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Claudia Lewis: "Entender el problema no lo resuelve, pero deja de hacernos cargarlo solos"

¿Y si el problema no fueras tú? Claudia Lewis y Camilo Pino desmontan la culpa y la autoexplotación. Conoce su trabajo en @filosofiayhumor.
¿Y si el problema no fueras tú? Claudia Lewis y Camilo Pino desmontan la culpa y la autoexplotación. Conoce su trabajo en @filosofiayhumor.

¿Por qué, incluso cuando aparentemente hacemos todo "bien", seguimos sintiéndonos agotados, culpables o insuficientes? Esa es la pregunta que atraviesa ¿Por qué nos sentimos tan mal? Ideas filosóficas para sobrevivir a la vida (y a la autoexplotación) (Planeta), el nuevo libro de Claudia Lewis y Camilo Pino.

Los creadores de @filosofiayhumor llevan años demostrando que la filosofía puede salir de las aulas y dialogar con la vida cotidiana. Ella es Magíster en Filosofía y docente universitaria; él es Licenciado en Filosofía, cuenta con un Diplomado en Pedagogía y actualmente cursa un Doctorado en la disciplina. Tras el éxito de De Sócrates a Netflix, vuelven con un libro que ya no busca explicar la filosofía, sino utilizarla para entender un malestar que parece haberse vuelto parte de la normalidad.


Lo que comenzó como un breve "libro cura", inspirado en publicaciones asiáticas sobre bienestar, terminó convirtiéndose en una reflexión mucho más amplia sobre la hiperproductividad, las redes sociales, la culpa, la ecoansiedad y las formas en que el sistema moldea nuestra vida cotidiana. En conversación con Quiltra, Claudia Lewis explica por qué entender ese malestar es el primer paso para enfrentarlo.


"Estamos sujetos a un ecosistema global que nos mete en una rueda", Claudia Lewis.



Lewis sostiene que uno de los efectos más potentes del libro es la incomodidad que provoca. No porque entregue respuestas pesimistas, sino porque obliga a mirar aquello que suele pasar inadvertido.


—Al leer el libro es inevitable sentir cierta incomodidad. No es que lo que estemos haciendo esté mal, pero se siente que hay "algo detrás" de nuestra rutina que nos maneja. ¿Por qué se produce ese efecto?


"El libro produce incomodidad porque nos revela que no somos tan dueños de nuestras vidas como creemos. Estamos sujetos a un ecosistema global que nos mete en una rueda. Es una invitación a la introspección y al análisis de la propia vida. Es un poco como la alegoría de la caverna de Platón: ese relato de las personas que están encadenadas viendo sombras en la pared y piensan que esa es la realidad, hasta que uno se libera, sale y descubre el mundo real. Al volver, siente el deber moral de buscar a sus compañeros, pero darse cuenta de que uno no vivía en la realidad es difícil".


—¿Y crees que se puede lograr salir de esta rueda?


"No, a no ser de que alguien se haga ermitaño. Vivir en sociedad hoy implica estar en la rueda. Estamos en un sistema capitalista que domina el pensamiento político de cualquier gama, el impacto de las industrias y nuestros trabajos. Necesitamos vivir de algo".


—¿Cuál dirías que es el siguiente paso después de esta introspección?


"El paso fundamental es lograr una conexión real con las otras personas (...). Si no nos desarrollamos socialmente, nos vamos atrofiando. Hoy estamos muy polarizados y tendemos a cerrarnos a un solo grupo de personas, lo que nos impide ver que quienes piensan distinto también son valiosos. Esa conexión nos ayuda a sentirnos menos solos. A veces nos recluimos socialmente de forma voluntaria, pero si hacemos ese esfuerzo, ganamos muchísimo".


Tras el éxito de De Sócrates a Netflix, vuelven con un libro que ya no busca explicar la filosofía, sino utilizarla para entender un malestar que parece haberse vuelto parte de la normalidad. Esto es ¿Por qué nos sentimos tan mal?
Tras el éxito de De Sócrates a Netflix, vuelven con un libro que ya no busca explicar la filosofía, sino utilizarla para entender un malestar que parece haberse vuelto parte de la normalidad. Esto es ¿Por qué nos sentimos tan mal?

Redes sociales: competir con vidas ajenas


En el libro, las redes sociales aparecen como uno de los espacios donde la lógica de la comparación y la productividad se vuelve más evidente. Lewis reconoce que tampoco ha logrado mantenerse completamente al margen.


—¿Hay forma de interactuar con TikTok o Instagram sin caer en la culpa o la ultraproductividad?


"Las redes tienen cosas positivas —canales educativos en YouTube, datos de panoramas en Instagram—, pero el problema es que la gran mayoría somos espectadores y no participantes. Y no solo te comparas con influencers, sino con tus propios compañeros de colegio o universidad. Sentimos que la vida es una carrera donde el primero en llegar gana, y eso es, de nuevo, estar en la rueda: competir en lugar de entender que cada uno vive su propio proceso.

Honestamente, en mi experiencia, no sé si hay una manera 100% saludable de interactuar con ellas. A mí me encantaba TikTok e Instagram, pero un día decidí borrar las aplicaciones del teléfono; si quería entrar, tenía que ser desde el computador. Te prometo que sentí una paz bacan que no había sentido en mucho tiempo. Ahora, por el libro, tuve que volver a abrir Instagram para publicitarlo, y noto cómo te vuelves a enganchar y a consumir esas realidades ajenas. Olvidamos que muchas veces son vidas de apariencia: ves la casa propia, pero no ves si se llevan pésimo, si se están quedando sin trabajo o si sufren problemas de fertilidad. Quizás la alternativa más sana sea usar un temporizador en el teléfono que te bloquee la app después de 20 minutos. Todo es saludable en un sano equilibrio".


—Utilizas una filosofía muy aterrizada a la experiencia personal. ¿Es esa la clave para que la disciplina nos ayude a sobrevivir el día a día?


"Para nosotros es vital acercar la filosofía con un lenguaje sencillo y ejemplos amigables. Ella no te saca de tu vida, pero te ayuda a entender por qué estás triste o abrumado. El saber es el primer paso: nombrar un problema lo hace tangible, y al hacerlo, puedes distanciarte o darle la vuelta".


La culpa como mecanismo de control


Uno de los ejes centrales del libro es la culpa. No como una emoción individual, sino como una herramienta que termina reforzando las exigencias del sistema.


—Mencionas que el ecosistema se basa en que nos impongamos la culpa: por no trabajar más, por dejar a los hijos... ¿El darnos cuenta de que el problema es estructural ayuda a aliviar la salud mental?


"Hoy nos auto imponemos culpas por todo: por no terminar algo que no era urgente, por dejar a los hijos con una niñera, etc. El resultado es este burnout que hoy es tan común, aunque no debería ser normal. Es la prueba de que la culpa nos está comiendo y detonando el deterioro de la salud mental. Entender que el problema no es individual nos ayuda a racionalizarlo: ‘Me veo afectado por esto, pero no es un problema que yo pueda resolver a solas’. Las grandes empresas o los gobiernos intentan culpar al ciudadano de a pie por cosas que no nos corresponden, como el cambio climático. Nos angustiamos reciclando cuando la raíz es otra".


—Para cerrar, esta culpa también responde a sesgos de género. El sistema patriarcal suele castigar de manera distinta a hombres y mujeres. ¿Cómo lo ves tú?


"Ambos sexos padecen problemas importantes bajo este diseño social. Los hombres, por ejemplo, se mueren por tener contacto humano y afectivo, pero la sociedad les dice que es ‘poco varonil’. A veces pienso que el fanatismo y las bromas en torno a películas como los ‘Avengers’ son herramientas inconscientes para que los hombres puedan validar la amistad profunda, añorar el compañerismo y conmoverse sin ser juzgados. Las mujeres se abrazan y se saludan de beso sin problemas, pero en los hombres se mira distinto: se les restringe manifestar emociones.


Por otro lado, las mujeres cargan con culpas históricas. Incluso dentro de ciertos sectores del feminismo se sigue instalando la idea de que la mujer tiene la ‘necesidad biológica’ exclusiva de cuidar a los hijos, olvidando que somos seres racionales con capacidad de elegir. El concepto de la ‘mujer dueña de casa’ aislada surgió recién el siglo pasado: históricamente, las mujeres siempre han tenido que trabajar y proveer, pero eso no se reconoce".


Nombrar el malestar no resuelve, por sí solo, las estructuras que lo producen. Pero para Lewis, entender que muchas de nuestras culpas no nacen únicamente de decisiones personales, sino también del contexto en que vivimos, permite dejar de cargar el peso en soledad. La filosofía, plantea, quizá no cambie el sistema, pero sí puede ofrecernos algo igual de necesario: un lenguaje para comprender aquello que sentimos.

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