En busca de la ranita de Darwin

En 2002, una investigadora contó casi doscientas ranitas de Darwin en un bosque de la costa de la Décima Región. En 2009, un veterinario volvió al mismo lugar y no encontró ninguna. Hoy la especie que lleva el nombre de Charles Darwin sobrevive en 56 poblaciones aisladas, y un puñado de científicos recorre el sur de Chile tratando de que no se repita la historia de Melimoyu.
En 2009, el chileno Claudio Azat llegó a Melimoyu, un caserío al que solo se puede llegar en bote, en la costa aislada de la Décima Región. No viven ahí más de cinco o seis familias. Siete años antes, la investigadora estadounidense Marty Crump había contado cerca de doscientas ranitas de Darwin en ese mismo bosque. Azat buscó durante días. No encontró ninguna.
Esa ausencia fue la primera señal de algo que Azat, veterinario e investigador de la Universidad Andrés Bello, lleva casi veinte años tratando de entender: la ranita de Darwin del sur —abundante hasta hace pocas décadas en buena parte del sur de Chile— está desapareciendo, y a veces desaparece del todo antes de que nadie note que se estaba yendo.
La especie lleva ese nombre porque Charles Darwin la encontró primero. En 1835, durante su vuelta al mundo, desembarcó en Lemuy, una isla pequeña frente a Chiloé. Ahí vio por primera vez a la rana, la dibujó, la recolectó y envió los especímenes a Europa para que la describieran mientras él seguía vivo. En sus notas la llamó "excesivamente abundante" en los bosques del sur de Chile. Casi dos siglos después, esa abundancia es justamente lo que Azat no logra encontrar.
En Chile hay dos especies. La ranita de Darwin del sur, Rhinoderma darwinii, vive en Chile y Argentina y está clasificada "en peligro" por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. El diagnóstico del plan de recuperación oficializado este año registra 56 poblaciones en el país, la mayoría pequeñas y aisladas. La ranita de Darwin del norte, Rhinoderma rufum, no tiene registros confirmados desde 1981. Su categoría es "en peligro crítico", con una etiqueta que dice PE: posiblemente extinta.
“Esa especie era abundante hasta los años setenta”, dice Azat. “En Chiguayante, al sur de Concepción, las casas que estaban pegadas al cerro tenían ranitas de Darwin en sus jardines a fines de los setenta y principios de los ochenta. Esas ranas ya no existen”.

El año 2010, Azat visitó por primera vez el Parque Tantauco, en el sur de Chiloé, un parque privado de la familia Piñera. Se quedó mudo cuando escuchó el bosque. “Era impresionante la cantidad de ranitas que había, era una cosa de locos”, recuerda.” Uno caminaba y había ranitas por todas partes. Si el bosque está bien mojado y húmedo, tanto el macho como la hembra cantan. Cantan como un piar de pollo, unos silbidos. Era realmente un concierto”.
Ese concierto se acabó. En 2023, los equipos que monitoreaban Tantauco confirmaron la llegada del hongo quítrido, causante de una enfermedad que ataca la piel de los anfibios. En un año, las poblaciones del parque cayeron un 90%. Un lugar que había sido, para Azat, una ventana a cómo era el sur de Chile hace ciento cincuenta años, se vació casi por completo.
“Pensemos en la ranita de Darwin no como una especie sola que vive en el bosque, sino como un conjunto de todo”, dice Bastián Santana, médico veterinario e investigador de terreno de la ONG Ranita de Darwin. “Muchas de sus poblaciones actuales están muy aisladas, reducidas a pequeños parches dentro del bosque, lo que las vuelve extremadamente vulnerables a extinciones locales. Como pasó en Tantauco”.
Azat identifica tres amenazas, en orden de importancia. La primera es la destrucción del hábitat: la ranita solo vive en bosque nativo adulto, y ni siquiera la tala selectiva para leña la deja sobrevivir. La segunda es la quitridiomicosis, el hongo que llegó a Tantauco, "como una pandemia, como el covid-19", dice Azat, detectado en especímenes de museo chilenos desde los años setenta. La tercera es el cambio climático: “Los anfibios son ectotérmicos, no regulan su temperatura como nosotros”, explica. “Si deja de llover en el bosque, el bosque se hace más seco, más susceptible a incendios que terminan destruyendo su hábitat. Y si no se incendia, el bosque seco tampoco tiene las condiciones para la ranita. Y la ranita desaparece”.
Santana agrega la variable humana más inmediata: casi todo el bosque donde vive la especie es propiedad privada. “Ya no depende del Estado resguardar el hábitat, sino de la gente que compró el terreno”, dice el experto. “Muchos compran el predio y cortan los árboles sin tapujos. La tala rasa, los cambios de uso de suelo, el ganado sin resguardo: todo interfiere con su ciclo de reproducción”.
Cuando el hongo llegó a Tantauco, hubo que actuar rápido. En octubre de 2024, 53 ranitas libres del patógeno viajaron al Zoológico de Londres para fundar una población en cautiverio. Algunos machos hicieron el viaje con sus crías dentro del saco vocal, una particularidad que fascina a quienes estudian la especie.
“Es el único anfibio del mundo donde el macho se preña”, dice Azat. “Después de fertilizar los huevos, el macho vuelve a los diez días, se traga a los renacuajos y queda embarazado por dos meses. Ahí los renacuajos viven en su saco vocal, se mueven, se nutren, crecen, y la metamorfosis ocurre ahí mismo”.
En febrero de 2025, el zoológico anunció el nacimiento de 33 ranitas, hijas de once machos rescatados. “Tienen pasaporte británico”, bromea Azat. La idea es eventualmente devolver algunos ejemplares a Chile, y enviar otros a un segundo zoológico en Leipzig, Alemania. Pero solo cuando el hongo ya no esté, o su efecto se haya mitigado. “Si no, sería liberar ranas para que se mueran rápidamente”, agrega el especialista.
Gran parte del trabajo hoy consiste en convencer a esa "gente que compró el terreno" de que la ranita también les pertenece. El proyecto "Yo Protejo Mis Ranitas" trabaja directamente con propietarios privados. “Uno de los aprendizajes más grandes es que se puede conservar de la mano de los privados”, dice Santana. “Esta conservación nace desde la confianza y la empatía. Cuando la gente ve que la ranita pertenece a su territorio, empiezan a ser guardianes del bosque”.
La ley acompaña, aunque a medias. La Ley de Bosque Nativo exige un plan de manejo aprobado por Conaf antes de cortar bosque nativo, sea cual sea el dueño del terreno. La Ley 21.600, que creó el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, le entregó a ese organismo la tarea de diseñar y fiscalizar planes de recuperación de especies. El de la ranita de Darwin, conocido como Plan RECOGE, se firmó en marzo de este año y se publicó en el Diario Oficial el 9 de abril. Contempla quince años de implementación y un costo estimado de 6,7 millones de dólares, más de la mitad destinado a restaurar hábitat.
RECOGE no partió de cero: se apoya en la Estrategia Binacional de Conservación de las Ranitas de Darwin, diseñada desde 2017 entre más de treinta instituciones de Chile, Argentina, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos. Cuando revisaron sus avances en enero de 2024, el diagnóstico fue desigual.
“Habíamos avanzado en investigación”, dice Azat. “Pero en lo que era avance con el ministerio, o conservación in situ en nuevas áreas protegidas, no tuvo mucho avance. A partir de ese diagnóstico hicimos la actualización”.

En marzo de este año, cuando asumió el actual gobierno, se retiraron 43 decretos ambientales. Entre ellos estaba la toma de razón del Plan RECOGE. Se armó un movimiento nacional en contra del retiro, y la ranita de Darwin terminó siendo uno de sus símbolos. “No es casualidad que haya sido uno de los pocos decretos que volvieron”, dice Azat. “Creo que se debe, en gran parte, a la presión del público y a todo el trabajo de educación y comunicación que hemos hecho con la estrategia”.
Azat mide el éxito con una vara más modesta que la extinción cero: que la ranita de Darwin del sur pase de la categoría "en peligro" a "vulnerable". Seguiría necesitando protección, pero habría dejado de perder terreno. “A veces parece un sueño lejano”, dice, pensando en Tantauco: el bosque donde en 2010 escuchó el concierto más ruidoso de su carrera, y que catorce años después se quedó casi en silencio.
A Santana suelen preguntarle qué beneficio tiene la ranita para los humanos. Prefiere no responder esa pregunta. “Simplemente hay que conservarla porque existe”, dice, “porque estaba en el mundo desde antes que nosotros”.


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