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Ubeimar Ríos: “El fracaso puede ser permanente, pero nunca definitivo”

Retrato de Ubeimar Ríos por Andrés Escobar.
Retrato de Ubeimar Ríos por Andrés Escobar.

Durante más de tres décadas enseñó filosofía en un colegio. Después protagonizó una de las películas colombianas más celebradas del último tiempo. Ahora, recién jubilado, vuelve a caminar las mismas calles de siempre mientras intenta responder una pregunta mucho más difícil que cualquier premio: qué hacer con el resto de la vida.

Hace un mes Ubeimar Ríos se jubiló. Mientras la mayoría imagina el retiro como el comienzo de una vida más lenta, la suya empezó a acelerarse. Después de protagonizar Un poeta, la película colombiana que lo llevó de los salones de clase a los festivales internacionales, el profesor de filosofía cambió las reuniones de padres de familia por entrevistas, los horarios escolares por vuelos y la rutina de El Carmen de Viboral, el pueblo en el que vive, a 40 kilómetros de Medellín, por una agenda que todavía intenta comprender. Sin embargo, todas las mañanas sigue despertando a la misma hora de cuando enseñaba.


El día empieza temprano. Se levanta, prepara café y se queda un rato en silencio mirando el patio, un ritual que antes no tenía tiempo de hacer. Clara Elena Vélez, su esposa, lo observa de reojo; ella conoce bien las señales de cuando Ubeimar se mete demasiado adentro de sus propios pensamientos, una costumbre que se le agudizó después de meses de vivir, comer y dormir como Óscar Restrepo, el poeta borrachín que interpretó en Un Poeta. Fue ella quien lo trajo de vuelta cuando el personaje amenazaba con quedarse instalado en él. Ahora, jubilado, Ubeimar dice que ese trabajo de volver a ser él mismo lo hace todos los días, apenas se levanta.


Después del café llegan las llamadas. Aunque ya no tiene que entrar a ningún salón de clase, su agenda sigue llena de fechas que antes ni imaginaba: festivales, premios, viajes. Contesta el teléfono a mitad de cualquier conversación, negocia fechas, agradece invitaciones, y vuelve a sentarse como si no hubiera pasado nada. La fama, dice, lo agarró sin que él lo buscara, y ahora le toca aprender a administrarla con la misma disciplina con la que durante años organizó el Festival Internacional de Poesía de Rionegro o el club de lectores en sus colegios.



A media mañana, si no hay viaje pendiente, camina hasta la Casa de Poesía o se sienta a leer algo que tenía atrasado. La pensión le devolvió algo que el profesorado y el cine le habían robado de a poco, dice; el tiempo para no hacer nada productivo, para simplemente estar. Sigue yendo a los mismos sitios de siempre, saluda a los mismos vecinos, y aunque ahora hay miradas distintas en la calle y alguien que le pide un autógrafo con letra que él mismo confiesa fea, insiste en que la dinámica de su vida no debería cambiar Sabe que la fama es efímera y que, como ha repetido en cada entrevista, en menos de lo que canta un gallo todo esto va a pasar.


Por la tarde, si está en El Carmen, pasa por el colegio aunque ya no le toque entrar. Sus antiguos estudiantes lo reciben con la misma burla cariñosa de siempre: que el profe famoso, que les traiga cositas de los viajes. Es ese contacto, dice, el que lo mantiene anclado a quien era antes de que una cámara lo convirtiera en Óscar Restrepo. La noche la cierra temprano, casi siempre con Clara, revisando el calendario de la semana entrante: una entrevista, un vuelo, un ensayo de la banda que todavía no piensa dejar. Ubeimar Ríos lleva un mes pensionado y, a su manera, sigue trabajando tanto como siempre, solo que ahora el salón de clase quedó atrás y el escenario es el mundo entero.


— Hablas del fracaso con mucha naturalidad. ¿Qué lugar ocupa en tu vida?


"El fracaso ha sido un compañero permanente. Por más logros que uno alcance, siempre hay otros aspectos de la vida en los que fracasa. No somos de una sola dimensión: puedo estar muy contento porque estoy recorriendo ciudades del mundo, pero hay cosas que nadie sabe y que también me hacen sentir un fracasado. Por eso me gusta tanto una frase que David Betancourt, un gran escritor colombiano, suele citar de Churchill: 'El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo'. Así me pasa a mí. Aunque haya dicho 'ya no más', a los pocos días vuelvo a intentarlo".


Con el Festival Internacional de Poesía de Rionegro, por ejemplo, muchas veces fracasamos económicamente. Perdimos plata, y perder plata también es fracasar. Uno dice 'no más', pero pasan los meses, vuelve el entusiasmo y termina haciendo otra vez lo que le apasiona".


— ¿Qué permite levantarse después de un fracaso?


"Al principio uno se queda quieto. Incluso cuesta levantarse de la cama cuando llega la frustración. Hay personas que permanecen ahí, aunque tengan que seguir trabajando, y otras que abandonan todo porque entran en una espiral de presión. Yo creo que llega un momento en que hay que decir: 'Bueno, ya fracasé en esto, pero todavía quedan muchas otras cosas por hacer'. Tal vez esas salgan bien. No tiene ningún misterio: es entender que la vida siempre ofrece más posibilidades que ese fracaso puntual."


— ¿Cómo definirías el fracaso?


"Es un estado de la vida que, en muchos casos, puede ser permanente, pero nunca definitivo. Suena contradictorio, pero me refiero a que puede acompañarnos durante días, semanas o incluso más tiempo, y aun así es posible salir de él. Ese 'no ser definitivo' debería ser la regla, aunque, por desgracia, hay personas que no logran superar un fracaso. Para mí, el fracaso es ese estado difícil que no podemos permitir que se instale para siempre".


— Después de tantos años enseñando, ¿qué ha cambiado más: los estudiantes o los profesores?


"Han cambiado más los estudiantes. Les tengo mucho cariño y admiración a las nuevas generaciones. Nosotros solemos decir que los jóvenes no quieren hacer nada, pero quizás lo que ocurre es que no quieren hacer lo que nosotros les proponemos. En cambio, los profesores hemos cambiado menos de lo que creemos. A veces hasta me da culpa verlo: hay docentes que siguen enseñando con el mismo libro de filosofía de hace treinta años, repitiendo prácticamente la misma clase, cuando hoy existen herramientas que podrían acercar mucho mejor esos contenidos. Los jóvenes tienen intereses distintos. Algunos ya ni siquiera quieren ir a la universidad; desde el colegio están explorando otros caminos para aprender. Como en todas las generaciones, hay de todo: quienes leen la realidad con mucha lucidez, quienes tienen una enorme imaginación y quienes acumulan muchísimo conocimiento. En cualquier caso, hoy tienen más posibilidades que nunca".


— Vivimos un tiempo marcado por la guerra, la incertidumbre y las malas noticias. ¿Cómo se piensa el futuro en medio de todo eso?


"Es la gran paradoja que vivimos. Creo que, al paso que vamos, estamos asistiendo al principio del fin del mundo; no me parece una idea descabellada. Pero, al mismo tiempo, hoy ya se habla con seriedad de la inmortalidad del ser humano, algo que hace veinte años habría parecido una locura. Los muchachos saben que están viviendo un momento extraordinario y se la juegan toda. Hay jóvenes de 15 o 16 años levantando emprendimientos, otros dedicados por completo al deporte. Siento que están aprovechando cada instante que la vida les regala. En medio de tantos cambios, es difícil hacer afirmaciones categóricas".


— ¿De dónde sacas esperanza?


"De los jóvenes. De mis alumnos. De tantos muchachos que trabajan con la idea de cuidar el planeta. Hay esperanza en una generación que es consciente de los problemas que vivimos y que, poco a poco, puede ayudar a cambiar las cosas. O, al menos, permitirnos ser testigos de algo distinto en medio del caos."


— ¿Ser poeta consiste en escribir o también en una forma de mirar el mundo?


"Cuando hablamos de un poeta, hablamos de alguien que escribe. El poeta es quien trabaja su oficio, quien entrega su vida a una obra escrita. Todos podemos ser sensibles, emocionarnos o amar la poesía, pero yo no llamaría poeta a alguien que no escribe de manera constante."



— ¿Qué te enseñó la poesía que no te hubiera enseñado la filosofía?


"Aunque parezcan disciplinas lejanas, están profundamente emparentadas. La filosofía también busca comprender la experiencia humana, pero la poesía me toca de una manera más directa. En los momentos difíciles, cuando la vida se pone cuesta arriba, yo encuentro más refugio leyendo poesía que filosofía. La poesía me lleva a las emociones y a una lectura mucho más íntima de lo humano."


— A menudo se dice que la poesía es elitista o difícil. ¿Por qué persiste esa idea?


"Porque existen verdaderos monstruos de la poesía, personas que han dedicado toda una vida al oficio de escribir. Ese nivel de trabajo intelectual puede hacer que parezca un territorio reservado para unos pocos. Pero la poesía no les pertenece solo a ellos. Es de todos. Por eso uno encuentra personas que quizá nunca serán muy estudiadas ni muy leídas y que, sin embargo, cuando escriben o recitan un poema, logran algo profundamente hermoso."


— ¿Cómo fue dejar la docencia después de tantos años?


"Fue duro, aunque ya estaba cansado. En los últimos cinco años habría preferido quedarme en la casa con mi señora. La película también fue preparando ese camino. Para grabarla pedí una comisión de casi dos meses; después vinieron otros permisos y, este año, una nueva comisión de tres meses. Alcancé a hacer clases un mes después de uno de esos viajes y entonces presenté mi carta de retiro. Después llegó la nostalgia. El primer día fue muy duro, por todos los recuerdos. Quiero profundamente mi profesión, pero estoy muy contento con la decisión. Mucha gente dice que cumplí un sueño con la película, y eso me da risa, porque nunca soñé con actuar. Mi verdadero sueño era llegar a la edad de pensionarme y salir al otro día. Y lo logré: por apenas ocho días de diferencia. Cumplí la edad, tenía el tiempo de servicio y me retiré. Ese sí era mi sueño. Probablemente pude hacerlo gracias a la película; de lo contrario, habría tenido que seguir trabajando algunos años más."


— ¿Qué viene ahora?


"No sé si hablar de sueños; prefiero llamarlo una visión. Mañana tenemos un concierto con Poiesis, aquí en El Carmen de Viboral, un ensamble de poesía y rock. En agosto vamos a grabar en Bogotá, en los estudios de Nicolás y Sus Fumadores, y después vienen conciertos en Medellín y otros festivales. También sigo dirigiendo el Festival Internacional de Poesía de Rionegro, cuya próxima edición será en noviembre. Además, hace poco hice un casting para otra película. En los próximos días sabré si resulta. Me gustaría vivir esa experiencia otra vez y descubrir si realmente tengo facultades como actor."


— ¿Qué piensas del remake estadounidense de Un poeta?


"Me da risa y mucha curiosidad. Me alegra muchísimo por Simón, porque se merece todo lo que le pase; siempre está pensando en su próxima película. Tengo curiosidad por saber quién interpretará al poeta, cómo adaptarán la historia al contexto estadounidense y qué harán con el personaje. A mucha gente le molesta la idea del remake, pero a mí no. Al contrario: creo que despertó aún más interés por ver la película original."



— Nunca buscaste ser actor y, sin embargo, terminaste en Cannes. ¿Qué significa hoy el éxito para ti?


"De alguna manera terminé representando el sueño de muchas personas. Pero, para mí, el éxito consiste en poder hacer lo que uno quiere, independientemente de las consecuencias. Lo que me pasó no era un sueño. Todavía me preguntan si lo fue, pero yo nunca imaginé estar en Cannes. Fue una experiencia extraordinaria, algo que un año antes ni siquiera se me cruzaba por la cabeza. Trato de vivir el presente y de trabajar en lo que realmente me interesa, sin la presión de pensar que ahora tengo que mantenerme en un lugar. De hecho, si uno mide el éxito de esa manera, hacer otra película sería un riesgo enorme, porque lo que ocurrió con Un poeta probablemente no vuelva a repetirse. Bastaría un titular para pasar del éxito al fracaso. Por eso prefiero no pensar demasiado en esas categorías. Lo importante es hacer aquello que uno siente que debe hacer y estar tranquilo con esa decisión."


— ¿Cómo es hoy un día cualquiera en tu vida?


"Ahora mismo sigo aprovechando las oportunidades que aparecieron gracias a la película. Hasta fin de año, al menos, trabajaré con Señal Colombia en Colombia verso a verso, como presentador.  La próxima semana viajo a los Llanos Orientales durante diez días; después iré a Salento y luego a Cali. Cuando estoy en casa disfruto de las cosas simples: salgo a caminar con mi señora, leo cuando tengo ganas y casi siempre doy una, dos o tres entrevistas, como esta. También están los trámites de siempre. Vivo en El Carmen, pero muchas veces tengo que ir a Rionegro para resolver asuntos como la pensión o las cesantías. En realidad, nunca faltan cosas por hacer."


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