Te recuerdo, Amanda

Ha pasado más de medio siglo desde el golpe de Estado. Las mujeres que dedicaron su vida a buscar a sus seres queridos han envejecido y algunas, como Amanda González, ya no están. Sus familias guardan ahora las historias que ellas contaban, sus preguntas y sus pequeñas costumbres. A casi tres años de la partida de su abuela, quien buscó a su hijo detenido desaparecido y ayudó a recuperar Villa Grimaldi, Tamara se pregunta cómo acercar su recuerdo a las nuevas generaciones que no crecieron con ella, a los niños de la familia que no alcanzaron a conocerla. Cómo contarles su lucha, qué decirles y qué no, cómo explicarles el sonido de su voz, su sentido del humor y la manera en que los reunía a todos.
En mi casa, los pajaritos van de a dos. Eran de Amanda, mi abuela. Mi mamá dice que tienen que estar juntos para que se acompañen, como decía la suya. Amanda coleccionaba esas y otras figuritas, también gatos, y tenía la costumbre de guardarlas en parejas. Ahora sus pajaritos viven entre los conejos, los gatos de la suerte y las guaguas desnudas con pequeñas alas que yo he ido reuniendo. Los acomodo siguiendo su regla, y en ese gesto encuentro algo de ella. Algunos de los objetos que más me recuerdan a mi abuela nunca fueron suyos.
También tengo unos platos suyos colgados en la pared. Mucho antes de que muriera le había dicho: «Amanda, el día que me case me quiero casar con esa loza». Le decía Amanda, así, por su nombre. Hoy esos platos están conmigo. Los miro y le agradezco que me los haya dejado.

Mi abuela se llamaba Amanda González. Cuando pienso en ella, la veo con su pelo rubio, un abrigo y el pin con la fotografía del Cano. Era delgada, de cara angulosa y rasgos finos, pero su presencia llenaba cualquier espacio. Tenía una manera especial de hablar y esperaba que todos fuéramos educadísimos, incluso en las conversaciones más cotidianas. Con los años se fue volviendo menudita, aunque en mi recuerdo sigue siendo grande.
El Cano era su hijo, Alejandro Arturo Parada González, mi tío. Estudiaba Medicina Veterinaria en la Universidad de Chile y militaba en las Juventudes Socialistas. Tenía 22 años cuando la DINA lo detuvo, el 30 de julio de 1974. Fue visto en Londres 38 y, según testimonios de sobrevivientes, en Cuatro Álamos. Sigue desaparecido.
No recuerdo la primera vez que me explicaron su ausencia. Recuerdo, en cambio, que cuando entré a kínder mi mamá me dijo que mejor no hablara de política, ni contara que tenía un tío detenido desaparecido. Había vuelto la democracia, pero en su generación persistía el miedo. Para quienes seguían buscando, era difícil tener la certeza de que ya nadie los vigilaba.
Yo guardé el secreto casi toda la jornada. Había pasado el día con una niña y, cuando ya faltaba poco para irnos a casa, recuerdo estar sentada en una banquita y contarle que tenía un tío detenido desaparecido.
No pasó nada. ¿Qué iba a entender esa niña? Yo tampoco sé cuánto entendía. Pero ya había ido a velatones y conocía la fotografía que estaba siempre en la casa. El Cano era parte de las conversaciones de mi familia, de la vida que yo conocía. Había pasado el día haciendo una amiga y, antes de despedirnos, sentí que tenía que contarle también esa parte de mí.

Mi abuela también era su casa. La casa sigue ahí y, aunque la han ido modificando en estos últimos tres años, para mí todavía guarda algo de ella. A veces los cambios me chocan. Entiendo que tienen que ocurrir, pero me cuesta ver cómo se transforma el lugar donde nos reuníamos alrededor suyo, como si en esas modificaciones también se moviera una parte de mis recuerdos.
Durante mucho tiempo la vi sobre todo en actos del Partido Socialista, en conmemoraciones y actividades de memoria. Amanda fue socia fundadora de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi. Junto a vecinos y vecinas de Peñalolén y La Reina, y a otras personas y organizaciones, se movilizó para recuperar el antiguo cuartel de la DINA y convertirlo en un lugar de memoria. Algo de su historia quedó también ahí, en ese espacio que hoy recorren personas que nunca la conocieron.
A mí me costó encontrar a mi abuela dentro de esa figura pública. Cuando fui más grande sentí rabia. Pensaba en mi mamá, en lo que podía haberle faltado mientras su madre buscaba a un hijo. Durante un tiempo responsabilicé a Amanda por esas carencias. Después, al ver cómo mi mamá abrazaba su propia historia, fui entendiendo cuánto me faltaba conocer de la mujer a la que yo juzgaba.
Había una Amanda fiestera, buena para el pisco sour y la vaina. Una vieja chucheta. Me llegaban historias de ella, pero me costaba imaginarla: era la misma dirigente a la que yo acompañaba a los actos, la misma mujer que nos exigía tanta educación. Fui aprendiendo a reunir esas versiones, a dejar que unas les hicieran espacio a las otras. Todas esas Amandas eran la misma persona. Yo apenas había conocido algunas.

No la recuerdo como una abuelita. Me ha tomado tiempo aceptar también eso, querer el vínculo que tuvimos sin acomodarlo a una imagen que nunca fue nuestra. Amanda era la mujer alrededor de la cual nos reuníamos, una presencia que nos sostenía incluso cuando no alcanzábamos a comprenderla. También dentro de la familia era una dirigenta: su casa era el lugar al que volvíamos y su historia nos atravesaba a todos. Quizás por eso le decía Amanda. Necesitaba su nombre entero para nombrar todo lo que era.
La recuerdo especialmente vulnerable en la velatón que hacía cada año por el Cano. Para ella era una manera de llamarlo a casa. Ahí la vi llorar por su hijo, mostrar un dolor que en otras ocasiones me costaba reconocer detrás de su presencia tan grande.
La velatón todavía se hace en su casa. En agosto de este año, Villa Grimaldi dio cuenta de un homenaje al Cano y a Amanda en la sede del Partido Socialista, donde se reunieron familiares, amistades y compañeros. Sus nombres siguen convocando, reuniendo a quienes los conocieron y a quienes han llegado a conocerlos a través de sus historias.
En la familia ya hay tres niños que nacieron después de su muerte. No van a escucharla hablar ni a verla entrar a una pieza. No van a crecer acompañándola a los actos, como lo hice yo. Para conocerla tendrán que acercarse a nuestros recuerdos, a lo que sepamos contarles de ella.
Y eso me aterra.
Me da miedo que la memoria se pierda y que algo de esa pérdida sea responsabilidad nuestra. No estar a la altura de la mujer que conocí, no encontrar las palabras para que puedan imaginarla. Que Amanda se vuelva solo una leyenda familiar y que, de tanto hablar de su fuerza, terminemos olvidando cómo era.
Sé que es parte de la vida. A mí me tocó estar con ella; a otros les tocará escuchar nuestras historias y hacerse una imagen propia, distinta de la mía. Haber crecido a su lado fue un privilegio. Me cuesta usar esa palabra en una historia atravesada por tanto dolor, pero pienso en el tiempo que tuve para conocerla, incluso sin comprenderla del todo. En haber escuchado su voz. En poder cerrar los ojos y recordarla sin que nadie tenga que contarme cómo era.

También me he preguntado si es necesario seguir transmitiendo un dolor tan grande: ¿seguimos buscando?. Me cuesta decirlo, como si hacerse esa pregunta fuera ya una forma de abandonar. Pero me la hago. Después vuelvo a mi abuela: murió sin saber dónde estaba su hijo. Esa pregunta quedó abierta y siento que nos toca seguir haciéndola, buscar una respuesta, contar lo que pasó para que no vuelva a ocurrir.
No sé cómo recordarán las nuevas generaciones. Últimamente me cuesta ser optimista. Quisiera contarles esta historia sin esconder mis dudas ni pedirles que sientan exactamente lo mismo que yo. Que puedan conocer a Amanda buscando a su hijo y también tomando una vaina, diciendo garabatos, reuniéndonos en su casa. Que en lo que les contemos haya lugar para toda esa vida.
En mi casa hay un pequeño marco que dice: «Alejandro Parada presente, verdad y justicia». Siento que no puede faltar. También están los platos que le pedí cuando todavía vivía y los pajaritos que fueron suyos, siempre de a dos.
Si algún día me preguntan por qué los pongo juntos, podré empezar por ahí: Amanda decía que era para que se acompañaran.



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