullos de la multitud, lentamente, mientras el pastor nos esperaba con su biblia en mano para dar una última oración. Nunca he sido muy religioso, y aunque siempre he intentado respetar las creencias de los demás, traté de aparentar solemnidad mientras el hombre hablaba. Miré alrededor para comprobar si había más gente en mí misma situación. Me puse a ver mis zapatos, luego mis garras, y después el agujero en la tierra, de siete metros de profundidad. Dios. Perdón. Mas allá. Un par de tías llevaban lentes de sol para no salpicar a la audiencia con sus lágrimas. Miré el ataúd de mi abuelo, y al ver su rostro, en el que no me había fijado con detención hasta ese momento, sentí un espasmo que me recorrió por toda la joroba: ¿Era un colmillo de zorro lo que colgaba sobre su boca? No podía dejar de verlo. Entre sus labios, con la mandíbula relajada, se dejaba entrever el brillo de un diente afilado, blanco como la nieve, sugiriendo una verdad no pronunciada a lo largo de toda una vida . El pastor dejó de hablar, y cedió la palabra a los familiares que quisieran decir unas palabras. Recuerdos, anécdotas, dedicatorias. Algunos luchaban para no ahogar su voz entre el llanto. Recorrieron gran parte de la vida del viejo a través de diferentes historias, pero nadie dijo algo que explicara aquel colmillo bestial. Creo que nadie más se había fijado en eso. En ese momento sentí el peso de la lejanía que tuve con mi abuelo. Fueron muchos años para descubrir ese detalle, oculto entre sus fauces; y no poder conversar el tema con él penetró entre lo más hondo de mis escamas. Probablemente me habría dicho que él no era un monstruo, enojado, porque los viejos consideran eso una discapacidad, o incluso un insulto. O quizás me habría enseñado algunos trucos para disimularlo , porque antes era común que los monstruos vivieran escondidos debajo de una cama, avergonzados. Me habría gustado sentarme a conversar todo esto con él. Mientras su ataúd, ya cerrado, descendía hasta el fondo de la tierra, y un montón de arreglos florales se iban acomodando, apretujados, sobre la cabecera de la tumba, las hijas rompieron finalmente en un llanto desconsolado y estruendoso. Poco a poco las lloronas fueron inundando todo el cementerio, convirtiéndolo en un lago, y tuve que alejarme para no terminar ahogado entre tanta tristeza. Desde la distancia, pude presenciar un cuadro que hasta entonces había ignorado: las flores se tornaron en nenúfares, flotando tranquilamente sobre la superficie del agua, y las personas, a quienes creía conocer tan bien, adquirieron formas de anfibios, tortugas, grillos y cocodrilos. Entre la tristeza y la despedida, comprendí que todos tenían en cierta medida algo monstruoso, y me sentí extrañamente como en casa.
- Entrevista a Katelina “Gata” Eccleston: “El reggaetón es alegría, y la alegría es política”
¿Qué tiene de político el chocar las caderas al ritmo del dembow? ¿Por qué nos gusta tanto el perreo pero estigmatizamos tanto a quienes hacen o escuchan reggaetón? ¿Puede el reggaetón ser feminista? La discusión es amplia, pero algunas de las respuestas a estas interrogantes las tiene Katelina Eccleston, experta en la historia del género y la mujer que ha llevado el perreo a las aulas de Harvard. Chile es la capital mundial del reggaetón. Los cinco años consecutivos en que ha ganado el reconocimiento de Spotify como el país donde más se escucha este género musical alrededor del mundo (superando a Puerto Rico), y los más de dos millones de personas que este 2022 intentaron conseguir una entrada para asistir a los shows de Daddy Yankee y Bad Bunny, lo confirman. Estas canciones que bailamos en las fiestas, que retumban a todo volumen en los parlantes de los autos, y que tantos dicen odiar por su contenido y la supuesta simpleza de su sonido, es indudablemente parte del ADN del Chile post 2000’s y por supuesto, de Latinoamérica. Pero el reggaetón es más que el perreo, el dembow , las letras explícitas o la estética -que tal como canta Wisin en Noche de Sexo- , “combina la calle con la moda de París”, hoy, gracias al trabajo de la historiadora musical experta en reggaetón, Katelina Eccleston, el género está teniendo el reconocimiento racial, político y social que merece. Katelina “Gata” Eccleston tiene 28 años, y es hija de padres panameños-jamaiquinos, dos de las culturas que hace más de tres décadas fueron las responsables del nacimiento de este ritmo que hoy resuena hasta en las fiestas de los lugares más recónditos y alejados de Latinoamérica. “La Gata” -como es conocida en la industria- es también historiadora musical, fan del perreo hasta abajo y la mujer a cargo de Reggaetón con la Gata , la “primera plataforma dedicada al análisis y la historia” de este género musical. Además, tiene un podcast bilingüe llamado Perreo 101 y fue parte del selecto panel de 20 expertos internacionales seleccionados para armar la lista de Las 100 Mejores Canciones de Reggaetón de la Historia para Rolling Stone. Y como si fuera poco, hace unas semanas expuso en las aulas de la Universidad Harvard sobre afrolatinidad y su estrecha relación con este género musical. “Es peligroso desconocer los orígenes del reggaetón, porque no puedes saber hacia dónde vas, si no sabes primero de dónde vienes”, dice Katelina desde Las Vegas, ciudad en la que pasó los últimos días de noviembre celebrando la #LatinGrammysWeek. Ahí, entre los más grandes exponentes del género y contando en primera persona la historia del perreo, la Gata conversó con Quiltra sobre el whitewashing, el reggaetón como movimiento de liberación social, el rol de las mujeres la industria, y el por qué deberíamos dejar de pelear por si la Rosalía debe o no ganar premios de música latina. -Nos encanta escuchar reggaetón, disfrutarlo, bailar e imitar su estética, pero muchas veces como sociedad también juzgamos a este género desde una mirada clasista y racista. ¿Cuál es tu opinión sobre este comportamiento? ¿Cómo superar ese cinismo? “Creo que hay una desconexión ahí porque considero que esta música efectivamente es festiva. La alegría es una forma de resistencia, la alegría es política. Si la gente no lo entiende, ese no es un problema del artista sino que del receptor o consumidor . La alegría es política y es la base de la creación de esta música que fue utilizada para combatir a las instituciones que querían alentar a los negros a someterse a la sociedad de maneras que iban en contra de su propia existencia. Cuando este género nació en Panamá, había una dictadura. Esta música le daba felicidad a la gente negra, los ayudaba a celebrar su negritud y su identidad, y así iban en contra del régimen. Eso es absolutamente contestatario y político. No es el formato violento al que estamos acostumbrados con las armas y las manifestaciones, pero el reggaetón es música protesta. Si aceptamos esto, y arriesgando a sonar cliché, el mundo sería un lugar mejor. Sé que Chile tuvo una serie de levantamientos políticos en los últimos años, y como historiadora puedo reconocer que el reggaetón ha crecido tanto en ese país porque se convirtió en un método de resistencia. La gente está resistiendo con la música, eso es algo muy hermoso y muy poderoso. No es una coincidencia, es el legado de este género. Siempre que los latinoamericanos necesitan un medio de resistencia, recurren al reggaetón. Esto partió en Jamaica, luego en Panamá, en Puerto Rico, República Dominicana y ahora en Chile” -Durante la primera fecha de Daddy Yankee en Chile en septiembre pasado, hubo diversos incidentes que incluyeron estampidas, personas que intentaron forzar las entradas al estadio, robos al interior del recinto y otros episodios de violencia tanto afuera como dentro del lugar. A raíz de esto, se revivió en los medios de comunicación la discusión sobre la relación entre el reggaetón, la violencia y la delincuencia. ¿Cuál es tu opinión respecto a este estigma? “Por supuesto que cada género que está basado en la cultura negra/afro como lo es el reggaetón, será catalogado de esta forma ya que los estereotipos no sólo siguen vivos sino que también siguen siendo fuertes. Lo que pienso cuando escucho que quienes cantan y aman el reggaetón son violentos y promueven la violencia, es en otro estigma perjudicial promovido especialmente en Estados Unidos, el black on black crime. Lo que muchos no entienden es que la razón por la que el concepto de black on black crime es tan racista, es porque todas las otras razas se matan entre ellos en la misma proporción. Entonces cuando convenientemente se usa este argumento cuando estamos celebrando esta música, es una táctica racista para distraernos sobre lo que realmente está pasando. Por primera vez en la historia el reggaetón está logrando el respeto que merece, y aunque las caras más visibles del género son latinos blancos, este género sigue teniendo raíces negras. Es obvio que esta música que va en contra del status quo será abordada desde los estereotipos más racistas y clasistas posibles, aún cuando finalmente el reggaetón es un medio de celebración que las personas negras y las personas pobres tienen para sobrevivir en países como Puerto Rico, Colombia, República Dominicana, y todo latinoamérica. Así que sí, este pensamiento es inherentemente racista y es algo que debemos cambiar porque está mal. También existe una discusión sobre la categoría de “música urbana”, a la que se critica por reducir distintos géneros a lo mismo cuando no lo son, especialmente en premios como los Grammys donde se encasilla a todos los artistas latinos en una misma etiqueta ¿Qué opinas de esto? “Pienso que los Grammys necesitan más categorías. Creo que en la medida en que permitamos que otros géneros y el idioma castellano tengan su propio reconocimiento, la música que calificamos de “urbana” debería seguir su propio camino. Me gustaría ver brillar por sí solas a la música tropical, la bachata, el merengue, los que constantemente son clasificados bajo esta etiqueta cuando no lo son. Ahí yo me pregunto, ¿por qué no tener entonces una categoría sólo para la bachata, por ejemplo. Hay suficiente competencia como para abrir ese camino. Creo que este término está pasado de moda y además es incorrecto, así que si tuviera que cambiar algo sería justamente eso” -Una de las principales críticas hacia el reggaetón tiene que ver con la forma en la que se trata a las mujeres, a las que además constantemente se nos borra de la historia tanto como audiencia y como exponentes. ¿Cómo ves tú esa situación? “ El reggaetón en todas sus formas es feminista. Hay momentos feministas como Yo Quiero Bailar de Ivy Queen, o la música que está haciendo la hermosa Villano Antillano, la primera y pionera reggaetonera transgénero . Lo más feminista que hay en el reggaetón no es la música, sino lo que decidimos hacer con nuestros cuerpos y la autonomía que expresas cuando estás disfrutando esas canciones . Ahora, por supuesto que también hay momentos de cosificación y eso siempre hay que recalcarlo y llamarlos por lo que son. Sin embargo, también creo que no deberíamos hacer la vista gorda a las mujeres que han expresado o que han celebrado esa cosificación por cuenta propia. Tenemos que recordar que temas como Dale Don Dale tienen a mujeres pioneras como la puertorriqueña Glory Glow, quien dice la icónica frase “suelta como gabete” en la canción. Ella lo dice con mucho orgullo, con mucha confianza, y lo hizo para celebrar su sexualidad. Eso fue poderosísimo, y no conozco a ninguna mujer que no cante esa parte cuando empieza a sonar. ¿A quién no la hace feliz cantarla? Eso es porque Glory se estaba mostrando poderosa junto a Don Omar. Y también hizo lo mismo en Gasolina con Daddy Yankee. Claro, lo que ella hace es responder a un llamado, pero sin su respuesta no hay interacción. Hay poder ahí también, y sin su esencia esa canción se evapora. Tenemos que darle un aplauso a mujeres como ella o como Jenny la Sexy Voz (Sola, ft. J. Álvarez y Farruko) y reconocer que las mujeres en este género como Becky G y Natti Natasha en Sin Pijama están adueñándose de su sexualidad, y diciendo ‘ok, si los hombres quieren ir hacia allá nosotras podemos ir también, no los necesitamos’” -Claro, muchas veces en esta conversación se obvia el consentimiento… “El consentimiento es muy importante, y creo que en su gran mayoría las mujeres estamos de acuerdo con esto. Ivy Queen abrió muchas puertas con ‘Yo Quiero Bailar', una canción que esencialmente es sobre el consentimiento . Pienso que lo que complica las cosas es que incluso si las mujeres consienten esta sexualización, la cultura está primariamente enfocada hacia los hombres y los pone siempre en primer lugar. Existe un creciente deseo de las mujeres de tomar el control en ese aspecto, pero son eclipsadas justamente porque la opinión de los hombres es la que domina. No es que la de ellos sea más fuerte, sino que somos opacadas en ese sentido. -¿Es el reggaetón inherentemente sexual? ¿Por qué? “Siento que el sexo en el reggeatón es empoderante. Como la mujer adulta que soy, me excitan las insinuaciones sexuales en sus canciones. Creo que por fin estoy en una edad -y gran parte de sus oyentes también- donde podemos celebrarlas apropiadamente porque crecimos. Esto es algo que extraño mucho, porque casi ya no existe en el mainstream ya que este se trata de proteger una cierta imagen, de poder escuchar esas canciones junto a tu abuelo, abuela, papi o mami. Aunque eso no me preocupa, sí creo que el reggaetón debería tratar de adultos sexualmente libres. Al menos ese es el reggaetón que más disfruto. El reggaetón es una herramienta para que las mujeres exploren su putería (risas), para celebrarla, y sentirse empoderadas por ello”
- Ojo al charqui: vivir a pasos de un matadero clandestino
En Chile se come carne. En septiembre del año pasado, sólo en consumo bovino se registraron hasta 159 mil toneladas según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA). Un mes en el que por tradición los asados son protagonistas de las mesas chilenas. Sin embargo, no todo es de primer corte: en comunas de Santiago Sur abundan los mataderos clandestinos que no sólo maltratan a los animales que están por ser sacrificados, sino que ponen en peligro la salud y el bienestar físico y emocional de los vecinos. La casa de Emilia San Martin (42), secretaria de la junta de vecinos Fe y Esperanza en La Pintana, está llena de productos de limpieza: hay cloro, sprays aromáticos y desinfectantes. Tiene un macetero con flores e inciensos que usa para disimular los olores fétidos que llegan desde los mataderos ilegales que están cerca de su vivienda. A pocos metros, además, está el canal Lo Blanco tapado con basura que sale de las mismas faenas. La comuna de La Pintana, particularmente, solía ser una zona rural y agrícola hasta los años 80, cuando empezó su proceso de urbanización gradual, dejando así territorios parcelados que se utilizan para fines industriales y agropecuarios y que conviven con las poblaciones y tomas alrededor. Emilia cuenta que ha visto cómo en estos espacios, donde funcionan los mataderos, queman todos los desechos, incluídas las menudencias del animal. “Cuando eso pasa el olor es extremo, pero antes del fuego, la pudrición que generan es repugnante ”. Además señala que “de octubre en adelante aunque tengamos matamoscas y spray ambientales, nos llenamos de bichos”. A los malos olores y plagas de insectos y ratas, hay que sumarle el ruido de animales gritando al momento de ser faenados. La vecina dice que todas las madrugadas, entre dos y cinco de la mañana, la despiertan las quejas de los cerdos al ser sacrificados, como si fuera una película de terror. Ella cuenta que el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) clausura estos recintos y no pasan más de tres meses antes de que vuelvan a funcionar. “Esta es tierra de nadie (...) Los mataderos se han ido moviendo por toda la ciudad hasta instalarse aquí , en La Pintana, porque saben que las personas no van a reclamar por sus derechos, y que si lo hacemos, no nos van a escuchar tampoco”. Sara Bellardes, otra vecina del sector, iba con su nieta de cuatro años caminando hacia su casa. La niña, que antes vivía en Pudahuel, ahora convive con su abuela. De pronto escucharon gritos de animales que asustaron a la menor. “ Ella me pregunta siempre ‘¿Qué es eso abuela? ¿Qué es ese olor? ¿Qué son esos ruidos?’... Me da pena tener que explicarle ”. Sábado 8 de septiembre, una mañana soleada y medianamente calurosa, se encuentran instaladas dos grandes ferias de la comuna, una que cruza casi toda la calle de John Kennedy y otra en el sector de El Castillo. En ambas hay mucha gente comprando alimentos: frutas, verduras, aliños y carne. Si bien esta última no se ve en mal estado, dos vecinos de la población Eleuterio Ramírez, señalan que hay que tener ojo, que mucha de la carne comercializada en la feria y en las carnicerías proviene de mataderos clandestinos: lugares que no cuentan con protocolos de higiene, ni reglas de convivencia con la comunidad. Incluso nombran uno ubicado en calle Gabriela, que no tiene ningún letrero, sino que es un portón negro por donde se escapan gritos de animales y por el que se ven un par de chanchos esperando su turno para morir. El relato de estos dos hombres, que no quisieron revelar su identidad por temas de seguridad, calza con lo que dicen Sara Bellardes y Flavio Saavedra, vecinos de Emilia, quienes aseguran que se comercializa carne de caballo como si fuera de vaca. “Crían a los caballos en espacios muy pequeños y no los sacan a correr. Hacen eso para que estén más gorditos, con la carne color rosado porque no transpiran, y así sea más fácil hacerlos pasar por vacas en carnicerías y ferias. Y ni siquiera es más barato ”, agrega Emilia. El maltrato animal y los problemas que puedan causar un mal manejo de las instalaciones y animales está penado por la ley. Todo matadero y feria de animales legales está regido por el artículo 291 que señala que actos crueles serán castigados con una pena de presidio menor y una multa que va entre las dos y las treinta UTM. Incluso, en la Ley de Protección Animal, que vela por la tenencia responsable de mascotas, se incluyen a los animales de criadero, donde se legisla para que no vivan un sufrimiento innecesario. Al momento de realizar este reportaje, el matadero Lo Blanco estaba funcionando con todas las de la ley . En la entrada te recibían moscas y tras el estacionamiento donde estaban autos y camiones, en un basurero, se asomaban patas de caballos y vacas. Los corrales eran amplios y los animales estaban separados por especie. Germán Salomón era su administrador. En la visita, él señaló que uno de los aspectos más importantes para el correcto funcionamiento del lugar era la constante fiscalización del SAG, quienes velan por el bienestar de los futuros filetes. “ Ellos verifican: en el caso de los vacunos y los caballos traen un arete, como un ‘carnet’ del animal, que es más que nada para hacerles seguimiento”. Dijo también que con el paso de los años efectivamente se habían implementado nuevas normas y que el matadero se regía con el Decreto 62, conocido también como ”Buenas prácticas” relacionado al bienestar en el faenamiento. Según él, el proceso era preciso y limpio: contaban con sesenta segundos para noquear el animal, dos minutos para que sangre, otro para colgarlo y dos más para que se termine de desangrar. Recién ahí, narraba él, se cortaba la cabeza y empezaba el proceso de desollado, que significa sacarle la piel y vicerarlo. Tras esto se trozaba, se lavaba y se guardaba en cámara de frío. Cuando los animales estaban enfermos, eso sí, pasaban según él por un sistema que se conoce como El cremador. “S e cauteriza su carne a través del vapor de una olla y se bota en un contenedor que se lo lleva la empresa de basura. A nosotros nos complica esta parte, pero tenemos que hacerlo por un bien para todas las mesas.”, decía. Shedy Heredia Santos, veterinaria, quien lleva diez años trabajando por el bienestar de los animales, siendo parte de organizaciones internacionales como la Red Internacional Antitauromaquia y Open Wing Alliance, ha observado otro comportamiento en la industria de la carne: “Los órganos, sangre y vísceras que salen de los mataderos terminan en desagües, sin tratamientos, y en muchos casos caen animales enfermos o en malas condiciones, propagando enfermedades zoonóticas y contaminación ambiental”, dice San Martín cuenta que parte de los olores que intoxican su vivienda, provienen del canal Lo Blanco, el que está tapado por desechos que provienen de las faenas. “Obviamente no se cumplen los estándares de bienestar para transporte o aturdimiento de animales previo a la faena . Y además de eso, no hay revisión de animales preñadas, o de ectoparásitos, o de tumores que generalmente se mezclan con lo que se vende después o solo es descartado sin que haya avisos de esas enfermedades”, agrega la especialista. A pasos de Lo Blanco, en calle Gabriela, en septiembre de 2019 se decomisaron 200 kilos de carne con parásitos proveniente de animales robados y en mal estado . Y más tarde, el 22 de abril de 2021, se desbarató un recinto de las mismas características en la calle Lautaro en donde encontraron patos, caballos, corderos, gallinas y otros animales, en condiciones insalubres. En la misma cuadra, en noviembre de ese año, en plena pandemia, se encontraba una gran parcela en donde el dueño vendía gallinas y huevos muy baratos, la gente de Casas de Madera, incluyendo a Emilia, Sara y Flavio, terminaron intoxicados en el CESFAM. “Como nos enfermamos todos, un grupo de profesionales veterinarios compraron estos productos y encontraron que todos estaban infectados con salmonella”, cuenta Emilia. El 3 de febrero de este año, la alcaldesa Claudia Pizarro celebró en sus redes sociales que Carabineros y el Departamento de Inspección Municipal clausuraron el matadero Lo Blanco porque no contaba con los permisos al día y tenía reiterados reclamos de vecinos. Pero, a pesar de eso, Emilia dice que todos los días, desde la puerta de su casa, ve pasar los camiones llenos de animales que desaparecen tras una puerta trasera del ex matadero y sigue escuchando los gritos de madrugada.
- Miki Kratsman desde Tel Aviv: "Los niños no hablan del futuro, sino de un trastorno, del miedo, de la inseguridad"
A pesar de su origen israelí, el artista y académico Miki Kratsman ha recorrido Palestina con su cámara retratando el estado de las víctimas en sitios vulnerados y en campamentos. Su interés ha sido visibilizar las atrocidades de la invasión, lo que lo ha convertido en muchas oportunidades en una persona que incomoda a sus autoridades. Desde Tel Aviv nos cuenta sobre las protestas en la capital contra el gobierno de Netanyahu, el criticado rol de la prensa y una mirada íntima sobre lo que fue declarado por la Organización de Naciones Unidas como el primer genocidio transmitido en tiempo real. Todas las tardes el centro de Tel Aviv se llena de gente que se congrega contra las medidas de guerra del gobierno de Benjamín Netanyahu. El fotógrafo Miki Kratsman (65) asiste al menos dos veces por semana. Va a manifestarse, pero también a documentar lo que gritan en las convocatorias. Las pedidas son tantas como el número de asistentes: unos quieren que se liberen los rehenes que siguen en Gaza, otros piden la renuncia de su primer ministro y lo llaman asesino, algunos solicitan el cese al fuego de inmediato. El fotoperiodista y académico ha sido desde hace años una figura incómoda para el Estado de Israel. Durante más de tres décadas el activista de origen hebreo se ha dedicado a cubrir el conflicto. En 2004 cofundó Breaking The Silence , una organización no gubernamental, integrada por soldados veteranos israelíes, quienes pertenecieron al ejército desde la Segunda Intifada y que comparten sus testimonios de lo que fue su servicio en los Territorios Ocupados. Incluso en 2017 exhibió en el Museo chileno de Arte Contemporáneo “ People I Met/Gente que conocí” , una serie de imágenes de trabajos anteriores de los que rescató los rostros de aquellas personas afectadas por la guerra: niños, mujeres y hombres en protestas, juicios y otras situaciones. Un proyecto que comenzó cuando llevó algunas de esas fotos a un campamento en Jenin, Cisjordania, y les pidió a la gente que le indicaran a quiénes reconocían. El impacto inicial lo llevó a crear una página de Facebook con el mismo título, la que hoy cuenta con miles de seguidores. –¿Cuál es el estado de la sociedad israelí hoy? “En verdad me preguntás en un momento que es muy crítico para un país donde la peor enfermedad que tenemos es la de ser muy obedientes –hace una pausa–. Cuando el gobierno decide algo, somos muy disciplinados. Y en los últimos dos años, la sociedad israelí se despertó y dijo ‘quiero revisar ese asunto, quiero preguntarme lo que no me preguntaba antes’ y la gente empezó a salir a la calle. Pero no estamos acostumbrados a hacerlo y cuando tenés un músculo atrofiado, es muy difícil rehabilitarlo. El asunto de la conciencia política israelí es eso: un músculo atrofiado (...) porque la gente sale a la calle, pero no sabe oponerse. Es algo que lo estamos aprendiendo con el tiempo”. Retratos hechos por Kratsman y que forman parte de 'The people I met' –¿Qué están pidiendo en las manifestaciones en Tel Aviv? “Hay una minoría que sólo pide terminar la invasión. Otra que pide alto al fuego para que los rehenes puedan volver. Otros quieren que traigan a los rehenes, pero que no terminen la invasión. Está muy dividido todo. Estamos viviendo una crisis donde no hay una sola voz, son muchísimas". –¿Ves alguna salida para lo que está ocurriendo en tu ciudad, pero también para el conflicto en general? “Como en muchas otras oportunidades en la historia, siempre hay alguien que gana y el que gana no es necesariamente un país o una sociedad, sino más bien los políticos. El pueblo pierde y los gobiernos ganan. Acá da la impresión, y hablo no solamente en mi nombre, sino que también es lo que podés escuchar en los medios de comunicación, que el gobierno israelí no tiene ningún interés en llegar a algún acuerdo para no caer. A mí me parece, y espero estar equivocado, que esto va a ser largo. Tratar de entender qué es lo que va a pasar, me parece una pretensión irrazonable”. –¿Qué te parece cuando países como España o Noruega reconocen a Palestina? “Es sólo un statement (declaración). Es importante, pero no va a cambiar nada. Después de oprimir durante tanto tiempo al pueblo palestino, hay que ver qué es lo que sobrevive. Es decir: cuáles serán sus líderes, sus conceptos, qué es lo que ellos van a querer. Hoy en día es difícil entenderlo (...) Edward Said (autor palestino-estadounidense) dijo que la tragedia del pueblo palestino es ser víctima de víctimas. Y es lo que son: son víctimas de víctimas. Eso es tan duro y tan difícil de solucionarlo. Pienso que el pueblo israelí no quiere deshacerse de su posición de víctima después del holocausto –pausa extensa–, cuando venimos a hablar de un enemigo no podemos poner eso como una excusa... No podemos ponerlo en juego, no es parte. Eso no nos va a llevar a ningún lado”. Tras un silencio más largo, retoma: “Tenemos que olvidarnos por un momento de eso, aunque es inolvidable, pero ponerlo de costado y decir ‘ ya no somos víctimas, hay una nueva situación, hay otras víctimas y nosotros tenemos mucha culpa de que ellos sean los afectados ’. Miki no es sólo observador, sino que él ha vivido las consecuencias directas del conflicto. El 7 de octubre los ataques de Hamás a Israel –en el que 1.200 personas fueron asesinadas y otras 250 secuestradas por el grupo terrorista– arrasaron con el kibutz Nir Oz, un pueblo agrícola, donde vivían su tía y un amigo, quienes fueron tomados como rehenes. Para el horror no hay palabras, sino imágenes que él mismo capturó después, cuando junto al periódico Clarín publicó los restos de lo que quedó. “Fue duro, pero es entre yo y mi tía”, expresa cuando le pregunto por lo que conversó con ella, quien pasó 54 días secuestrada. En cambio, Haim Peri (80), su amigo y activista, murió. El 3 de junio, el Ejército de Israel confirmó su muerte junto a otros tres hombres. “Hace por lo menos 15 años él abrió una galería en los campos del kibutz con una intención súper humanitaria. Tuve la oportunidad de exponer ahí… Perdimos a los mejores”, afirma. No todos los ojos están en Rafah Horas antes de comenzar esta entrevista, un ataque aéreo en Gaza por parte del ejército de Israel había dejado al menos 35 muertos en una escuela administrada por la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos. El objetivo, según las Fuerzas de Defensa de Israel, era destruir un “complejo” de Hamás que operaba allí, en un colegio donde residían seis mil desplazados. Pero a pesar de la cercanía geográfica, en Tel Aviv no todos se enteraron. No si se trata de lo que está ocurriendo en la franja, dice Kratsman. Entonces, le pregunto si acaso la imagen generada por Inteligencia Artificial que se hizo viral en occidente contribuía a seguir con “todos los ojos en Rafah”. “En Israel no se ve nada de lo que pasa en Gaza, en Israel no hay ningún ojo en Gaza. La prensa israelí no muestra lo que pasa en Palestina. Lo vemos únicamente el que busca en la web o el que lee periodismo extranjero. Nosotros no sabemos cómo se ve la guerra”, responde. Imagen capturada por Miki durante una de las manifestaciones en Tel Aviv el mes pasado. –¿Qué pasa con los medios de comunicación en Israel? “Hoy la prensa israelí ve en su función la de rehabilitar el ánimo. Abrís el noticioso y es como que un psicólogo te está hablando y te dice que tenemos que unirnos, tenemos que dejar de discutir, hacen interviews con las familias que perdieron sus hijos, sus padres, sus abuelos, sus nietos y claro que me parece muy importante y tengo mucho respeto por ellos, ayer me comunicaron que un amigo mío se murió en Gaza –silencio–. Tengo mucho respeto a esas familias, pero no puede ser que una prensa que se respeta a sí misma, muestre una pequeña parte de la realidad”. Más allá de Palestina: el otro conflicto de Israel Desde el 2006 que Kratsman no ha vuelto a cruzar la frontera. Hace tiempo dejó su trabajo para los medios israelíes y como ciudadano judío no le está permitido acceder. "Me interesaría mucho estar dentro de Gaza”, afirma. Hace un mes se acercó lo más que pudo y capturó la destrucción entre la niebla: una edificación urbana tirada abajo, atravesada por una arena blanca, como cuando vas en una ruta y ves una nube sobre el asfalto. “Me parece que esa es una de las imágenes más importantes que saqué desde que empezó esta guerra y es bastante potente, pero es muy limitada”. Por lo mismo, dice, se ha dedicado a sacar más fotos en las marchas y a profundizar su trabajo de 14 años en las aldeas beduinas no reconocidas , localizadas en el desierto al sur de Israel. Uno que comenzó en agosto de 2010 cuando se fue a vivir un mes a Wadi al-Na’am. Su objetivo era entender lo que era vivir allí: dependiendo de paneles solares para producir energía y adquiriendo el agua de poblaciones judías a un precio mucho más caro, cuando no es a través de conexiones clandestinas. Sham, de 2 años, frente a su hogar demolido de la villa Wadi al-Khalil / Foto de Miki Kratsman, Entrar en confianza no fue fácil, pero a medida que se integraba al estilo de vida, logró sacar su cámara para llevar un registro de aquellas comunidades que no estaban en los mapas, curtiendo el suyo propio para el Negev Coexistence Forum for Civil Equality (NCF), una organización árabe-judía que trabaja por los derechos civiles de los residentes del desierto. Kratsman ha recorrido la mayoría de las 35 aldeas no reconocidas que hoy se erigen. Su trabajo con los beduinos es un archivo abierto para periodistas, abogados y quienes lo necesiten, en el que imprimió las huellas de familias que a inicios de los 50’ fueron desplazadas de sus tierras por el gobierno y concentradas al sur de Israel. Una cartografía de vecinos que no todos quieren ver, pero que existen a 45 minutos de Tel Aviv. "Hay 35 aldeas beduinas no reconocidas en el Naqab a las que Israel denomina aldeas de dispersión o ilegales, y llama a sus habitantes intrusos en tierras del Estado y delincuentes. La mayor parte de la población beduina perdió sus tierras cuando Israel las declaró Mawat (tierras agrícolas “muertas” y sin cultivar) y las reclamó como tierras del Estado. En su perfil de Instagram se puede ver parte de ese trabajo, hoy enfocado en las demoliciones que están enfrentando las aldeas. A inicios de mayo, los habitantes de Wadi al-Khalil lo contactaron para que fuera a documentar la inminente demolición, amparada en la ampliación de la autopista 6 hacia el sur: familias frente a una cámara y detrás de ellas las ruinas. “Me pidieron ir a sacarles fotos en sus casas destruidas para poder usar esas imágenes”, explica. –En varias de las fotos que tomaste hay niños y adolescentes. ¿Qué te han comentado ellos sobre su vida en las aldeas y sobre su futuro? “Es muy triste, no hablan del futuro –pausa–. Se habla de un trastorno, del miedo, de la inseguridad. No se habla del futuro porque es todo tan confuso. Y el momento donde los encontrás es uno donde están súper pesimistas y yo, en cierto momento, decidí que no iba a preguntar más sobre el futuro porque no tienen ninguna respuesta”. Tras otra pausa, busca un ejemplo que nos traslada geográficamente al norte, a Palestina. “En un campo de refugiados en Jericó, le pregunté a un chico de 9 años cuál era su sueño y me dijo que no tenía sueños”, recuerda. Nuestra conversación se detiene por un silencio abrumador. “Le dije: ‘¿Pero no hay algo que quieras tener, comprar, hacer? ¿Un lugar donde quieras estar?’. Entonces el hermano mayor dijo que él sí tenía un sueño. ‘Quisiera tener un ropero’”. Un silencio desolador nos cruza. " ¿Cómo se mantiene una vida normal cuando tu vecino vive como vive? ”, interpela el activista.
- El guardián de los cactus
Un niño le salva la vida a una espinosa plantita tirada entre las rocas. Con los años, el adolescente Santiago Figueroa se convierte en un coleccionista de cactáceas y, más grande, cuando las ve en su hábitat en el desierto costero, se enfoca en su estudio y conservación. La línea que separa su afición por los cactus y su trabajo cuidándolos es delgada y borrosa. Y en medio de un atiborrado invernadero, nos cuenta cómo se convirtió en el vigilante de estas plantas y por qué son tan importantes para la humanidad. Santiago Figueroa (34) era un niño. Acaso no es el primer recuerdo, sí el que tiene más clarito, dice. ¿Cuántos años tenía? No está seguro, solo sabe que era muy chico. No hace el cálculo. Pero corría el 1996. En una ladera del litoral se encontró un cactus nativo tirado entre las rocas, con sus raíces al aire. Se trataba de un pequeño Eriosyce subgibbosa . Y quizá movido por la ternura, o la curiosidad, lo tomó, le cortó la cabeza a un tarro de cloro, puso la tierra que tenía a mano, lo plantó y dejó en el patio de la casa costera donde estaba. Con su familia él viajaba desde Santiago frecuentemente los fines de semana y aprovechaba de echarle agüita. Mientras el esqueje se recuperaba, el niño estaba maravillado con "la capacidad que tenían para aguantar y resistir", recuerda. "Es una cosa buena y mala que tienen: se recuperan rápido, tienen mucha facilidad para sobrevivir; pero hace que sean plantas muy fáciles de recolectar, por eso es un peligro, porque los arrancan”. Durante años lo tuvo en su hogar hasta que un día pensó: "¿Para qué va a estar en el pote plástico, si puede estar en el lugar de donde viene?". Lo llevó de vuelta a su ladera de origen y lo trasplantó. Ahí vivió durante un largo tiempo hasta que, un día, desapareció. "No sé si se murió, o si se lo robaron, porque se las roban todo el tiempo", supone. Y aquella historia quedó abierta, tal vez hasta siempre. "¿Dónde están las plantas?" Fue entre quinto y sexto básico que partió con lo que haría cualquier coleccionista: tener más y más cactus. En la media se tornó "un poco más obsesivo y rayado con el tema". Ya con el internet de su lado, sabía la gran diversidad de cactáceas que existen (alrededor de 1.500 especies), una familia de plantas suculentas que habría surgido hace unos 30 millones de años en Sudamérica, siendo endémicas de esta región, para luego expandirse por el resto del continente. En las noches, Santiago se acostaba y se dormía pensando en las especies que quería tener. Así y todo, por aquel entonces él "no conocía tanto" a los cactus chilenos. De hecho, en la casa guardaba polvo el primer tomo de la escritora y botánica Adriana Hoffmann (1940-2022) sobre cactáceas. Pero él no pescaba los libros, hasta que su obsesión creció y lo ojeó, y se dio cuenta de que "había mucha diversidad de plantas". Aunque los criterios varían, en Chile hay unas 130 especies de cactus, de los cuales alrededor de un 80% serían endémicos, es decir, únicas en el territorio. Copiapoa hypogaea Santiago comenzó a recorrer cerros y laderas, afinó el ojo y se percató de las plantitas que pasan piola, las más pequeñas y sigilosas. "Son del mismo color que los arbustos alrededor y del suelo", describe. "Es como una estrategia que tienen para pasar desapercibidos". La obsesión se direccionó hacia las cactáceas nativas. En paralelo, su mamá compró el segundo tomo de Adriana Hoffmann, en el cual salían las ubicaciones de las distintas especies, y la mayoría se encontraba entre las regiones de Coquimbo y Antofagasta. Santiago, que apenas conocía el Norte Grande, partió al desierto costero, que concentra la mayoría de las variedades. En 2008, con unos 19 años, guiado por aquel libro, hizo su primer viaje a dedo junto a un amigo hasta Huasco, en Atacama. Él creía que llegaría a un pueblito con caminos de tierra, donde los cactus abundarían, pero se encontró con una ciudad portuaria sin margen para la flora. Acamparon en la plaza principal y al día siguiente partieron en busca de un lugar más solitario, 44 kms hacia el norte, hasta Carrizal Bajo. Ahí tuvo su primer encuentro con las Copiapoas —que junto a las Eriosyce son los géneros de cactus más comunes en Chile—, "y quedé alucinado", asegura. "Quedé loco, no me esperaba que fuera tan impactante ", por "los paisajes que hacen estas plantas: son planicies llenas de grupos de copiapoas, que son al final el paisaje mismo, entre medio de pura piedra, inhóspito, pero hay plantas ahí, habitando y en abundancia". En resumen, "quedé rayado". Decidió que quería hacer esto todo el rato, ir hasta donde habitaban los cactus, conocerlos. Empezó a viajar todos los años desde Huasco hasta Taltal, 430 kms al norte por la costa. Todos los años, "obsesivamente", insiste. "Es el viaje que me he repetido no sé cuántas veces", de hecho, en noviembre anduvo otra vez por allí. "Siempre hay cosas distintas, te metes a una quebrada y pillas cosas nuevas", dice. "Hay plantas que se esconden, puedes pasarlas muchas veces y no las vas a ver porque están enterradas". Además, si ha sido una temporada muy seca, no florecen, lo que vuelve aún más complicada la búsqueda, la cual implica revisar hasta entre las grietas. "A veces no piensas que hay plantas ahí y no estás con el ojo atento", comenta. "Por ahí conozco algunas cosas que puede que no tengan nombre aún", dice. Por ahora, lo suyo es hacer la mayor cantidad posible de registros, juntar semillas de las flores y que broten en su invernadero en la V Región. “Quiero recolectar harta información para quizá hacer algo más adelante, cuando esté más completa”, adelanta. “Es un estudio que estoy haciendo por mi cuenta.” Copiapoa solaris El trabajo sucio En 2011, decidió vivir definitivamente en el litoral central, donde había construido un invernadero chiquito, de cuatro por seis metros. Allá se llevó los cactus que tenía de su colección en la capital; había más espacio para crecer. Ese año empezó a plantar las semillas que recolectaba de cada viaje. Quería reproducirlas. Fueron los primeros intentos. Su plan era "tener ojalá lo más diverso posible, para estudiarlos, reproducirlos, apreciarlos y vender", relata sobre aquellos primeros pasos que dieron inicio a su proyecto Cactus Lagarto, enfocado en la conservación de las especies nativas de Chile. A cada planta le ponía un cartelito con la especie y las coordenadas con GPS de dónde provino la semilla; sabe exactamente el origen de cada cactus: "Desde ahí no paré" y "se fue para arriba la cantidad de plantas". “Tengo miles”, responde Santiago sobre cuántos son, “20… 30… o 40 mil plantas”. La cifra le complica y, al hablar, mueve su cabeza de un lado a otro como para dejar claro que realmente no sabe. ¿Cuántas especies tiene? Eso también es difuso. En realidad, las ordena según su localidad de origen, lo que equivale a "más de 500 cosas distintas". Eso no significa que todos sean diferentes; muchos de ellos son del mismo linaje, pero de otro lugar. Se pasa buena parte del día en el invernadero: "Si no estoy sembrando, estoy trasplantando, sino atendiendo público, sino haciendo espacio para las plantas que tengo que trasplantar"; o sea, gran parte de sus jornadas son "alrededor de los cactus, dentro del invernadero, o afuera construyendo mesones". Cuando la pega se torna muy monótona, pone música. Como cuando trasplanta cactus para la Fundación Punta de Lobos, organización que ha repoblado la costa de la Región de O'Higgins porque la gente se los roba o simplemente los pisa. En total, Santiago les ha reproducido 25 mil plantas, lo que implica sembrar y repicar (pasar de un pote chico a uno más grande) miles de veces. "Esa pega es un poco agotadora", dice. Echinopsis atacamensis Muertes masivas Al preguntarle por el papel que juegan los cactus en estos áridos ecosistemas, Santiago responde y, al mismo tiempo, cuestiona sus propias certezas: “Son bien importantes, pero a la vez no me gusta enfocarme que son más importantes que otras plantas, aunque puede que lo sean”. Para ser claro, pone de ejemplo a las grandes y espinosos cactáceas que habitan en la Zona Central del país: "Forman unos mini-ecosistemas que otras plantas pueden colonizar y estar protegidas de animales más grandes e incluso del humano". Pero también algunas aves los usan para poner sus nidos, mientras que reptiles y roedores lo ven como un refugio” Además, sus flores son el alimento de los picaflores migrantes, como ocurre con el quisquito rosado ( Eriosyce subgibbosa ), cactus que se encuentra ampliamente distribuido en el centro de Chile Ya hacia el norte, remarca Santiago, los cactus "son muy resistentes, están ahí siempre". Su ritmo es calmo pero constante. Permanecen activos durante todo el año, a diferencia de "lo que pasa en el desierto florido, donde hay una explosión de energía en que germinan todas las plantas, que suelen ser anuales; hay una cantidad de aves e insectos que aprovechan ese momento para reproducirse, y que produce una cantidad de semillas gigantes para germinar en el siguiente ciclo de lluvias". Luego, todo se seca. En tanto, los cactus ahí permanecen, hacen su vida mientras aportan "energía al ecosistema" en medio de la adversidad y las largas sequías, dando una que otra flor en medio de la aridez. "Eso permite que el desierto permanezca trabajando con una energía más baja, con mucho menos alimento disponible", explica. "Gracias a eso, las hormiguitas comen la semilla del cactus, los lagartitos están detrás de la hormiga, y los roedores, y se mantiene el ciclo". Son animalillos que, aunque sea poco, requieren de ese alimento para perseverar. Pero su resistencia no los vuelve inmortales. Además de la amenaza del tráfico —en que los coleccionistas de Europa y Asia tranquilamente pueden pagar mil euros por planta, dependiendo de la especie, su estado y edad—, el cambio climático también ha reducido fuertemente sus poblaciones. “ Está siendo súper notorio cómo están muriendo ”, advierte. Hay un libro de los 60, que fue de los primeros investigadores de cactus chilenos, un alemán (Friedrich Ritter), y él tiene muchas fotografías. Ahí las plantas estaban sanas en general. Todas estas plantas que él mostraba en Iquique, por ejemplo, en el extremo norte costero, ya se han muerto. Hace muchos años viene en decadencia. También cita una publicación de la botánica Raquel Pinto: "Es impactante este nivel de mortalidad, de un libro que ya debe tener unos 15 años ( Cactus del extremo norte de Chile , 2009), donde ya quedaban vivas un 10% de las plantas; en otros, 100% muertas". Cuesta adaptarse cuando el lugar se vuelve "más extremo" en tan poco tiempo. "Tienen límites", remarca. Incluso, un poco más hacia el sur, Santiago lo ha comprobado con sus propios ojos al subir un cerro, donde solían haber de las Copiapoa echinoides: "Están todas muertas, todas, siendo que no es tan al norte". Las pocas que hay las halló en alguna grieta, y muy pequeñas. "Uno cree que las grandes son más resistentes que las chicas, pero parece que no es así", comenta. Y también advierte sobre la zona que va desde Taltal a Tocopilla, en la Región de Antofagasta, que abarca unos 420 kms de norte a sur, donde quedan las últimas especies copiapoas ; y de hecho, las Solaris , que habitaban de Mejillones a Paposo, "todas las poblaciones del norte ya se murieron", insiste. Entre medio, en El Cobre, quedan muy pocas con vida y "solo sobreviven las chiquititas, que tendrían 60 años o más", que nacieron "cuando hubieron mejores condiciones". Santiago no solo atribuye este problema a la escasez de lluvia, también a que la camanchaca, la característica neblina nortina, que "se ha angostado", cuenta, aunque "no sé por qué". Cuando sube los cerros durante la tarde, nota cómo todo lo que queda sobre y bajo esa húmeda capa, "se va muriendo". Él se resigna un poco y propone: "Casi que habría que empezar a trasladar cactus del Norte para la Zona Centro, porque acá igual se está secando", y así sería "una planta que nos podría dar ecosistemas más sanos, ya que se viene el desierto para acá; ayudar a que se adapten un poco más rápido las plantas". así es el invernadero de Santiago Las espinas — Soy bien solitario igual, me gusta trabajar así —avisa—. Se me ha dado así. No he querido viajar mucho con gente de plantas, por lo que contaba, confiarle a quién le vas a mostrar lo que conoces. Por eso tampoco nunca quise participar en muchos grupos de cactus . He sido más ermitaño en relación a la gente y los cactus . Él dice que no hay quien lo reemplace en el invernadero. Tiene claro que "hay que tratar de trabajar colaborativamente, para que las cosas no se pierdan después", por lo tanto, "me encantaría en el futuro participar más con organizaciones y personas para la conservación". “ Me esclavizaron, me metí tanto en ellos” , confiesa, mira hacia otro lado— y no tengo tanto tiempo por culpa de ellos —se ríe—. Tengo un relación de amor-odio. Soy un esclavo de ellos. Me gustan pero me cansan, pero me encanta ir al desierto. Lo que no me gusta es que terminé encerrado en un invernadero tanto tiempo. Me aburre un poco. Le gustaría pasar menos tiempo bajo ese techo repleto de plantas. Está "un poco sobrepasado", porque los primeros años se dedicó a sembrar mucho y ahora son miles los cactus. Cada tanto algunas amistades lo ayudan, pero, muchas veces "ya no doy abasto solo", dice. De hecho, el 2022 decidió no sembrar nada: una determinación inédita para él, "siendo que tengo semillas muy buenas, cosas que no he sembrado antes", lamenta. Durante el 2021 tuvo un episodio que denomina como "crisis", al punto que "no quería ni ir al invernadero". Por aquellos días, terminaba de construir su "casita" en invierno, periodo en que no hay tanto trabajo. Se dedicó a maestrear y cada tanto pensaba: "Qué rico estar haciendo algo distinto". Esa semi-pausa le hizo bien. "Ahora estoy un poquito mejor, con una relación un poquito más sana", confiesa. "Tiene un lado muy bonito, las responsabilidades son las complicadas", porque "son seres vivos, no es que uno se puede ir y dejarlos morir". Esa es la parte que la frustra, "no tener libertades , no puedo llegar y descuidarlos, porque también son plantas recolectadas, importantes para la conservación". En fin, "me veo toda mi vida dedicado a esto, porque no sé cómo podría desapegarme". Le encantaría que fuera más rentable. Admite que "es súper poco movido". Pero quiere un equipo de trabajo, hacer de Cactus Lagarto "algo más abierto al público y educativo". Que eso pudiera andar "sin que yo tenga que estar todo el día encima". Piensa en conquistar esa "libertad". De ser así, él feliz seguiría metido para siempre en las cactáceas, e investigar más, ir al desierto o donde se encuentren. “Ese es un motor rico”,dice, “le muestras cosas escondidas a las personas, aprecian lo que no apreciaban y se puede empezar a hablar de conservación, darle un enfoque que no es solo la colección, sino que están en la naturaleza. Aunque sean chicos, tienen un valor por el lugar que lograron habitar y hacen que otros vivan en ese desierto, tan inhóspito”.
- Los Hare Krishna también tuvieron dieciocho
Sólo en su primer día, la tradicional fonda del Parque O’higgins recibió a 30 mil personas que asistieron para bailar cueca, cumbias y comer anticuchos. Pero a pocos metros de allí, en un edificio antiguo del centro, decenas de creyentes se juntaron en el templo Hare Krishna y levantaron su fonda vegana: reemplazaron la carne por el tofu, el terremoto por la kombucha y la música popular por los mantras. Así vivieron ellos las fiestas patrias. En pleno Santiago Centro se celebra una fonda libre de alcohol y carne. En el Templo Hare Krishna, una casona azul entre José Miguel Carrera y Gorbea , en pleno dieciocho de septiembre no suena cueca, reggaeton, ni cumbia, sino que un mantra que recita Hare Hare Krishna, Hare Hare Krishna, Cruzar la puerta es trasladarse automáticamente a otra cultura. Hay un salón grande adornado con velos y arcos, como si fuera un ashram indio. Alrededor de cincuenta personas están sentadas en el salón central, cerca de la estatua del hombre azul que representa a Dios en la tierra, como ellos lo explican. En los mesones largos hay ingenieros, estudiantes, personal de la salud, profesores de yoga, chilenos y extranjeros, pero eso no importa aquí, todos se reúnen para celebrar unas fiestas patrias distintas. No hay asadores con carne, sino que choripanes vegetales, seitán, anticuchos con tofu y el terremoto no se hace con alcohol, sino que con kombucha. Nada es de origen animal, ni tampoco circula entre los asistentes alcohol o drogas. Leonardo (42) era estudiante de música en 1999, el año en el que se convirtió. Cuenta que siempre le interesó saber sobre Jesús. Que tenía un llamado místico. Y fue justo cuando se encontró en la calle con un grupo de jóvenes rapados y vestidos con túnicas color salmón que lo invitaron al templo. Él asistió y todas las preguntas que tenía sobre la reencarnación y la búsqueda de la felicidad fueron respondidas allí. “Somos devotos de Krishna, que es una forma de decirle a Dios, quien literalmente es el mismo Dios en el que creen los católicos, los musulmanes, los evangélicos, etcétera.”, cuenta él. “Nosotros le asignamos uno de los tantos nombres que tiene, en sánscrito, pero somos monoteístas y creemos que Dios es uno y que se presenta a lo largo del tiempo en diferentes culturas, épocas y lenguajes”. En el mundo hay 300 templos, 40 comunidades rurales, 26 escuelas y 83 restaurantes vegetarianos que responden a La Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, fundada por Srila Prabhupada en los años 60 's. Una fonda sin karma Leonardo responde al nombre espiritual de Lalita y es el kirtan del templo de Santiago, es decir, quien está a cargo de la música, recibir a los invitados y las oraciones. Cada vez que se reúnen, celebran que Dios está visitando el hogar, “sentimos que es un invitado en nuestro templo y por eso se le hacen ofrendas, se le cocina especialmente y se ponen inciensos”, cuenta. Actualmente hay más de mil personas que siguen a Krishna en Chile, aproximadamente 600 viven en Santiago y cinco son monjes que se dedican tiempo completo a servir, y de hecho, viven en el templo. ¿Por qué no comen animales o toman alcohol? “Los principios regulativos para los devotos de Krishna son cuatro: no consumir carne, ni alcohol o drogas, tampoco jugar juegos de azar, ni tener sexo ilícito (extramatrimonial) . La enseñanza de la cultura védica -de donde nace este movimiento- es que somos un alma espiritual que está dentro de este cuerpo físico, y en el momento de la muerte el alma viaja a otro cuerpo según lo que hagamos, lo que comúnmente conocen como karma. Y no sólo nosotros tenemos alma, sino todos los seres vivientes: animales, plantas, insectos, bacterias. Por eso intentamos disminuir esa reacción kármica. Tampoco consumimos ninguna sustancia porque la idea es estar lúcido y consciente” ¿Por qué está la estatua de un hombre azul en el templo? “Dios defiende este mundo y cumple ciertas misiones en particular… Hace 2 mil años atrás envió a su hijo como Jesús a establecer principios, pero anteriormente a él hubo muchos avatares o,encarnaciones que vinieron a diferentes eras y culturas, y hace cinco mil años atrás, él apareció con su cuerpo azulado, como las nubes, cargadas de lluvia. De hecho se le describe como un hombre de tez oscura” ¿Por qué se rapan y usan este tipo de ropas? “La ropa que se utiliza es tradicional en India y es simple: una camisa o curta, abotonada, y la parte inferior o dhoti, que es una tela de cinco metros con dobletes. Es cómoda para sentarse en el piso, con las piernas cruzadas. Es una tela delgada, práctica, que se seca rápido. No tienen marca. Somos todos iguales. Nadie se fija en las diferencias. El rapado por su lado, nos ayuda también a enfocarnos cien por ciento en el desarrollo espiritual y dejar de lado la vanidad. No tenemos que andar pensando en cómo peinarnos” ¿Cómo es la comunidad en Chile? “Son personas bien diferentes. Hay ingenieros, psicólogos, personas de las Fuerzas Armadas, abogados. Pero también es algo que, al momento de compartir, no importa” Al ser un movimiento tan antiguo, ¿cuál es el rol de la mujer? ¿Coincide con este tiempo? “Hay una igualdad vertical. En las actividades todos y todas hacemos lo mismo. A diferencia de occidente, el maestro fundador que trajo este movimiento al continente llegó a Boston y en los mismos roles incluyó al hombre y la mujer, a pesar de que en India es desigual. Acá una mujer puede realizar su práctica y vivir en el templo, no hay diferencias entre nosotros ” En la fonda cantaron mantras toda la tarde, hablaron del crecimiento espiritual y sobre la importancia de la comunidad. Bajo la mirada de la estatua azul de Krishna sonaba el mridanga, un tambor hecho de arcilla, el armonio, que es una especie de acordeón y los címbalos, unos platillos que hacen un sonido relajante. “ La idea es que todos puedan encontrar su felicidad. Que la busquemos y la encontremos ”, dice el devoto.
- La ranita del Loa no tiene dónde vivir
En 2019 los últimos ejemplares de la ranita del Loa alcanzaron a ser rescatados desde un arroyo seco y resquebrajado: la intervención humana, el uso indebido del agua y otros factores terminaron destruyendo su hábitat. Pero a tres años y medio de ese histórico rescate y su posterior rehabilitación en el Zoológico Nacional, este anfibio microendémico continúa sin encontrar un hogar en la naturaleza que lo pueda refugiar nuevamente. Ya no pueden vivir en cautiverio, pero tampoco pueden volver a su casa. Esta historia parte en una tarde soleada de un día de julio de 2019 en la cuenca del río Loa, en la región de Antofagasta, cuando el herpetólogo Andrés Charrier caminaba por esas tierras por un monitoreo de flora y fauna que tenía que hacer. De pronto recordó que la ranita del Loa habitaba en esa zona, pero se percató de que no había sido incluida como punto a observar en el análisis que le habían encargado. Esta especie no era nada ajena en la vida del herpetólogo. Años antes, junto al especialista en fauna silvestre Gabriel Lobos, Charrier había hecho investigaciones anteriores sobre estas ranitas. Y aquella tarde de julio, siguiendo su instinto, emprendió camino hacia el lugar donde sabía que podría encontrarlas. La ranita del Loa es un anfibio que pertenece al género telmatobius , grupo que abarca 63 especies de ranas altoandinas a lo largo de Chile, Argentina, Ecuador, Perú y Bolivia. Sin embargo, la telmatobius dankoi e s microendémica , lo que significa que existe exclusivamente en un solo lugar: el sector de Las Cascadas , una vertiente del río Loa, a unos 10 kilómetros de Calama. A este anfibio le gusta habitar en ambientes acuáticos. Se caracteriza por ser de tamaño pequeño, tener un cuerpo aplanado y patas palmeadas. A diferencia de otras ranas, Charrier asegura que la especie telmatobius dankoi se mantiene en condiciones ambientales mucho más duras, con aguas más espesas y con mayor cantidad de minerales. Hoy en día, la ranita del Loa está en peligro crítico de extinción debido a la degradación de su hábitat , de acuerdo a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), organismo internacional que se dedica a medir el estado de la biodiversidad a nivel mundial. Por eso, Andrés Charrier y otros científicos sabían que la situación del anfibio era complicada desde hace algunos años. Pero ese día de julio cuando llegó hasta el canal de regadío de Las Cascadas, donde tantas veces había presenciado a las ranitas, lo que vieron sus ojos era desolador. En medio de la aridez climática que caracteriza al Loa, las aguas donde habitaba el anfibio estaban completamente secas. Ni una gota de agua quedaba. “Fue como una bofetada”, asegura. Puso sus dedos y su palma en lo que alguna vez fue el suelo del arroyo, pero ni siquiera sintió un poco de humedad. Mucho menos encontró huevos o anfibios vivos, al contrario, solo pudo hallar ejemplares descompuestos en la tierra. Todo lo que había visto años antes cuando investigó a la especie, se había esfumado con una rapidez impensable. Era un cementerio de ranas. Al científico le pareció que el panorama era más preocupante que nunca. Volvió a Santiago y sin pensarlo demasiado, decidió llamar al investigador Gabriel Lobos. — ¡Pero cómo no va a haber agua! — dijo Lobos al teléfono. — No hay agua, así de simple, estas cosas son así. No hay agua ni tampoco ranas — le respondió Charrier con pesar. Bastó ese llamado para que un par de días después ambos se juntaran y viajaran desde Santiago a Calama para visitar el sector. Llegando al lugar, caminaron un par de metros más allá del canal de regadío en cuestión y se encontraron con un gran socavón de ocho metros de profundidad que parecía haber sido hecho con una retroexcavadora. “En el fondo tenía una capa de lodo con algas bastante descompuesta. Ahí nos metimos a ver si todavía quedaban ranitas y efectivamente ahí estaban las 61 ranitas que capturamos ese día. Después las liberamos en Ojos de Opache”, cuenta Charrier. Ojos de Opache es un sitio que queda a unos seis kilómetros del sector de Las Cascadas, pertenece a Gendarmería de Chile y es conocido por ser un “pequeño oasis” de la región de Antofagasta. Teniendo el visto bueno del Ministerio de Medio Ambiente, los científicos pudieron relocalizarlas en territorio protegido como medida de urgencia, ya que no esperaban en lo absoluto encontrarse con esos ejemplares iniciales. La razón principal de que las ranas hayan sido trasladadas a Ojos de Opache es que ese sitio posee condiciones de agua y de ambiente muy similares a las del sector de Las Cascadas. Además, al ser propiedad de Gendarmería, está mucho más a salvo de ser intervenida por terceras personas. Semanas después, Charrier y Lobos volvieron a ir en búsqueda de más ranitas al arroyo de Las Cascadas, pero esta vez con un permiso del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) que les permitiría entrar sin problemas al sitio por ser propiedad privada. Tampoco tenían muchas expectativas, pero aún así llevaron unos chinguillos (red) en caso de encontrar algún indicio. Para su sorpresa, otros 14 anfibios aparecieron en el lugar . Como no habían llevado nada para trasladar y guardar a los animales, tuvieron que mandar a uno de los acompañantes de ese día a Calama para que comprara un enorme taper de plástico. Así, podrían dejarlas bajo su cuidado. Andrés tiene en su memoria el estado en que encontró ese segundo grupo de ranitas. Estaban extremadamente delgadas y era probable que no se hubieran alimentado en bastante tiempo, afirma. “Claramente no existía reproducción porque no había larvas. Ese es un indicador de que algo está pasando, probablemente las larvas no salen a respirar a la superficie y por lo tanto se habían ahogado ahí, en esa agua que estaba completamente contaminada”. Había que pensar en una solución que permitiera sobrevivir a la especie, pero esta vez entre las opciones no estaba contemplado llevarlas a Ojos de Opache. No quedaba más tiempo, tenían que pensar rápido. Con eso en mente, los investigadores coordinaron una rápida misión de rescate que podía resultar bien o mal: trasladar las ranas hasta el Zoológico Nacional de Chile ubicado en Santiago, a más de 1.500 kilómetros de distancia . Todo esto con la colaboración de varias instituciones como el Ministerio de Medio Ambiente, el Museo de Historia Natural y Cultural del Desierto de Calama y el Zoológico Nacional. De esa manera, Andrés Charrier y Gabriel Lobos pudieron viajar en avión con las ranitas desde Calama a Santiago. Como su situación era tan delicada, LATAM permitió que los 14 ejemplares viajaran no en la parte de la carga del vuelo, sino que en las cámaras refrigeradas donde se suelen guardar bebestibles: así podrían estar frescas y no tener algún problema de estrés térmico. Una vez que pisaron suelo santiaguino, los científicos llevaron a los anfibios rescatados hasta las dependencias del Zoológico Nacional, para que pudieran ser parte del proceso de recuperación que estaría a cargo del entonces jefe del área de Herpetología del Zoológico, Osvaldo Cabeza. “Esa primera semana yo casi no dormí pensando que en cualquier momento nos llamaban y decían ‘se murieron todas las ranas’”, recuerda Charrier. Esta noticia llegó a oído del mismísimo Leonardo Dicaprio. El actor de Hollywood, conocido también por ser un activista ambiental, subió a sus redes sociales las felicitaciones respectivas por la hazaña. Las últimas ranas Poco antes de que las ranitas llegaran al Zoológico, Osvaldo Cabeza sabía que tenían un trabajo difícil por delante. Los científicos que hicieron el rescate le habían enviado fotografías de los anfibios cuando fueron encontrados, y cuando las vio en su celular, Osvaldo sintió un poco de miedo. “Esas imágenes eran aterradoras porque se veían ranas que eran piel y hueso , ya sabíamos que el género telmatobius es complejo de trabajar bajo el cuidado humano. Nos asustamos porque teníamos en cuenta que posiblemente eran las últimas 14 ranas del Loa”, cuenta. Aún así, el equipo de Herpetología que dirigía Osvaldo se preparó con todo para recibir a las ranitas: desde alistar todos los acuarios para que tuvieran condiciones idénticas a las que tenían las ranas en su hábitat original, hasta planificar la parte nutricional, lo que significaba criar nuevos insectos para que la dieta fuera lo más similar posible a la que tenían antes. Ese tiempo que vino no fue nada sencillo para el equipo. Era plena pandemia y el grupo tenía que operar solo con tres personas que debían velar por las ranitas, más una persona que se encargaba de alimentarlas. Una jornada normal fácilmente podía comenzar a las 8:30 de la mañana y terminar a las 10 de la noche, ya que los anfibios necesitaban la observación permanente de los especialistas por lo crítico de su estado. “Como es una especie que nunca antes habíamos trabajado teníamos que tener mucha atención a cualquier cambio que presentara, entonces inicialmente fue una etapa bien estresante y desgastante”, dice Osvaldo. Después del chequeo inicial, tenían que hacer todo lo posible para que las ranas volvieran a tener un peso normal. Para conseguirlo, comenzaron a alimentarlas de forma asistida pero solo con el 15% del requerimiento energético en base a un peso ideal. Como los anfibios venían con un estado de desnutrición no podían alimentarlas con el 100% del requerimiento energético, ya que podían descompensarse y probablemente morir. Todo lo que hacían las ranitas tenía que ser analizado minuciosamente por el equipo: qué cosa le gustaba comer, en qué espacios de la pecera se alimentaba y otros aspectos que se vinculan a la conducta animal. La etapa de reproducción fue otro proceso más de incertidumbre. No solo había que juntar los anfibios en las peceras, sino que también había que observar otros factores que podrían incentivar su conducta reproductiva, como las condiciones de luz, las temperaturas del agua, probar los lugares donde podría esconderse la ranita para reproducirse y también identificar si estaban vocalizando, ya que algunos anfibios machos lo hacen para “llamar” a la hembra. Pero las cosas ocurrieron al contrario de lo que esperaba Osvaldo y su equipo de Herpetología. Juntaron a una pareja de ranitas por cada acuario para ver cómo se comportaban, y tan solo una semana después, el grupo vio el amplexo (apareamiento) entre los anfibios. Era un día de octubre de 2020. Osvaldo no estaba en el Zoológico, porque por las restricciones sanitarias los funcionarios trabajaban por turnos rotativos. Fueron Sebastián y Lorena, los otros miembros del equipo, quienes llamaron a Osvaldo por teléfono para contarle la noticia. Apenas escuchó que las ranas estaban en amplexo, el herpetólogo salió rápidamente de su casa rumbo al Zoológico. Cuando llegó, el grupo completo a cargo de salvar a las ranitas no pudo contener la emoción. Los tres se abrazaron, saltaron y gritaron de felicidad. Su trabajo con la telmatobius dankoi estaba dando frutos . “El proceso de las ranas del Loa en sí ha sido un bien emocional, muy desgastante pero enriquecedor también. Fue un logro súper importante lo que estaba ocurriendo en ese momento, estábamos demasiado felices con los chiquillos”, comenta Osvaldo, quien hoy dirige el área de Manejo y Bienestar Animal del Zoológico Nacional. Desde esa primera reproducción hasta ahora han surgido alrededor de 400 crías de la ranita del Loa , según las últimas estimaciones que hizo el Zoológico. Ahora, la mayoría de ellas son ejemplares juveniles y siguen creciendo bajo observación del equipo que las cuida como hueso santo desde su llegada. Un hábitat que no volverá a existir Una de las certezas en torno a estos anfibios es que el que alguna vez fue su hogar histórico está definitivamente perdido. No hay ninguna posibilidad de poder rescatarlo y que la especie vuelva a vivir en esa zona . Los factores de que ese hábitat sea irrecuperable son numerosos. Uno de ellos es que, debido a las denuncias ciudadanas que se realizaron tras el hallazgo de las ranitas del Loa, el acceso donde se podía entrar a Las Cascadas está cerrado para el tránsito de cualquier persona por ser propiedad privada. De hecho, en ese sitio se iba a emplazar un proyecto inmobiliario. Hasta el día de hoy, ni siquiera los científicos pueden entrar. Eso ha sido un gran impedimento para poder realizar los análisis e investigaciones necesarias de lo que alguna vez fue el hábitat original de estos anfibios. De acuerdo a la Seremi de Medio Ambiente de Antofagasta, otras amenazas presentes en la zona son la excesiva cobertura de vegetación y las condiciones fisicoquímicas que posee el agua de esa vertiente del río Loa. El uso de agua es otro de los factores que ha impactado de forma negativa en el sector de Las Cascadas. A solo un par de metros de ese lugar tiene actividades Minera Centinela (parte del grupo Antofagasta Minerals, cuyo dueño es el grupo Luksic), empresa que posee derechos de extracción de agua de una napa subterránea. Por lo tanto, una de sus obligaciones era hacer monitoreos permanentes con el fin de que no disminuyera el caudal del arroyo donde vivía la ranita del Loa. Pero a la vista de los expertos y la determinación de la Superintendencia del Medio Ambiente de Antofagasta (SMA), ese monitoreo no se llevó a cabo por varios años. El pasado 7 de diciembre de 2022, la Superintendencia del Medio Ambiente de Antofagasta formuló dos cargos por daño medioambiental en contra de la Sociedad Contractual Minera Centinela, a cargo de la empresa Minera Centinela. Los cargos se deben al incumplimiento de la empresa en sus obligaciones ambientales relacionadas con el componente del agua, así como también que la compañía minera no informó ni mucho menos colaboró en aplacar los impactos ambientales que terminaron por degradar el hábitat del anfibio. “La empresa (Minera Centinela) ha tenido una incidencia en la baja de niveles de agua en el lugar, a lo cual se sumaría al hecho de que la misma no habría informado ni tomado medidas respecto a la problemática que afectó a la ranita del Loa, la cual estuvo cerca de desaparecer”, aseguró el entonces superintendente del Medio Ambiente (S), Emanuel Ibarra . Con lo anterior, la Sociedad Contractual Minera Centinela podría arriesgar hasta una multa total que asciende a 11.000 UTA, es decir, alrededor de $8.000 millones. En búsqueda de un nuevo hogar para la ranita del Loa Luego de que saliera a la luz la casi extinción de este vertebrado, la Seremi del Medio Ambiente de Antofagasta inició un diagnóstico integral del género telmatobius , que incluye a la ranita del Loa, con el objetivo de identificar el estado de conservación de la especie en la zona. Dentro de ese diagnóstico la institución ha empujado una iniciativa para que Ojos de Opache, el lugar donde fueron rescatadas las primeras ranas, pueda convertirse en un Santuario de la Naturaleza . Como las características ambientales de Ojos de Opache son semejantes a las del arroyo de Las Cascadas, este sitio podría funcionar como una nueva localidad para la especie telmatobius dankoi . Sin embargo, ese proceso aún está a la espera de concretarse en su totalidad. Eso significa que los últimos ejemplares rescatados del arroyo de Las Cascadas, más la población de 400 ranitas que surgieron de la reproducción, continúan viviendo en los acuarios del Zoológico Nacional . Consultado por el estado del proyecto, Gustavo Riveros, seremi del Medio Ambiente de Antofagasta, aseguró que “se encuentra en una de sus etapas finales” y que están “a la espera del pronunciamiento del Ministerio de Bienes Nacionales a requerimiento de información realizado por la Contraloría, para su posterior toma de razón”. Para los especialistas que se encargaron del rescate y rehabilitación, hay un punto de coincidencia: es urgente encontrar una localidad en la región de Antofagasta donde se pueda liberar pronto a los anfibios, particularmente a los que surgieron del proceso de reproducción. “Queda la gran duda de cuál es el porvenir de estas ranitas más adelante. No tiene ningún sentido seguir manteniendo en cautiverio en acuarios del Zoológico de Santiago, a ranitas que son de Calama”, apunta Andrés Charrier. Osvaldo Cabeza reflexiona en la misma línea. “Todavía no podemos decir que salvamos la especie porque aún sigue bajo cuidado humano en el Zoológico, el día que logremos decir que la salvamos va a ser cuando logremos reintroducirlas y se puedan mantener en su hábitat, si es que el hábitat se consigue. Recién vamos a poder decir ‘sí, salvamos a la especie’”, sentencia el especialista.
- La fibromialgia: el dolor incomprendido
Hace unos días, la palabra "fibromialgia" fue trending topic en X, luego de que usuarios de esa red social cuestionaran si la enfermedad que padece una concursante de un reality show era real o no. A pesar de haber sido reconocida oficialmente por la Organización Mundial de la Salud en 1992, la fibromialgia sigue siendo una condición rodeada de incomprensión y estigmatización, lo que complica tanto el diagnóstico como el tratamiento para quienes la sufren. Aquí el testimonio de algunas mujeres y expertas en la materia. Nicole Alexandrovich, Catalina Ferrer y Francisca Zacarías A los 22 años, Catalina se encontraba en esa fase de la vida donde todo parecía estar empezando. Estudiaba psicología en la Universidad de Santiago, tenía un grupo de amigos con los que salía los fines de semana, y soñaba con irse de intercambio. Sin embargo, desde hacía meses, algo no andaba bien con su cuerpo. Al principio pensó que el cansancio constante era por la carga académica, las largas jornadas de estudio y las horas en la biblioteca. Pero pronto, el agotamiento se volvió insoportable. Sus músculos dolían sin razón aparente, como si hubiera corrido una maratón sin haberse movido de su silla. Los médicos no parecían encontrar respuestas, el primer diagnóstico fue " estrés ". Le decían, mientras le prescribían vitaminas y le recomendaban descanso, que visitara a un psiquiatra . Pronto el dolor era tanto que hubo mañanas en las que le costaba levantarse de la cama, no por falta de ánimo, sino porque cada movimiento era una lucha. Jaquecas y vómitos acompañaron el malestar. Después de varias consultas y exámenes, un reumatólogo le mencionó lo que parecía ser la respuesta: fibromialgia . Una palabra que hasta ese momento nunca había escuchado. La noticia fue un alivio y un golpe al mismo tiempo. Alivio porque, al fin, alguien ponía nombre a lo que sentía, y un golpe porque entendió que esta enfermedad no tenía cura. "Hay mañanas donde despierto con una rigidez que me toma la espalda y mis piernas. Antes me daba mucha angustia, hoy desafortunadamente siento que me acostumbré. Me he frustrado bastante, es una lucha que no sólo involucra a tu cuerpo, sino que después a todo tu ser (...) Me he encontrado con muchos comentarios en redes sociales que dicen que esto no existe, que es mental, incluso. Me enoja mucho la falta de empatía, no es fácil lidiar con eso, porque a veces ni los mismos doctores tienen nociones sobre los tratamientos". * Pamela Andrea Moreno Pinto, una mujer de 50 años de Coquimbo, ha sufrido la devastadora combinación de dolor físico y emocional que acompaña a la fibromialgia. Su historia comenzó en noviembre de 2022, cuando empezó a experimentar una depresión y un cansancio extremo. “Me diagnosticaron depresión y me dieron licencia”, recuerda, pero los dolores en sus brazos comenzaron poco después. " Se me caían las cosas, estaba más cansada de lo normal. No podía trabajar ". Indicativos de una posible fibromialgia la llevaron a un proceso frustrante de consultas médicas, donde la atención de salud pública resultaba insuficiente, “en mis crisis de dolor no podía acceder al servicio público, porque las horas eran para seis meses más, me tuve que atender en forma particular, donde enfrenté un alto costo entre doctores y medicamentos”, explica. El diagnóstico, según el reumatólogo, fue fibromialgia, pero la información era escasa. “ No supo explicarme qué se trataba y tuve que empezar a averiguar por mi cuenta ", dice. Experiencias personales como las de Pamela Moreno, revelan la profunda frustración que pueden enfrentar en el proceso de tratamiento. Como ella misma relata: “El reumatólogo me dijo que me iba a dar medicamentos para el resfrío (...) Que no había forma de calmar el dolor porque lo que seguía prácticamente era la morfina”. Pamela tomó hasta 22 medicamentos durante más de 8 meses, y eso le generó un endeudamiento significativo. “Salí de la consulta, me subí al auto, me puse a llorar y decidí dejar de tomarme toda la medicación, excepto las pastillas para dormir”, cuenta Pamela mientras se le quiebra la voz. * Karen Blamberg (54, Santiago), tiene dos hijas y la menor tenía dolores inexplicables desde que los 12 años. Recién en el 2018 Nicole fue diagnosticada con fibromialgia. Ahora ella tiene 21 y, si bien maneja varios métodos para aliviar su incomodidad, seguirá con esta enfermedad toda su vida porque no hay cura. Karen recuerda que cuando diagnosticaron a la pequeña, no lo percibió como algo difícil ya que, confiesa haber sido “totalmente ignorante en la materia” y no tenía idea lo que eso significaría para la vida y, por consecuencia, la suya. “Hasta que a la gente no le toca, no lo cree. Es una enfermedad invisible”. Estos momentos de dolor, muchas veces invalidante, explica Karen, no solo afectan a su hija de forma física, sino que también le influyen psicológica y anímicamente. Con la voz emocionada dice que “sé qué tengo que ser firme y estar siempre parada de pie para poder ayudarla a ella, acompañarla, acogerla”. Arriba de la mesa de su casa tiene cajas de remedios tradicionales, flores de Bach, vitaminas, hierbas y aceites. Karen explica que la ignorancia de la sociedad hacia la enfermedad la motiva a buscar aún más tratamientos y terapias, “para que ella pueda estar bien y vivir su vida en la mejor forma posible”. Reflexiona sobre las razones por las cuales quizás la investigación en torno al diagnóstico sigue “en pañales”, llegando a la conclusión de que al ser una enfermedad que no genera la muerte, no es tan documentada como la investigación sobre el cáncer o condiciones al corazón. Dolores que no se ven La psicóloga Alejandra Sekler, especialista en dolor crónico, subraya que el dolor crónico no es solo una experiencia física, sino también emocional. “No podemos separar lo físico de lo emocional, psicológico y social cuando hablamos de cómo el dolor afecta a las personas”, explica. Según la especialista, la incomprensión y el aislamiento son comunes entre los pacientes con fibromialgia, lo que además puede llevar a una sensación de desesperanza. El camino hacia el diagnóstico suele ser largo y agotador para quienes padecen esta condición. La doctora Ana Luisa Miranda, fisiatra y jefa de la Unidad de Tratamiento del Dolor del Jota Aguirre (Hospital Clínico de la Universidad de Chile), destaca que el desconocimiento es uno de los mayores desafíos en el tratamiento de la fibromialgia. “No podemos entender ni tratar lo que no conocemos”, afirma, señalando que este desconocimiento a menudo resulta en que los pacientes se sientan subestimados e ignorados por el sistema de salud. Además, recuerda un congreso en el que participó hace unos 10 años “donde todavía había médicos que decían que la fibromialgia no existía (…) pero es por desconocimiento, porque si revisamos la literatura de los últimos 10 años, hay abundante evidencia de estudios con que validan y apoyan el diagnóstico de fibromialgia como la conocemos actualmente”. La fibromialgia es una enfermedad que, aunque no pone en riesgo la vida, tiene un impacto profundo en quienes la padecen y en sus familias. Las historias de Karen y Pamela ilustran la lucha diaria que enfrentan las personas con fibromialgia y sus cercanos, una enfermedad que sigue siendo en gran medida invisible para el mundo exterior. Como señala la psicóloga Alejandra Sekler, “Muchos pacientes se sienten aislados, incomprendidos y solos”, una realidad que resalta “la necesidad urgente de una mayor comprensión y apoyo para quienes viven con esta condición”.
- El pudú podría extinguirse antes de lo que pensamos
Los pequeños y tranquilos cérvidos que transitan por diversos sectores de la Isla de Chiloé están bajo amenaza. Hasta la fecha ya han ingresado 30 pudúes heridos al centro de Rehabilitación Chiloé Silvestre a causa de ataques de perros. Un día en la vida de un pudú podría ser más o menos así: en el denso bosque verde de Chiloé se encuentra el tranquilo y solitario cérvido más pequeño del mundo divagando entre la abundante vegetación. Con su hocico busca maqui o zarzamoras para poder alimentarse. Se pasea tranquilo porque en la zona no hay presencia de depredadores grandes como el puma o el zorro, o eso cree él. Pero de pronto escucha un ruido, alza sus pequeñas orejas redondeadas y enfoca la mirada al frente. Se queda quieto, inicialmente no logra detectar el peligro, solo se mantiene inmóvil analizando la situación con sus oscuros ojos, que son como pocitas de petróleo aterciopelado. Su primer instinto nunca es arrancar, pero en cosa de segundos, el crujir de hojas secas que escuchó lo sigue el ladrido de un perro que corre rápido hacia él . Es un animal grande que probablemente tiene dueño, pero tal como acostumbra , al ver el portón de su hogar medio abierto, aprovecha la oportunidad de escapar y salir a cazar. El pudú cae tumbado al suelo. Los puntiagudos colmillos del perro se incrustan fuertemente en la zona posterior de su pierna y pasan de ser blancos a estar manchados por sangre. Ya no es un solo perro, a lo lejos se ven dos más que vienen rápido. El pequeño está perdiendo energía, tiene la mirada entrecerrada, desorientada y respira cada vez con menos fuerza, intenta alzar su cabeza a causa de su curioso instinto, pero apenas puede moverse. Su cuerpo tiembla y cuando está a punto de fallecer los residentes de la zona se percatan de la trágica situación que ha ocurrido. ¡Teléfono, teléfono!, ¿qué hacemos en esta situación? “llamen al SAG”, grita alguien a lo lejos. En situaciones así los pasos a seguir son inmediatamente llamar al Servicio Agrícola Ganadero (SAG) para que hagan el rescate y seguido de eso llamar al centro Chiloé Silvestre para que puedan entregar las indicaciones sobre qué hacer con el animal antes de que llegue el SAG o hasta el momento en que llegue. Entre las indicaciones que se entregan se encuentran dejar al pudú en un lugar tranquilo y aislado, donde no haya mucho ruido e idealmente en lo posible con proporcionarle alguna fuente de calor como un guatero o botellas con agua caliente. Tras ser rescatado el pudú, con su brillante pelaje manchado con sangre, llega al centro de rehabilitación, tiene algunos de sus músculos rotos y presenta dificultad para pararse y caminar. La herida provocada por los perros durante la emboscada se empieza a infectar tomando un color cada vez más oscuro, casi negro, dejando atrás el aspecto rojizo que tenía en un inicio, es decir que la zona afectada se empieza a necrosar y por consecuencia a provocarle pérdida muscular, sin embargo, el apetito del pudú se mantiene y este no pierde el ánimo para luchar por su vida. Te podría interesar: La ranita del Loa no tiene dónde vivir En los últimos años el ataque de perros a animales endémicos ha ido en aumento. Según cifras entregadas por el reconocido ‘ doctor pudú ’, el veterinario Javier Cabello, también director de la ONG Chiloé Silvestre, organización que cuenta con el único centro de rehabilitación de fauna silvestre en el archipiélago, dice que “ en lo que va del 2024 ya han ingresado 30 pudúes en comparación a el año pasado en el cuál fueron 50 en total los que ingresaron y el antepasado donde fueron 60 (...) Es una cifra preocupante ”. En este momento el pudú se está recuperando progresivamente gracias a un tratamiento y a la ayuda que le proporcionan los profesionales que lo cuidan. Esta es una historia que muchos de su especie han vivido, pero lamentablemente no todos han logrado sortear la crítica situación de la misma manera que este ya que en estos casos el panorama de acuerdo con la gravedad de las heridas en la mayoría de las ocasiones es desalentador y conducen a un desenlace terrible. El doctor pudú explicó que la mayor causa de ingresos al centro es debido a los ataques provocados por perros, señalando que un 75% de los pudúes que llegan heridos fallecieron, situación que afecta no sólo a los que habitan en la isla grande que es donde existe una mayor población de pudúes, sino que geográficamente esta especie habita desde la Región del Maule hasta la Región de Aysén. Aunque el principal factor de ingreso de fauna a centros de rehabilitación es los ataques de perros hacia pudúes, no es el único ítem que atenta contra la integridad de estas especies, si no que se suman los atropellos en carretera producidos por conductores que van a exceso de velocidad, enfermedades transmitidas por otros animales domésticos, caza ilegal y la destrucción y alteración de su hábitat natural. Existen tres categorías en las cuáles un animal se encuentra amenazado de extinguirse y esas son: en peligro crítico, en peligro y vulnerable. Los pudúes se encuentran rotulados como “ vulnerables ”, y si bien esa viene siendo la más baja, es importante tener la idea de que igualmente son una especie amedrentada en camino a la extinción. Desde diversas organizaciones medioambientales hacen el llamado a que las personas disminuyan la velocidad, que aumenten también las sanciones y multas a propietarios de perros que maten a animales silvestres que no asuman una tenencia responsable y que se implemente una educación efectiva a nivel nacional en los colegios acerca de la importancia de respetar y cuidar la biodiversidad e implementar carreteras más seguras para la fauna silvestre para ir en ayuda o contrarrestar de cierta forma lo que está sucediendo. Por ahora, el destino (y cuidado) de los pudúes queda en manos de los ciudadanos.











