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Javier Rodríguez, escritor: "Lo más humano hoy lo encuentro en los animales"

Ilustración de @monodeleon
Ilustración de @monodeleon

En su segunda novela, Javier Rodríguez le da voz a un galgo de carreras que huye de su dueño y descubre un mundo que no sabe muy bien qué hacer con él. Pero Huracán es también una excusa para hablar de lo que al escritor y periodista chileno le preocupa hoy: la ternura como acto contracultural, la comunidad como única salida posible y los animales como los seres más honestos de este ecosistema.

Cuando Simona llegó a mi departamento, en plena pandemia, venía desde el sur en una jaula para perros. Era una galga rescatada del mundo de las carreras: su cuerpo tieso y musculado se contradecía con la fragilidad de su personalidad y la sumisión de su gesto. Hoy, adaptada a una vida doméstica, le quedan una que otra cicatriz de los latigazos y el hueco donde le faltan dos dedos.


Hay algo en la gente que tiene animales que me genera confianza de inmediato. No sé si es la paciencia que desarrollan, o la costumbre de querer sin esperar demasiado a cambio. Algo en esa ternura cotidiana —cambiar el plato de agua, el paseo de todos los días, sacarse los pelos de la ropa con un rodillo— me parece uno de los gestos más bonachones que puede hacer una persona.


Por eso, cuando encontré la entrevista de Javier Rodríguez en El País, algo me detuvo. No era el libro, porque aún no lo había leído, sino que me llamó la atención el interés de un hombre por ponerse en el lugar del que corre porque alguien lo obliga y que un día simplemente deja de hacerlo.


Leí Huracán de un tirón. Es una novela que se debate entre la brutalidad y la ternura —o esa fue mi lectura. Un galgo negro que se llama igual que el libro: su dueño quiere sacrificarlo, él huye. Lo que sigue es una historia sobre el mundo visto desde abajo, sin cultura, sin lenguaje codificado, sin la carga del deber ser. Solo instinto, hambre, y esa cosa en extinción que tienen algunos animales, y pocos humanos,  que se parece mucho a la bondad.


“Eres la segunda persona que me comenta la luminosidad de la novela. No la había mirado así. En la presentación, Nayareth Pino Luna me dijo que más allá de la brutalidad del campo chileno y las diferencias de clase, había puntos luminosos. Me quedó dando vueltas, porque yo no los busqué”.


Con esa observación arranca Javier Rodríguez cuando nos sentamos a conversar en una tarde de otoño en Santiago. Periodista, escritor y editor, tiene 36 años, vive en Providencia con su esposa y dos perras —Pina, una salchicha de catorce, y Oli, una mestiza de galgo rescatada— y acaba de publicar su segunda novela por el sello español AdN.

La fuga aparece en la obra como un momento clave que cambia la dirección de la vida de Huracán.


"Creo que la fuga siempre ha estado en mí. Irme a vivir a otro lado, dejar trabajos, salir de relaciones. Lo he intentado entender a través de la literatura. Y uno escribe de lo que puede, de lo que se repite. Acá se hizo más patente y dije: ya, voy a trabajar con esto como motivo literario directamente. Yo pude escribir sobre la fuga cuando ya no me quería mover más. Son cosas raras que pasan. No sé si me reconozco en Huracán del todo, pero sí en el tema de la fuga, y también en algunos de los humanos con los que él se va encontrando. En Juan, por ejemplo, que tiene toda su sensibilidad y su vulnerabilidad. Y hay un momento de rabia donde explota. Eso también lo reconozco".


No sé si hago una lectura correcta, pero me parece una novela que habla de la ternura.


"No fue a propósito, pero me da alivio que se haga esa lectura, porque es una historia sobre la brutalidad. Y quizá en la brutalidad también asoma la ternura. Mal canalizada, mal expresada, sin herramienta, pero igual puede asomar. Justamente estoy encontrando la ternura en los animales hoy: estamos en una época donde todo el mundo está gritando, buscando la cuña fácil y la reacción. Detenerse e intentar mirar al otro o trabajar desde la ternura, me parece contracultural. Y eso me interesa tanto en lo literario como en lo ético. Creo que quizás mi intención de entrar en lo que algunos llaman nature writing, es precisamente porque la ternura hoy la estoy encontrando ahí. Mirando a mi perra de seis años siendo respetuosa con la de catorce. Le deja comer primero, la mira, espera que termine, y después recién va a su plato. Tiene un protocolo. Ahí encuentro mucha ternura".


Javier ha tenido, de alguna manera misteriosa, una conexión con los animales. Cuenta que en un momento de su vida, viviendo en Londres, completamente solo —no recuerda bien si estaba teniendo un ataque de asma— eran las tres de la mañana y no podía dormir. Se acercó a la ventana y vio un zorro comiéndose la huerta comunitaria del edificio. "No sé si fue la pulsión de vida o el encuentro con ese animal, pero fue algo que me llenó de energía", dice. En otra oportunidad, mientras trabajaba en el Ministerio de Cultura durante un invierno duro, miró por la ventana y encontró un diuque comiendo en el edificio de enfrente, en pleno centro de Santiago. "La vida igual asoma", pensó. Esa escena la puso en su primera novela. "No sé si llegué a una respuesta, pero sí creo que esos momentos me llevaron a indagar, a escribir. Hay algo en el encuentro con un animal, en un momento inesperado, que te devuelve a algo esencial. Y creo que esa pregunta todavía me mueve."


Huracán es la segunda novela del periodista y escritor Javier Rodríguez. "En una parcela de Paine (Chile), un galgo negro de carrera, Huracán, corre no solo tras liebres, sino tras la libertad que intuye más allá de las sogas de su dueño, Francisco Bauer, un hombre amargado que gobierna con violencia sobre perros y personas. Cuando el instinto de Huracán empieza a fallar, Francisco ve en su declive la excusa perfecta para deshacerse de él".
Huracán es la segunda novela del periodista y escritor Javier Rodríguez. "En una parcela de Paine (Chile), un galgo negro de carrera, Huracán, corre no solo tras liebres, sino tras la libertad que intuye más allá de las sogas de su dueño, Francisco Bauer, un hombre amargado que gobierna con violencia sobre perros y personas. Cuando el instinto de Huracán empieza a fallar, Francisco ve en su declive la excusa perfecta para deshacerse de él".

¿Qué tienen los animales que no tienen las personas?


"En los animales he encontrado nobleza, lealtad, un amor profundo. Y eso me ha hecho acercarme, y muchas veces encerrarme. Si tuviera plata, rescataría perros, tendría gallinas, me dedicaría a eso. Lo que hoy llamamos "ser muy humano", como elogio, como cualidad destacable, lo encuentro más en los animales más que en nosotros. Y eso no es condescendiente. Es desde una profunda admiración. Y desde ese lugar creo que escribo también".


¿Y a dónde miras cuando buscas esperanza?


Todavía soy pesimista, sí. Pero tiendo a pensar que la humanidad pasa por ciclos y que ahora estamos en el ciclo de la histeria. Que vamos a volver a algo más mínimo. Me acuerdo que alguien una vez me decía: "Para qué haces el compost o reciclas, si Taylor Swift da vueltas en su avión privado para ir a comprar pan." Y me costaba responder a eso desde el optimismo fácil. Porque sí, uno se queda más tranquilo, pero ¿qué impacto real tiene? Te da propósito, claro, pero, ¿qué más?.


Hace poco vi una entrevista de Jane Goodall donde decía que el cambio parte por uno mismo, y que con eso quizás logras que otro lo vea y se de cuenta, y así vas generando comunidad. Sé que es contradictorio en mí porque soy muy misántropo (se ríe), pero creo que hay que ir buscando formas de generar comunidad. Creo que ahí está el futuro. Y por eso también hay que entenderse como parte de un ecosistema. Si seguimos pensándonos como los seres superiores del mundo y destruyéndolo, estamos perdidos. Ayer leía a un premio Nobel de física que decía: ¿para qué gastan esa cantidad de dinero en ir a Marte, si Marte es inhabitable? Tenía un discurso bastante apocalíptico: como especie nos vamos a acabar, y todo se va a acabar. Probablemente sí. Pero, ¿qué hacemos ahora? ¿Nos rendimos?".


¿Se puede hacer comunidad en la literatura? Se tiene la idea de que es un espacio muy solitario.


"Yo no creo en el escritor en su torre de marfil. Yo escribo leyendo al otro, conversando, trabajando el texto con un editor. La literatura es un ejercicio colectivo. Hay un manuscrito, el manuscrito se conversa, lo trabaja el editor con el autor, entra el diseño, hay una cuestión artesanal y de oficio que es necesaria y sana de replicar. En la literatura, en las disciplinas artísticas en general, hay mucha mezquindad, mucho bando, pero no se puede crear solo".

Horas después de nuestra conversación, Javier me mandó un mensaje. Lo leí varias veces. Decía: "Los animales han sido, quizá, la forma de entregarme y conectar con esa vulnerabilidad y ternura que, si antes eran cuestionadas y mal vistas, hoy son derechamente contraculturales."


Pensé en Simona.

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