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Constanza Hermosilla Urra: “Sin fluidos la vida se detiene”

hace 2 horas
8 min de lectura

Desde sus primeras observaciones sobre el diseño y arquitectura de Concepción, su ciudad de origen, la artista, docente e investigadora Constanza Hermosilla Urra ha explorado cómo la ciudad determina o moldea el cuerpo. Desde una mirada crítica y a partir de diversos referentes de las culturas andinas, la artista nos invita a reflexionar en torno al modelo de ciudad rígido y a imaginar otro donde el lugar que se habita es amable con el cuerpo. Esa reflexión toma forma en su nueva exposición, Sistema Público de Fluidos, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) sede Quinta Normal.

En las calles San Martín, Barros Arana, Cochrane y varias otras del centro de Concepción, las fachadas de casas y edificios mantienen una estética similar. La mayoría —como la Biblioteca Central de la Universidad de Concepción—, construidas entre 1950 y 1960, incorporan elementos propios del modernismo: hormigón a la vista, teselas de colores, mosaicos vítreos, cerámicas texturadas, estas últimas elaboradas por la Fábrica Nacional de Loza (Fanaloza).

 

Con esas referencias visuales se formó Constanza Hermosilla Urra, artista, docente e investigadora, quien creció en Concepción, capital de la región del Biobío. Desde joven dibujaba los edificios que formaban parte de su recorrido diario. A partir de esa observación paciente ha creado diseños que, al combinarse y desplegarse, generan texturas, juegos ópticos y movimiento. Hay recipientes o contenedores hechos con moldes de cerámica que funcionan como verdaderos objetos de colección, pero que al mismo tiempo podrían estar al centro de una plaza en cualquier comuna chilena o la entrada de un hospital y recordarnos el flujo.

 

Desde entonces, la geometría y el cuerpo han seguido en el centro de su trabajo. En su paso por el Doctorado en Artes y Humanidades del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile (IDEA-USACH), esas inquietudes se convirtieron en una pregunta fundamental: ¿qué pasaría si las ciudades se diseñaran para acoger a todos los cuerpos, y no solo a uno idealizado, limpio y productivo?

 

En 2025 presentó Baño Público en la Galería Gabriela Mistral, una exposición en la que buscó crear un espacio habitable y funcional vinculado a la Alameda. Ahora inaugura Sistema Público de Fluidos, su nueva muestra individual, en la Sala 2 del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) sede Quinta Normal, con curaduría de Céline Fercovic. En ella, Hermosilla se centra en el cuerpo y sus fluidos, y propone la infraestructura de una ciudad ficticia para ser habitada desde los afectos.




Decolonialidad y ancestralidad material


Hermosilla también ha recurrido a la memoria precolombina. Ha investigado los sistemas de irrigación de las culturas moche y chimú, en la costa norte del actual Perú. Uno de sus referentes es Chan Chan, la capital chimú, levantada siglos después del apogeo moche. De esta última cultura ha estudiado además los huacos eróticos, vasijas de cerámica que representan escenas sexuales con gran detalle. Al incorporar esas formas en su práctica, la artista busca dialogar con ese patrimonio desde el respeto, pero también desde el derecho a reinterpretar la memoria visual latinoamericana.


Para proyectar su visión de ciudad, la artista recurrió a la unidad básica de la construcción: el ladrillo. Solo para la instalación de Baño Público fabricó a mano más de 600 piezas. En ese proceso repetitivo y exigente, el trabajo directo con los materiales le abrió nuevas preguntas. Hoy explora la cerámica, la escultura y la elaboración de baldosas, entre otras técnicas.


Mientras conversa, dibuja en su cuaderno líneas simples y suaves. Primero traza media esfera cóncava; luego le agrega un agujero en la parte superior, una ventilación. La forma se repite hasta convertirse en un patrón, que ahora traqladó a un volumen de cerámica a través del que circula agua de manera permanente.


¿Por qué buscaste referentes en las culturas precolombinas?


“Toda mi reflexión parte de la observación de la ciudad contemporánea, Concepción, Buenos Aires, Santiago, pero necesitaba un referente distinto. Al investigar sobre la construcción del ladrillo llegué a las culturas latinoamericanas. Encontré que se hallaron ladrillos marcados con símbolos. Estos corresponden a firmas de distintos clanes familiares que entregaban estos bloques como tributo o trabajo comunitario, de ahí las ideas de oficio y sacrificio".

 

Según su investigación, estas culturas pertenecen a lo que se ha llamado "sociedades hidráulicas", civilizaciones cuyos gobernantes organizaban sofisticadas redes de irrigación para distribuir la vida hacia los valles. En ese contexto, agua y fluidos corporales no eran meros recursos descartables, sino que eran parte de un ritual y ciclo vital complejo.

 

¿Qué lugar tenían el cuerpo y sus fluidos en esas culturas?

 

"En ese mismo territorio se hicieron otras vasijas que representan a las mujeres dando pecho o pariendo, y muchas representaciones de escenas sexuales. Y estas fueron encontradas en las tumbas de los gobernantes, e incluso de niños. 
Entonces era algo muy sagrado, muy importante. Existía una ontología circulatoria, es decir, la circulación de los fluidos es lo que permite la vida. Y uno dice, claro: si se corta el latido del corazón, si no tienes saliva, si no tienes sangre, no puedes vivir".

 

Entre sus referentes está la antropóloga Mary Weismantel, que estudia la iconografía de estas vasijas ceremoniales, con escenas de lactancia, partos y sexualidad. A ella se suma el filósofo Yuk Hui, quien en Arte y cosmotécnica (Caja Negra, 2025) desarrolla el concepto de "cosmotécnica": la tecnología no como un simple avance mecánico, sino como una respuesta al entorno cargada de una cosmovisión.


 

¿Qué relación ves entre tecnología y cosmovisión?

 

"Toda tecnología expresa una forma de ver el mundo. Comprender el universo a través de los fluidos se convierte en una tecnología social, y cuando los fluidos se cortan, la vida se detiene".

 

Entre los objetos que ha estudiado Hermosilla destacan las pacchas, recipientes ceremoniales precolombinos diseñados para que los líquidos circulen y se viertan. Muchas veces la vasija tiene forma humana, y esa figura a su vez carga otros recipientes. Así, el objeto encarna un flujo continuo entre la materia, la tierra y el cuerpo, el mismo que atraviesa Sistema Público de Fluidos.

 

"Las pacchas tienen la forma de una señora que, al mismo tiempo, lleva una vasija en la espalda. Tiene un cuenco con dos vasitos y líquido; lo más probable es que sea chicha. La señora tiene un vestido y, en la punta de los dedos gordos, hay un agujero", explica. Según la artista, la chicha vertida en la vasija recorría el cuerpo de la figura, mezclada con tierra, y salía por los pies, como una orina ritual que cerraba el ciclo.

 

Oficio, sacrificio y artificio


Las ideas de la exposición dialogan con el pensamiento de Silvia Federici. En Ir más allá de la piel, la filósofa feminista analiza cómo el capitalismo moldea los cuerpos para maximizar el trabajo, y frente a esa interacción forzosa es necesario reivindicar nuestra capacidad y afirmar nuestra sabiduría frente al entorno.

 

En nuestra cotidianidad en la ciudad, los ritmos de trabajo se transmiten de forma invisible y con el tiempo se condiciona y entrena el cuerpo para prepararlo y convertirlo en mano de obra. En este adiestramiento continuo corren el riesgo de volverse cada vez más rígidos. Pero tal como plantea Suely Rolnik, psicoanalista y ensayista brasileña, lo cierto es que los cuerpos son porosos, se dejan afectar y se relacionan con lo externo, es decir, están abiertos a la sensibilidad.

 

Llevar estas ideas a la práctica implica un trabajo físico exigente. Entre moler Bekron —una marca de fragüe— y respirar partículas de cemento, la artista reflexiona sobre la relación entre el esfuerzo corporal y la creación. "Hay una tensión constante entre materia e idea. Estás físicamente en el taller, moliendo materiales, y a la vez elaborando conceptos. En el proceso aparecen tres ejes: el oficio, porque requiere una técnica; el sacrificio, por la entrega y el desgaste del trabajo; y el artificio, que es la capacidad de transformar la materia en algo poético o bello", explica.

 

La exposición también dialoga con la mitología latinoamericana, en particular con un relato del pueblo ayoreo de Bolivia sobre la abuela grillo, cuyo canto trae la lluvia, y su relación con el agua en tiempos de sequía e inundación. Esa historia inspiró Abuela Grillo (2009), un cortometraje animado en el que la protagonista recorre distintos lugares y se encuentra con personajes que intentan apropiarse de ella y mercantilizar el agua, el flujo vital. El corto suele leerse como una alegoría de la Guerra del Agua de Cochabamba, cuando en el año 2000 la privatización del servicio desató protestas masivas que terminaron por revertirla. En la obra de Hermosilla, los fluidos dejan de ser un problema técnico del alcantarillado y se convierten en un asunto político, simbólico y afectivo. Vemos las gotas recorrer el trayecto hasta juntarse con otras en una especie de represa. Quizás porque están ahí a la vista, la pregunta por quién gestiona el agua y los fluidos pasa a ser, inevitablemente, una pregunta por lo público.


 

Registro de las obras Sistema Menstrual Modular y Muro de ladrillos cucharita (2026) de Constanza Hermosilla Urra en el MAC, Quinta Normal, sala 4. Foto: Felipe Ugalde
Registro de las obras Sistema Menstrual Modular y Muro de ladrillos cucharita (2026) de Constanza Hermosilla Urra en el MAC, Quinta Normal, sala 4. Foto: Felipe Ugalde

Especulación para una ciudad futura ahora


Si Baño Público proponía un espacio para encontrarse y descansar, Sistema Público de Fluidos abre una deriva más especulativa. Ya no es imprescindible que los cuerpos estén físicamente en el lugar: la muestra pone en evidencia que las estructuras que los sostienen pueden ser frágiles o simbólicas, y las presenta como una posibilidad, una microutopía practicable. "De ahí surge el deseo de experimentar con las posibilidades poéticas de los materiales", explica la artista.


Esta mirada sobre el urbanismo se vincula con la noción de lo ch'ixi, propuesta por la socióloga e historiadora boliviana Silvia Rivera Cusicanqui para pensar la coexistencia de mundos diferentes que conviven sin fundirse. Desde ahí es posible entender la crítica al espacio que Hermosilla desarrolla en su obra y en su investigación.


Su trabajo reflexiona sobre la capacidad del arte para construir ficciones que ofrezcan otras formas de habitar el mundo que nos queda. Como plantea Donna Haraway en Seguir con el problema (2019), las historias que somos capaces de imaginar pueden ayudarnos a sobrevivir a las crisis actuales y a reconfigurar nuestras relaciones, no solo entre seres humanos, sino también con otros organismos.


En Sistema Público de Fluidos, Hermosilla no busca dar soluciones cerradas, sino abrir una conversación: especular, encontrarse, perder la vergüenza y, sobre todo, desestigmatizar los cuerpos. A partir de receptáculos para distintos fluidos, la muestra invita a imaginar formas de relacionarnos más abiertas e incluso más empáticas. Desde esas ficciones de ciudades posibles, la artista propone otra manera de encontrarnos, una relación "menos pudorosa".


¿Por qué crees que nos cuesta tanto relacionarnos con nuestros fluidos?


"Mi hipótesis es que la relación que establecemos con nuestros propios fluidos determina cómo construimos el espacio que nos rodea. Con la colonización y la incorporación de la vergüenza y la culpa cristianas, comenzamos a tener una relación distinta con el cuerpo: los fluidos pasaron a ser malos, indeseables y sucios. En las sociedades precolombinas, en cambio, se usaban en rituales; la sangre o las lágrimas, por ejemplo, para hacer llover"


Yo me pregunto por qué no hay espacio para menstruar, por qué el cuerpo menstruante no se considera productivo. Lo que estoy proponiendo no me parece descabellado. Es más descabellado lo que ya existe, pero estamos acostumbrados".

 

¿Cómo cambiaría la percepción de los fluidos si fueran algo público o común?


"Podríamos tener en la casa una escultura bonita para recoger nuestras lágrimas, podría ser coleccionable. Todo se volvería menos pudoroso y más deseable, más sano. Creo que se generaría una relación íntima que no nace desde el pudor. Si como humanos nos tenemos asco a nosotros mismos, no puede surgir nada bueno; lo contrario podría llevarnos a alguna forma de sanar. La menstruación, por ejemplo, podríamos vivirla con otras personas, y no estaría relegada al ámbito privado, doméstico, encerrado en lo prohibido. Podríamos compartir recetas de agüitas para el dolor, entender los procesos y ser más empáticos. Eso nos humaniza".

Vista general de la muestra Sistema Público de Fluidos (2026) de Constanza Hermosilla Urra en el MAC, Quinta Normal, sala 4. Foto: Felipe Ugalde
Vista general de la muestra Sistema Público de Fluidos (2026) de Constanza Hermosilla Urra en el MAC, Quinta Normal, sala 4. Foto: Felipe Ugalde

Sistema Público de Fluidos, de Constanza Hermosilla. Curaduría: Céline Fercovic. Sala 2, Museo de Arte Contemporáneo (MAC), sede Quinta Normal (Matucana 464, Santiago). Entrada liberada.

 

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