Matías Catalán, actor de 'La mirada del flamenco': "Mi idea de éxito es sobrevivir"
- Emilia Cabrera
- hace 7 horas
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Matías Catalán atiende el llamado desde su casa en Santa Cruz, adonde se fue a descansar unos días después de presentar La misteriosa mirada del flamenco en Brasil. El descanso es relativo: ayer escribió un monólogo, hoy lo borró entero. Aunque es el rostro de una de las películas chilenas más comentadas a nivel internacional, Matías habla desde la misma incertidumbre de siempre: sin proyecto fijo, pensando cómo hacer las lucas este mes.
Matías Catalán llegó a pesar 49 kilos. Sin cejas, con el pelo cayéndose, habitando el cuerpo de Flamenco: una persona joven del norte minero de los años 80 que se desvanece frente a una enfermedad que nadie nombra, pero que todos castigan. Así entró al Festival de Cannes, donde 'La misteriosa mirada del flamenco' —la cinta de Diego Céspedes— se llevó el Grand Prix en Un Certain Regard y dejó a Chile en la primera línea del cine mundial. Incluso, la película representa al país en los Oscar y Goya 2026.
Hoy está en Santa Cruz, VI Región, en la casa de su familia, descansando. O intentándolo: lleva dos días allí y ya escribió y borró un monólogo entero. Antes de esto estuvo en Brasil. Después se va a Panamá. En el medio, el mismo paisaje de siempre y el que se repite en la mayoría de actores y actrices del país: no tiene un proyecto fijo y está pensando ya en cómo llegar a fin de mes.
Catalán se formó en la Universidad Mayor y construyó su carrera en las tablas, en obras donde el cuerpo era el instrumento principal. El teatro primero, siempre. El cine llegó después, cuando sintió que estaba listo. Cuenta que de repente te cae un proyecto, un sueldo que hay que estirar, y después meses de castings y silencio hasta que algo vuelve a aparecer. Así han sido estos cinco años.
Tiene 28, y quizá porque está cerca de los 30, algo empieza a moverse adentro. Aparece el deseo de la estabilidad, de algo que dure, de un departamento, ojalá. Aunque él dice esto sin drama: "Es una incertidumbre constante, pero es lo que decidí y me hace muy feliz", avisa.

Vienes de Cannes, pasaste por Brasil y te vas a Panamá. Y sin embargo estás acá, en Santa Cruz. ¿Cómo se vive esa distancia entre los festivales y la realidad?
"Es loco, porque uno va a los festivales, está en diferentes países con todas las estrellas del mundo, pero después uno vuelve a su casa y a la realidad que tenemos todos los actores: la inestabilidad. Grabamos algo y después estamos meses sin pega, yendo a castings y siendo rechazados o no".
Si tuvieras que definir tu idea de "éxito" en una sola palabra, ¿cuál sería?
"Sobrevivir. Literal. Poder vivir del arte, de lo que amo, que es actuar. Si yo no actúo, me muero. Por ejemplo, ahora llevo dos días descansando y mi cabeza no para. Ayer me puse a escribir un monólogo, hoy lo borré entero. Mi éxito no es la fama ni la exposición, es tener trabajo. Poder dedicarme a esto y vivir tranquilo".

Tú vienes del teatro, ¿Cómo fue ese salto a la pantalla grande?
"Fue muy orgánico. Yo creo que el teatro es el padre de la representación. Estudié teatro, hice teatro toda mi vida y no quise hacer cine hasta estar bien confiado en que lo hacía relativamente decente. El cine me insegurizaba mucho. En el teatro uno mete los pies al barro, todos hacemos de todo, es súper colectivo. De hecho, ahora que terminé de grabar una serie y estoy libre, quiero puro hacer teatro. Estoy viendo cómo juntar gente, de dónde sacar fondos, porque como estuve metido en el cine, me siento medio 'guachito' en el teatro. Y el teatro no se puede hacer solo, se hace con gente".
¿Hacia dónde apunta tu interés creativo hoy?
"Siempre he sido muy político. Ahora que el escenario de Chile cambió, tengo ganas de abordar los riesgos que conlleva que gobierne la extrema derecha en un país que venía del progresismo. Me dan ganas de hablar sobre lo que podemos perder, sobre lo que está en riesgo. Aunque también me dan ganas de hablar sobre el amor, la amistad, la soledad. Esa es la dualidad del actor: queremos representarlo todo, depende de cómo amanezcamos".
¿Crees que para el sector cultural es un desafío o una oportunidad trabajar en este contexto político?
"Es un desafío en cuanto a oportunidades laborales, porque se dejan de financiar puntos de cultura; la cultura siempre es la que sale más dañada cuando gobierna la extrema derecha. Pero también es una oportunidad porque, cuando el enemigo, o lo que nos molesta, está en el poder, dan más ganas de gritarles, de explicarles lo que nos pasa. Eso nos vuelve más inquietos y creativos. Cuando estamos más "aguachados" en un gobierno progresista que se alinea a lo que pensamos, a veces nos quedamos en una calma creativa".
"El cine chileno está en una casi primera línea mundial. La gente no se da cuenta lo magnífico que es el nivel de actuación que hay acá, tenemos actores clase A", Matías Catalán, actor.
En La misteriosa mirada del flamenco hay una entrega física. Bajaste mucho de peso, cambiaste tu imagen radicalmente. ¿Cómo se gestiona que el personaje no te termine consumiendo?
"Tuve un cambio físico extremo: llegué a pesar 49 kilos, tenía el pelo largo, sin cejas, me veía enfermo. Y mi pelo estaba pajo porque no me estaba alimentando bien por mi obsesión con el personaje. Flamenco tenía una carga interna súper tóxica, una necesidad de entregar amor sin recibirlo. Cuando terminamos, pedí por favor cortarme el pelo para sacarme esa carga. Ahora trato de estudiar todo antes de grabar para que, cuando llegue el día, no tenga que estar en la casa volviendo a vivir el personaje. Si no, es muy dañino, sobre todo con estos personajes que sufren tanto".
¿Qué te dice tu familia, allá en Santa Cruz, de todo esto que te está pasando?
"Mi familia es de campo. Mi tía agarró un micrófono en una cena familiar y contó lo de Cannes frente a todos; mi papá anda con el diario en la mochila mostrándole a la gente que salí como "actor revelación". Hay una sensación de que lo estoy logrando, pero el día a día no cambia. Estoy acá con ellos pensando en cómo voy a hacer las lucas este mes porque no tengo proyecto fijo hasta dentro de un tiempo. Así han sido estos cinco años: estoy al borde de quedar cesante y me llega un proyecto, y así voy. Es una incertidumbre constante, pero es lo que decidí y me hace muy feliz".
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Al final, la transfiguración de Matías Catalán no terminó en el set de rodaje ni se quedó en la figura frágil que posó frente a cámara. Su verdadera transformación es esa capacidad de despojarse del ego del actor premiado para volver a mirar de frente el paisaje de su casa en Santa Cruz. Se queda ahí, habitando ese espacio entre la gloria internacional y la fragilidad del próximo mes, recordándonos que el arte en Chile no es solo cuestión de talento si no de limitadas oportunidades.



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