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Sobre paternidad y cocina: una conversación con Benjamín Nast

Foto de Carolina Vargas
Foto de Carolina Vargas

Benjamín Nast es uno de los cocineros más influyentes de la gastronomía chilena: formado en restaurantes con estrella Michelin en Francia y España, tiene cuatro proyectos propios y es jurado de Top Chef VIP. Pero su nuevo libro se corona como uno de los trabajos más honestos que ha producido: ¡Tengo hambre, papá!, un recetario amable, donde el ingrediente más importante allí es el amor que tiene por sus hijos y la forma en la que él se construye como padre, hijo y hombre todos los días.

Benjamín Nast (41) ha cocinado en algunos de los restaurantes más exigentes del mundo, ha sido elegido mejor chef emergente del país, tiene cuatro proyectos gastronómicos propios en Santiago y aparece cada semana en televisión como jurado de Top Chef VIP. Todo eso, sin embargo, no lo preparó para el momento en que se dio cuenta de que sus hijos comían demasiado delivery. Que él, el mismo que pasó cuatro años en el Dos Palillos de Barcelona con estrella Michelin, el mismo que trabajó en Francia y Alemania aprendiendo técnicas que pocos cocineros chilenos conocen de primera mano, estaba dejando que sus hijos crecieran sin saber lo que era sentarse a una mesa con comida hecha en casa. Algo en eso no cerraba. Algo en eso, dice, le empezó a pesar.


Hoy es miércoles y Nast acaba de terminar una sesión de fotos en Demencia, su restaurante en Vitacura, donde las alfombras son rojas y del techo cuelgan candelabros de luz amarilla. Pide un americano, se sienta, y se prepara para responder un cuestionario sobre ser chef y ser papá. "Mis hijos me han enseñado más cosas que la cocina", responderá más adelante.


―Benjamín, ¿hay dificultades en compatibilizar la exigencia en la cocina con la vida familiar?


"Yo creo que sí. Antiguamente era mucho más difícil . La calidad de vida es fundamental dentro de cualquier profesión, y la cocina hoy se ha acercado mucho a una carrera común, como cualquier otra, donde los horarios son respetados. El trato es completamente distinto al que había. Yo me formé en una época donde los cocineros teníamos que trabajar 16 horas al día, la exigencia era altísima. Y no quiero decir que hoy en día no lo sea, simplemente, el valor del día a día, de la vida, del tiempo, era distinto".


―¿Cómo fueron esos primeros años?


"Yo empecé en la cocina el 2007. Y claro, trabajábamos entre 12 y 14 horas diarias. Una locura. Después cuando me fui a Europa, eran 16 horas al día. Igual yo quería estar ahí, la pasión me perseguía, quería estar metido en la cocina. Ni siquiera me lo replanteaba".


El chef acaba de lanzar su primer libro: ¡Tengo hambre, papá! Un recetario sencillo para cocinar junto a los niños. Foto de Carolina Vargas,
El chef acaba de lanzar su primer libro: ¡Tengo hambre, papá! Un recetario sencillo para cocinar junto a los niños. Foto de Carolina Vargas,

Entre chef y padre


Benjamín Nast empezó a cocinar en 2007, en el Hotel Ritz, con Tomás Olivera, y desde el primer día tuvo una ansiedad que él mismo describe como persecución: la pasión lo seguía a todas partes y él se dejaba encontrar. Quería ver de qué se trataba, encontrarse, y la cocina era el único lugar donde eso parecía posible. Dos años después cruzó el Atlántico y aterrizó en Le Taillevent, en Francia, donde el primer turno partía a las nueve de la mañana y el segundo terminaba a las once de la noche. Después vino el Dos Palillos en Barcelona, fundado por Albert Raurich, discípulo de Ferran Adrià, donde empezó sin sueldo y se quedó cuatro años. En total estuvo nueve yendo y viniendo entre Europa y Chile, trabajando entre doce y dieciséis horas diarias sin replanteárselo, porque así era entonces. El valor del tiempo era distinto. Él quería estar ahí, en la cocina del Dos Palillos, dentro de esa barra cuadrada de madera, rodeado por los muros oscuros y los adornos rojos, entregando de mano a mano los platos a sus comensales.


En uno de esos regresos volvió siendo padre. La geometría de todo cambió.


―Volviste a emprender con De Patio, tu primer restaurante, ¿dejaste cosas de lado términos de paternidad por trabajo?


"Yo no siento que haya dejado cosas de lado. Simplemente, cuando vives en pareja descansas mucho en el otro, y en ese momento había un emprendimiento detrás. Quizás me hubiese gustado estar más presente, sí, pero si no hubiese empujado mi vida, mi carrera, no estaría donde estoy hoy".


―¿Cómo llegas a la idea de escribir un libro que mezcle la paternidad con tu trabajo?


"La idea nace cuando me di cuenta de que los niños estaban comiendo más delivery de lo que debiesen. Claro, yo soy cocinero, no podía ser que mis hijos el día de mañana dijeran que los estaba alimentando a puras hamburguesas. Ese tipo de cosas también me empezaron a pesar. Creo que la cocina es un lugar en el que se puede generar un vínculo tremendo con los niños. Donde pueden nacer recuerdos importantes".


―¿Aprendiste algo en la cocina que te haya servido a la hora de criar?


"Mis hijos me han enseñado más cosas que la cocina. La familia al final te enseña sobre el valor del tiempo y del cariño. La cocina, independiente de que es algo muy importante para mí, es mi profesión, no es más que eso. Entonces, no lo pongo en el mismo nivel que mis hijos y mi vida personal. Si tengo que dejarla por estar más tiempo con mi familia, conmigo mismo, disfrutar de hacer las cosas que también me hacen bien, yo creo que así tendría que ser".


―¿Cómo entiendes tu rol como referente masculino para tus hijos?


"Trato de ser yo nomás, de demostrarles quién soy y ya está. Tengo una tremenda cercanía con ellos. Son chicos todavía y sé que más adelante llegarán nuevas conversaciones; donde yo daré mis puntos de vista, pero por ahora lo más importante es que su mamá y yo trabajamos en conjunto, con muy buena relación, criando niños libres, que toman sus propias decisiones y donde queremos que crezcan a su manera. Nosotros solo acompañamos."


―Pero, ¿crees que hay temas que no son lo suficientemente conversados entre hombres respecto a la paternidad?


 "No sé si haya algo que no esté conversado. Yo creo que estamos en un momento en el que, tanto las mujeres como los hombres, tienen el derecho a crecer individualmente dentro de una pareja. Y sobre todo cuando hay niños de por medio, porque ahí es donde quizás las balanzas se empezaban a descompensar antes".


Foto de Carolina Vargas.
Foto de Carolina Vargas.

La firma Nast


Todavía sentado en la cafetería, Nast da un sorbo a su taza mientras recuerda algunas historias sobre sus primeros años cocinando. Dice que estudiaba mucho, que siempre llegaba con nuevas ideas al Ritz para intentar mostrarse. En una ocasión, hizo unas lentejas con jamón. El chef ríe mientras recuerda el plato. La risa aumenta cuando empieza hablar sobre su padre, dice que se van pegando las maneras, los chistes, la forma de reír, la forma de hablar.


―Benjamín, ¿te inspiras en tu padre al momento de criar?


"Todo el rato. Me doy cuenta de que, con los años, uno empieza a parecerse más a sus papás. No sé si a todos les pasa, pero yo creo que eso es bonito, hay una energía familiar que va trascendiendo de generación en generación. Puede sonar muy básico, pero una familia termina siendo como una firma. Hay rasgos, costumbres y maneras de ver la vida que uno hereda, para bien o para mal. Mi papá es un tremendo elemento en mi vida, y ha sido una persona que siempre se ha acercado a mí a conversar"


―¿Qué es lo que más admiras de él?


"Su libertad. Mi papá, siendo que ahora cumple 70 años, es un hombre tremendamente libre, que siempre ha buscado la felicidad. Tiene un amor por sus hijos y por su familia que es gigante. Y eso es algo que admiro. Yo entendí el tremendo amor que tenía nos tiene nuestro papá en el momento que nacieron mis propios hijos".


―¿Cuál es la principal enseñanza que quieres dejar a tus hijos?


"Que persigan su pasión, nada más, que persigan lo que les gusta. Para mí, eso es fundamental. Al principio, cuando salí del colegio, no tenía idea de lo que quería hacer, me puse a estudiar ingeniería y lo pasé pésimo. Después me fui buscar mi pasión y encontré algo: la cocina. Lo importante es eso, que prueben cosas, da lo mismo el resultado, da lo mismo si eres el mejor o eres el peor, hazlo".


―Entonces, ¿qué tipo de personas te gustaría que fueran?


"La que ellos quieran ser".


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