Hablamos con Arelis Uribe a 10 años de Quiltras
- Emilia Cabrera
- hace 13 horas
- 5 Min. de lectura

Ilustración de Juanjo León.
Han pasado diez años desde el lanzamiento de Quiltras, el libro que convirtió a Arelis Uribe en una de las escritoras chilenas más prolíficas y honestas de la región. Hoy, a sus casi 40, la autora saca en limpio varias reflexiones: dice que ya no teme a la crítica ni al qué dirán. Su batalla ahora es más silenciosa, pero igual de firme: cuidar sus plantas, escuchar lo que dicen las personas en la calle y prepararse para volver a escribir columnas cuando "la gente se ponga demasiado maléfica". Ahora, con la calma que da el mar y la madurez, Arelis ya no tiene el miedo que la embargó en su primer lanzamiento.
Hay una distancia física y vital entre la joven periodista que escribía sobre el Santiago periférico y la mujer que hoy habita un cerro en Valparaíso. Diez años separan a Arelis Uribe de Quiltras, ese, hoy llamado clásico literario que en 2016 sacudió la narrativa chilena con una prosa popular, mestiza y lesbiana. Hoy, con la calma que da el mar y la madurez, Arelis ya no tiene el miedo que la embargó en su primer lanzamiento.
Es expresiva y habla de su vida como una narradora: llena de gracia. A diferencia de quienes ven la literatura como un mero hobby o un lugar de desahogo, para Arelis la imagen que la mantiene con los pies en la tierra es concreta: el fin de mes. "Lo primero que me mantiene con los pies en la tierra es que hay que pagar cuentas", dice entre risas. "Es muy mundano, pero es un anclaje real. Hay que trabajar, pagar arriendo, pagar la vida. Eso y mi familia son lo más real que tengo", dice la escritora.
Si en Quiltras la escritura era un acto de libertad y una "valentía aterrada", hoy la relación es distinta. Se ha vuelto un oficio. "Ahora es mi trabajo. A veces me siento estancada porque los procesos creativos son complejos, pero sigo sintiendo el cariño. Me escriben mujeres, autoras más jóvenes, me regalan libros. Siento el cariño de los lectores y eso es muy bonito", menciona.
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En estos diez años han pasado tantas cosas: el país ha transitado por un vertiginoso arco de transformación que comenzó con el agotamiento del ciclo de reformas de Michelle Bachelet y la posterior parálisis política del segundo mandato de Sebastián Piñera, para luego fracturarse definitivamente con el estallido social de 2019. Un hito que desbordó las instituciones y forzó la apertura de un incierto camino constituyente; y si bien el ascenso de Gabriel Boric al poder en 2022 simbolizó un cambio de era, las grandes promesas de cambio estructural conviven ahora con la urgencia del orden público, la estabilización económica y la instalación de la ultraderecha.
Arelis es crítica con la política. Habla de una distancia con la nueva izquierda y la autora reconoce un quiebre. . "Hoy soy una decepcionada de la política institucional", confiesa. "Creo más en los movimientos autónomos a la hora de resistir y organizarse. Una es utópica y se queda con el tejo pasado". Para Uribe , la institucionalidad ha demostrado sus límites, y esa decepción la ha devuelto a lo básico: la asamblea de vecinos, la marcha del 8M y la defensa de la subjetividad frente a "la dictadura de la heteronorma" y el centralismo.
Ella mira el avance de la derecha con respeto, pero sin miedo. Entiende que la política no es una línea recta, sino un terreno de idas y vueltas. Para la autora, estos ataques contra lo que ya se ganó son, en realidad, un empujón para organizarse con más fuerza; una pelea que hoy se siente capaz de dar con más cancha que hace diez años. En este panorama, la vuelta de Quiltras no es solo una reedición y está más vigente que nunca: un libro que les da el micrófono a los de abajo, a las lesbianas que no encajan y a los jóvenes que nadie escucha, plantándole cara a un poder que siempre ha sido de los mismos.
Lo de los símbolos importa, dice ella, pero es solo una parte de la pelea. Es el frente donde se defienden las ideas para que, por más cansancio que haya, nadie les pase por encima a los que siempre han vivido en los márgenes.

La política en ella también se manifiesta en su trabajo. A pesar de la profesionalización, Uribe se niega a convertirse en una "máquina de productos". En su casa en un cerro de Valparaíso, rodeada de plantas y cuadernos llenos de frases sueltas, Uribe sigue escribiendo como empezó: anotando la vida cotidiana.
"Hago lo que amo y no me traiciono", dice sobre su labor como docente y escritora freelance. Para ella, la autonomía financiera es el primer paso para la libertad de pensamiento. "Mi proceso creativo es muy genuino, lúdico y ocioso, muy lejos del mercado. No permito que los conservadores pasen máquina sobre mi vida".
"Primero es la idea, la técnica, y cuando está listo y a mí me gusta, pienso en venderlo. Nunca es al revés", explica. Aunque reconoce que vivir exclusivamente de los derechos de autor es muy difícil en Chile y aún no lo logra por completo. Por lo que, ha encontrado el equilibrio en la docencia. "Vivo de la literatura porque enseño a otros a escribir. Propicio que otras personas lean. No me traiciono: hago lo que amo".

La autora vive en Valparaíso y dice que no fue solo un cambio de ciudad, sino un acto político. Al alejarse de Santiago, la escritora comenzó a ver las grietas del centralismo chileno y a conectar con una "ecología popular" que antes le era ajena. “Antes era una pedante santiaguina. Ahora, vivir fuera me ha generado un cambio en mi identidad". Ese cambio incluye una conexión mística y política con la tierra. "He aprendido que el oro no se puede comer; lo que se come es lo que cultivas. Confío en lo intuitivo y trato de esquivar el mercado lo más posible", reflexiona.
A sus casi 40 años, ya no teme a la crítica ni al "qué dirán". Su batalla ahora es más silenciosa pero igual de firme: cuidar sus plantas, escuchar el habla de la calle y prepararse para volver a escribir columnas cuando "la gente se ponga demasiado maléfica". Porque, para la autora de Quiltras, la política es la capacidad de rescatarse a una misma y a su comunidad de la oscuridad. Repite: “No me traiciono: hago lo que amo”.



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