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Una plaza llamada Italia

En abril comenzaron las obras para reabrir uno de los accesos del metro Baquedano, el también llamado “Jardín de la resistencia”, y el jueves 11 de mayo el Gobierno confirmó el fin de la rotonda, como parte del plan de remodelación Alameda-Providencia. La denominada “Zona Cero” ya no es un campo de batalla entre Carabineros y manifestantes, y tampoco reúne a más de un millón de personas marchando. ¿Esto marca el fin de aquello que comenzó en octubre de 2019? ¿A qué ‘normalidad’ volvió este punto de la ciudad? ¿Y cómo le decimos ahora: Plaza Italia o Plaza de la Dignidad? Sin certezas definitivas, deambulamos en busca de algunas respuestas.


Fotos por Constanza Pérez


“Tobalaba es bonito”, enfatiza. Tres mujeres conversan a las afueras del metro Baquedano, parecieran ser madre e hijas, tía y sobrinas. Una de ellas había venido pocas veces a Santiago, dice. Que Santiago es feo, pero Tobalaba es bonito, recalca marcando la diferencia con el punto donde están paradas. “Dejado de la mano de Dios”.


Personas cruzan apuradas de una vereda a la otra y un bus Turistik pasa vacío por la rotonda a las 18:07. ¿Qué podría comentarles de este lugar el conductor a los pasajeros? ¿Con qué nombre lo presentaría? ¿Baquedano? ¿Plaza Italia? ¿Plaza de la Dignidad? ¿Zona cero? Este lugar que, desde el 18 de octubre de 2019 en adelante, albergó a jóvenes, adultos, personas de la tercera edad con pancartas donde se leía “Educación gratuita y de calidad”, “NO+AFP”, “Justicia”. Donde se oyeron gritos como: “El que no salta es paco”, y otros que dieron la vuelta al mundo: “El violador eres tú”. Gritos de dolor por las tardes que terminaban en enfrentamientos entre la primera línea y Carabineros.


Este lugar en el que se impregnó el olor de las lacrimógenas, donde dos carabineras fueron heridas con bombas molotov, donde el agua de los guanacos impactaba a los manifestantes y luego corría por el cemento, y donde se dispararon más de 900 perdigones entre octubre de 2019 y diciembre de 2020, según un análisis realizado por Documenta.


Pero llegando a la avenida Andrés Bello es otra la pregunta que se escucha en la calle a esta hora: ¿Dónde están las atrevidas y todas las guachas moviendo el toto? Un hombre de polera verde y jockey baila al ritmo de ‘Todo lo que quieren las guachas, fuman, toman y se arrebatan’. Algunas personas lo miran mientras esperan que el semáforo cambie de color, otras llevan el ritmo con su mano contra el muslo.



De pronto, ya no es cumbia lo que se dispara desde el parlante, sino un techno house ochentero de clases de aeróbica. Pero el hombre no se tira contra el suelo, solo mueve piernas y brazos. Cuando finaliza, me acerco.


“Estoy haciendo un artículo sobre cómo suena Baquedano”

–Yo no vengo siempre, ahora me voy al Bella.

Reformulo, insisto.

–…no me gusta hablar porque después soy mala leche.

Reformulo, trastabilleo, insisto.

–Es que estoy ocupado, estoy contando las monedas yo.


Y las guarda en un su banano rosado, grande, a punto de reventar. Y no saca la mirada de ellas y mueve el hombro porque no está ni ahí con responder las preguntas de un periodista, menos sobre este lugar que, con la llegada del coronavirus quedó a la deriva, rayado, abandonado, descrito por los vecinos como una zona de guerra. Por las dudas, le aclaro que el artículo no se trata del estallido, ni de la pandemia.


–Yo bailo no más.

“¿Y qué tiene su playlist?”

–Salsa, merengue, techno, house…

“¿Y la gente le pide canciones?”

–Yo pongo lo que me gusta.


No hay mucho más que hablar. Nos damos la mano. Le doy las gracias. Y mientras espero que den la luz verde, creo oírle la respuesta que le da al vendedor de energéticas que las tiene heladitas en un carrito de supermercado: “Puras hueás”.


A lo mejor eso estoy preguntando: puras hueás.


Una grúa amarilla se mueve monótona al centro de todo, a metros del plinto vacío que pasó del morado a los colores de la bandera lgbtq+, del negro alquitrán al blanco, y del que fue removido el General Baquedano el 11 de marzo de 2021. El cielo está rosado y a las 18:32 se encienden las luces. ¿A qué huele?


A fritura.

A marihuana.

A cigarro.

A motores de micros.


¿A qué suena?

A bocinazos.

A tablas de skate contra el piso.

A conversaciones de amantes, familiares, conocidos, personas solas con audífonos inalámbricos y amigos caminando frente al Teatro de la Universidad de Chile.


“Van a hacer un corredor”, le dice un joven al otro.

–Van a sacar todo, van a remodelar la rotonda– le responde su compañero.


El jueves 11 de mayo la ministra del Interior y Seguridad Pública, Carolina Tohá, anunció el fin de la rotonda como parte del proyecto de remodelación Alameda-Providencia. Y el 3 de abril iniciaron las obras para reabrir uno de los accesos del metro Baquedano, el también llamado “Jardín de la resistencia”. Por esto último hay muros gigantes en los alrededores, donde se leen consignas que van de los denominados “presos del estallido” hasta dudas por el avance de la inteligencia artificial: “¿Cómo evitar que la IA nos mate?”.



¿Te puedo hacer tres preguntas?, me dice un hombre de traje café, papel en mano y mochila al hombro.

¿Consideras que tienes un buen sueldo?

¿Tienes tiempo para tu familia?

La tercera no la recuerdo, pero perfectamente podría ser la que Alfredo Jaar consultó en los ochenta: ¿Es usted feliz?


Las respuestas no pretenden ser representativas y los datos no serán publicados, pero así es posible llegar a personas que quieran trabajar en una empresa brasileña de cosmética que lleva casi dos años en Chile. Ricardo me aclara que si a alguien le interesa el emprendimiento –porque no es un puesto de trabajo, sino un emprendimiento, recalca–, se puede contactar con él.


Conversamos, me explica que vive detrás de ese edificio, señalando la Torre Telefónica, ese en el que durante siete noches consecutivas de 2019 Delight Lab proyectó:

DIGNIDAD

DIGNIDAD!!

NO ESTAMOS EN GUERRA! ESTAMOS UNID@S!,

¿Dónde está la RAZÓN?

Que sus rostros cubran el horizonte: Romario Veloz, Alex Núñez, Kevin Gómez, Manuel Rebolledo, José M. Uribe.

¿Qué entiende usted por DEMOCRACIA?

Por un nuevo país, Chile despertó.


“¿A qué te suena hoy Baquedano?”

–Como un ataque zombie –se ríe.– Estamos como partiendo el período cataclísmico. Eso es lo que yo veo hoy, porque antes Baquedano era hermoso, pero con todas estas cosas que invaden el espacio público se ve raro, no es acogedor. Por ejemplo, estos muros y estas construcciones que están aquí; es una invasión que hace perder la vista y el entorno, no es ni parecido a lo que era hace unos años atrás.


“¿A qué te recuerda Baquedano?”

–No es el centro específico de Santiago, pero casi. Todas las celebraciones que se hacían antes acá, eventos y cosas importantes. Es un punto de encuentro súper común en la memoria colectiva de la gente. Hoy estamos en un período de transición que no sé si realmente representa eso, pero a eso me recuerda: a un punto de encuentro.


“¿Y qué te gustaría que pasara con este punto de encuentro?”

–Que tuviera vida. Aquí entra y sale mucha gente del metro, es tremendamente concurrido este punto central. Entonces, podría tener una vida diferente, ser más acogedor.


Ya comienza a hacer frío. No hay rastros de manifestaciones a favor o en contra de la publicación en el Diario Oficial de la Ley Naín-Retamal hace unos días.Extrañamente, no hay ningún vehículo blanco de Carabineros resguardando la Plaza Italia, sólo una pareja sentada contemplando el plinto vacío al atardecer.



Cuando tres semanas más tarde vuelvo a deambular por estas mismas cuadras, me encuentro con situaciones parecidas a las de abril, las que perfectamente podrían ser de una película de Raúl Ruiz: una estudiante con su mamá que para el liceo me preguntan qué es el Estado de Excepción y sus cuatro tipos, o un hombre que cobra luca por la observación de cráteres de la luna a través de un telescopio. Me acerco al kiosco metálico frente al Teatro de la Universidad de Chile y a Pilar, la mujer que ahí ha trabajado toda su vida, le repito las preguntas.


“¿Qué piensa cuando le digo Baquedano?”

–Pienso lo mismo de siempre.


“¿Y qué sería lo mismo de siempre?”

–Que está más horrible no más –ríe.– Que está espantoso, pero yo creo que de a poco se va a ir arreglando, pienso, no sé.

“¿Qué recuerdos le trae Baquedano?”

–Lindos recuerdos. De la plaza. La tranquilidad. Del mundial, de los tenistas Marcelo Ríos y el otro chico, o de cuando Cecilia Bolocco salió Miss Universo, todas las celebraciones. Maravilloso, precioso. Ahora hay mucha delincuencia.


Hoy no hay celebraciones que desborden Baquedano como las que recuerda Pilar o los años nuevos o los triunfos de la Roja en la Copa América o las concentraciones para el 8M o el concierto gratuito de la Orquesta Sinfónica Nacional o la marcha más grande de Chile, a la que asistieron un millón doscientas mil personas, pero a la que ella se restó porque nunca ha salido a marchar, “veo todo de aquí porque tengo que trabajar”. No hay festejos como el del 25 de octubre de 2020 cuando el apruebo ganó con un 78%, ni como el del 4 septiembre de 2022 cuando ganó el rechazo con un 61,9%.



Y mientras Mecano decreta: Luna quieres ser madre y no encuentras querer que te haga mujer desde un parlante, seguimos conversando. Cuenta que vivió los años del estallido como una guerra. Horrible. Atroz.


“Pero mantuvo en pie su negocio”.

–Mira, pa que te cuento. Quedó solamente esto, todos los negocios los destruyeron. Hace poquito vinieron a colocar el techo pero mira cómo está –y muestra un costado del kiosco, cubierto por una tela de pvc–. Trabajaba con mi marido y a ratos, porque de repente no se podía. Cuando la cosa estaba un poco más calmada se quedaba mi marido, pero me iba súper nerviosa porque no sabía qué le podía pasar. La única cosa que me tranquilizaba un poco es que estaban aquí estos chicos de la cruz…


“¿Roja?”

–Cruz Roja. Una cachá de cruces, que estaban ayudando a la gente que… a la gente que estaba… o sea, es que esta gente se enfren… o sea, la gente se enfrentaba con Carabineros y yo no sé po, entre ellos, no sé. Pero de repente venían todos y aquí los de las cruces los ayudaban.


Pucha qué nos cuesta describir: a Pilar, a mí, a ti. Encontrar las palabras adecuadas para recordar. “Mi único país es mi memoria y no tiene himnos”, decía esa frase de Alejandra Pizarnik que, tras haber sido impresa y reproducida en múltiples formatos, ahora no veo pegada en ninguna parte. ¿Qué pasa con nuestra memoria? ¿Qué decidimos recordar cuando votamos? ¿Cuando escogemos consejeros constitucionales para un nuevo ensayo? Por eso le pregunto a Pilar por este lugar que, a esta altura y sin ánimo de ser centralista, es como preguntar por Chile.


“¿Qué le gustaría que le pasara con Baquedano?”

–Que hubiera mucha tranquilidad, no sé, yo me quedo con los recuerdos lindos, nada más.


“Se está debatiendo qué se hace con la plaza, ¿a usted qué le gustaría?

–No lo he pensado porque ni siquiera he visto noticias. Así que tendría que pensar un poco. Pensar.

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