Javiera Tapia, periodista: “Necesito a la gente. Me gusta la gente. Me interesa la gente”
- Karla Sánchez Layera
- hace 2 días
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La periodista chilena Javiera Tapia ha hecho de la entrevista su género favorito del periodismo. Su tercer libro, No tengo que ganar: mi verano con Diamela Eltit, es la prueba más reciente de ese método y su amor por las conversaciones: el retrato de dos mujeres que reflexionan sobre los tópicos que hicieron y hacen la humanidad, a través de diálogos que atraviesan desde la pequeñez de lo cotidiano hasta lo inmenso de internet.
Hay algo que Javiera Tapia tiene claro después de casi dos décadas haciendo entrevistas: cualquier conversación, sin importar el tema, termina siempre en lo colectivo. “Me gustan mucho las personas. Me gusta escuchar a la gente”, dice. Esa necesidad es, probablemente, la mejor definición de su oficio.
Comenzó su carrera en Chile como periodista musical en la extinta revista Extravaganza!, y desde entonces su trabajo se ha expandido hacia la cultura hispanohablante en general: en Palabra Pública ha escrito sobre escritoras argentinas como Camila Sosa Villada y Mariana Enríquez.
Ese mismo método —conversar largo, escuchar antes de escribir— lo ejerce también en “Reverberantes”, videopodcast en el que ha dialogado con artistas musicales de trayectorias muy distintas, como Javiera Parra, Diego Lorenzini y Anttonias, y que exponen distintas luces sobre lo que significa hoy ser músico en Chile. “Los artistas están diciendo muchas cosas, yo solo entrevisto una pequeña porción, pero el último año he visto mucha ansiedad. Eso es super evidente”, dice.
“Hay mucha ansiedad respecto a pegarse, que es una palabra que la gente empezó a usar sobre la ansiedad por despegar, por estar disponible y visible todo el tiempo, como ‘Si no tengo una novedad este mes para Spotify, cagué’, cuando sacar un disco por año me parece una brutalidad. Y siento que en los últimos años, sobre todo en la música, he visto mucho esa ansiedad de no dejar de estar. Creo que ahora eso está, al menos, entrando en crisis. Hubo un momento en que era algo que yo notaba mucho en la entrevista, pero que los artistas no lo hablaban. Ahora sí estoy viendo un cuestionamiento. Yo creo que ahora sí están teniendo conversaciones porque también lo otro es inviable, no solo a nivel artístico, sino que a nivel personal. Eso te enferma. No es sostenible en el tiempo ese ritmo, ni de creación, ni de promoción, ni de visibilidad”.
Esa misma manera de acercarse —sin apuro, dejándose llevar por la conversación— fue la que puso a prueba en su tercer libro, No tengo que ganar: mi verano con Diamela Eltit, donde ahonda en la figura literaria y performática de Eltit a través de conversaciones que atraviesan desde la pequeñez de lo cotidiano hasta lo inmenso de internet. El resultado es el retrato de dos mujeres que reflexionan sobre los tópicos que hicieron y hacen la humanidad, escrito, otra vez, desde lo popular y no desde lo académico.
Javiera la empezó a leer en la universidad, no en el colegio, y le pareció “una escritora super rara, porque escribe de otra manera, no es lineal”. Con el tiempo empezó a leer también sus columnas de opinión. “A mí me fascinaba esta persona porque no solo es escritora, fue una artista que había hecho muchas cosas en años muy difíciles”.

– Es una autora super arraigada en Chile también, nunca se fue al exterior.
“Sí, toda su obra también es muy chilena, entonces siempre me causaba mucha curiosidad ella como artista, como persona que piensa. Cuando leía sus columnas de opinión me extrañaba no verla más publicada en esa área”.
Esa curiosidad la llevó a contactar a la escritora y, eventualmente, a pasar un verano de conversaciones juntas que se convirtió en un libro. Uno que no trata a Diamela como una biografía con fecha de nacimiento y resumen de bibliografías, sino que aprovecha esos encuentros para escribir sobre Eltit en fácil, fuera de todo lo académico: “En un momento me acuerdo de hablar con el Juanma, mi editor, y decirle ‘¿Por qué nadie ha escrito en fácil sobre la Diamela? Preguntémosle de todo’. No desde una perspectiva académica, porque hay mucho escrito de ella desde ahí y eso es bacán, hay mucho estudio literario alrededor de su obra, pero igual eso queda muy en la academia”.
No tengo que ganar es el resultado de esa impronta: una recopilación de varios momentos, a partir de conversaciones que no quedan transcritas con un simple pregunta y respuesta, sino como un retrato cálido de encuentros entre dos mujeres que respiran la cultura —como hábitos, colectivo y detalles— para vivir un día más.
– ¿Cuál fue la gran diferencia en el proceso con los otros dos libros que has escrito?
“En primer lugar yo le escribí a la Diamela para conocernos, contarle la idea que tenía, porque no nos conocíamos y saber si ella quería hacerlo. Desde que aceptó y empezamos a juntarnos y yo solo estaba viviendo el proceso de encontrarme con ella, yo no escribí nada durante ese verano. Solo me juntaba con ella”.
– ¿Y transcribiste después de cada día o dejaste todo para el final?
“No, solo me dediqué a conversar con ella, leía cosas, obviamente preparaba los temas que me interesaba como preguntarle, pero no escribí nada y no tenía ningún plan de cómo iba a ser el proceso de escritura. Y abandonarme a eso fue muy diferente a los otros [libros] que, a pesar de que, claro, como todos parten del germen de la entrevista, tampoco es que puedas planificar tanto.
Las conversaciones con ella a lo largo del tiempo fueron las que también me fueron dando pistas de cómo iba a desarrollar después la escritura en el libro. Algo de lo que me hice consciente también en este proceso, que creo que no lo tenía tan claro en los otros, es que el sonido fue muy importante para mí, para hacer este libro. Yo después de juntarme con ella y tener estos archivos, hubo un tiempo, de hecho, varios meses, en que solo estuve escuchando los archivos. Los escuchaba y decía, ‘Ah, me acordé de tal cosa que decía la Diamela en el libro e iba a leer’. Creo que hay una dimensión del libro que quizás tiene que ver con esa cotidianidad, la gente me ha mencionado como una calidez en el libro. Yo creo que eso tiene mucho que ver con la escucha de esos archivos”.
– ¿Qué conversación te gustaría tener después de esto? ¿Con quién?
“Con todo el mundo. Porque hay algo que me di cuenta juntándome con la Diamela, y después escribiendo el libro: todo el rato empezábamos a hablar de algo personal, de una idea sobre el mundo o de algún libro, lo que fuera, y siempre terminábamos hablando de personas. Todos los temas terminaban en lo colectivo, y eso pasó todos los días que nos vimos.
Encontré muy bonita esa idea. Y creo que por eso me di cuenta de que quizás soy más optimista de lo que pensaba: me gustan mucho las personas. Me gusta escuchar a la gente. Ya sabía más o menos que me gustaba preguntarle cosas, porque me encanta, pero con este libro me di cuenta más profundamente: necesito a la gente, me gusta la gente, me interesa la gente”.



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