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¿Y qué tanto si somos todos perdedores?

La búsqueda del perfeccionismo ha hecho que distintos factores socio-políticos y culturales han favorecido la construcción de un sistema en donde se distingue a las personas que 'triunfan' en desmedro de las que son 'derrotadas', una rivalidad que trae consigo 'parámetros sociales y económicos cada vez más exigentes' . Un grupo de expertos habló con The Economist sobre este fenómeno y estas son algunas conclusiones.



Es habitual que cuando abrimos nuestras redes sociales nos encontremos con distintos ideales de perfección. Desde largos hilos en Twitter para demostrar que se tiene conocimiento sobre un tema, hasta una serie de selfies de Instagram en las que se ven rostros risueños, usualmente decorados con una selección de filtros para ocultar aspectos físicos reales que se tienen fuera de la pantalla.


Los estándares tradicionales de belleza, la necesidad de resaltar en los estudios o en el trabajo y la constante lucha por dominar la razón en discusiones que, incluso, a veces no tienen sentido, se han acentuado particularmente con la interconexión desde el punto de vista digital.

En palabras del psicoanalista de la Universidad de Londres, Josh Cohen, quien escribió un artículo sobre este tema para The Economist, aquello incita a progresivos “sentimientos de envidia, insuficiencia y anhelo en miles de millones de espectadores”.


“A menudo me encuentro con personas que se aferran a un ideal de perfección profesional, romántica, física o moral. Rara vez pasa un día sin que al menos un paciente se lamente o se reprenda por no haber alcanzado un objetivo o un estándar exigente que se haya fijado”, escribió en su columna, “la autolaceración suele verse amplificada por la creencia de que otra persona conocida habría reunido, en su lugar, el esfuerzo o la astucia necesarios para triunfar”.

Y es que precisamente, distintos factores socio-políticos y culturales han favorecido a la construcción de un sistema en donde se distingue a las personas que “triunfan” en desmedro de las que son “derrotadas”, una rivalidad que trae consigo “parámetros sociales y económicos cada vez más exigentes”, debido a factores como la saturación de los mercados laborales o las dificultades de comprar una vivienda. Para algunos investigadores como el filósofo Michael Sandel, cita Cohen, este fenómeno se relaciona directamente con el capitalismo meritocrático, el cual creó “un estado permanente de competencia en la sociedad”.


Frente a esto, la psicóloga Moya Sarner destacó al autor del citado medio que “esto hace que la vida sea delgada, vivida por lo que no es y no por lo que es. Si siempre intentas hacer de tu vida lo que quieres que sea, no estás viviendo realmente la vida que tienes".


Pero la búsqueda del perfeccionismo no solo engloba un debate moral. Según Cohen, puede generar síntomas de depresión, ansiedad, trastornos obsesivos, enfermedades psicosomáticas, pensamientos suicidas, trastornos alimentarios y dismorfia corporal, entre otros cuadros clínicos.


Puede parecer que el perfeccionismo nos impulsa a alcanzar el éxito como adultos, pero en realidad es una actitud fundamentalmente infantil”, escribió el autor, para luego sentenciar que “nos imbuye de la convicción de que la vida termina, en efecto, cuando renunciamos a la esperanza de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos (...) ese es el momento en el que la vida puede finalmente comenzar”.


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