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Cristianos LGBTQ+ en Chile: la fe queer que desafía a la iglesia

Fotos de Valentina Bird.


Para miles de personas LGBTQ+ cristianas alrededor del mundo, los templos no son refugio, sino espacios donde su identidad es cuestionada, corregida e incluso silenciada en nombre de Dios. Sin embargo, en los márgenes de esas estructuras han comenzado a surgir comunidades de fe disidentes donde la espiritualidad, en lugar de castigar, repara. Esta es la historia de una agrupación chilena que decidió habitar la fe sin culpa, transformar el dolor en comunidad y demostrar que creer, cuando se hace desde el amor y la justicia, también puede salvar vidas.

Una tarde de 2024, Nastia Ortíz se detuvo y le habló a Dios. Tenía 25 años y llevaba casi toda la vida asistiendo a una iglesia evangélica neopentecostal en Temuco, al sur del país. Allí había crecido. Y allí, también, había aprendido qué estaba bien y qué no. Pero algo ya no encajaba. Necesitaba un lugar donde no tuviera que dividirse. Donde su fe y su orientación sexual pudieran existir sin enfrentarse. La tristeza se le había instalado en el cuerpo ya. Estaba atravesando una depresión. Incluso, hubo días en los que pensó en morir. No por falta de creencia, sino por falta de espacio. Sentía que el mundo, y Dios dentro de él,  no tenían sitio para ella.


La idea de que su orientación sexual fuera incompatible con la fe la había ido encerrando en un cuarto sin ventanas. Sin embargo, dos semanas después, mientras miraba redes sociales sin buscar nada en particular, apareció un anuncio: círculo cristiano LGBTI+ afirmativo. La publicación llevaba días ahí. Nastia se quedó mirando la pantalla. Pensó en la oración de aquella tarde. Pensó en la coincidencia. 


La comunidad que la sostuvo se llama Abrazo Disidente. Un grupo de encuentro y refugio donde Nastia pudo dejar de negociar consigo misma. Allí comenzó a reconciliar su fe con su orientación sexual y a acercarse a una espiritualidad menos punitiva, más saludable.


Creció escuchando que ser LGBTI+ era pecado. La palabra caía siempre igual: pecado. Cuando en la adolescencia entendió que era lesbiana, ese discurso se volvió un espejo torcido. Se odiaba en silencio. Después del colegio se tendía en la alfombra de su pieza y lloraba. Se preguntaba por qué no le gustaban los varones. Temía que Dios le revelara su secreto a los profetas de la iglesia, que alguien la señalara en medio del culto o que su nombre quedara expuesto.


Y, sin embargo, algo no cerraba. No le hacía sentido que la diversidad sexual estuviera condenada por la Divinidad. Esa grieta fue el inicio. Empezó a leer las Escrituras con preguntas propias. “Si Dios es infinito y creativo, ¿por qué la creación sería binaria?”, se decía.


Para Nastia, habitar lo cuir desde la fe dialoga con un versículo específico: Primera Epístola de Pedro 4:10, donde se habla de la multiforme gracia de Dios, de un Dios que se expresa de muchas maneras. En esa idea encontró una clave: si la gracia es múltiple, la existencia también. La diversidad no sería una falla, sino una expresión más de esa abundancia.


 “La imagen de Dios no tiene género ni sexualidad asignada. La Biblia dice literalmente que Dios es espíritu. No es hombre ni mujer y trasciende el género”, recalca Nastia Ortíz.


Además, dice, Jesús también fue una incomodidad. Durante su paso por la tierra desafió las normas del templo, se sentó junto a quienes eran señalados como pecadores: trabajadoras sexuales, enfermos, marginados; y fue cuestionado por sanar en sábado. “Lo cuir comparte algo central con el evangelio: existir fuera de las normas dominantes”, afirma Nastia. En esa lectura, las identidades diversas no están en los márgenes de la Divinidad, sino que dialogan con ella.


Esa forma de entender la Escritura le cambió el relato que tenía sobre ella misma. Y Abrazo Disidente le dio herramientas para enfrentar la homofobia internalizada que arrastraba desde la adolescencia. “Abrazo llegó a curar la herida, a reforzar mi identidad. Y en el fondo a decirme: ‘no estás equivocada, no eres un error, no estás endemoniada’”, dice. Creció con el miedo de que su orientación sexual arruinara su vida. Hoy habla sin bajar la voz.


Para Nastia, Dios no es una amenaza sino una fuerza que la empuja hacia afuera. Una esperanza que la saca del encierro y la orienta hacia lo común. Por eso decidió involucrarse más. Se quedó. Se hizo parte de la organización. Hoy es su presidenta.


Cree en el impacto de lo que han construido. Sabe lo que significa llegar rota a un lugar y que alguien te diga que no tienes que cambiar para quedarte. Inspirada en un evangelio que insiste en lo comunitario, recibe a quienes se integran con el mismo cuidado que la sostuvo a ella cuando llegó. En medio de las liturgias, afloja la solemnidad con un chiste breve. Después toma la guitarra. Su voz es suave, pero no titubea. Las manos marcan el ritmo y la sala cambia de temperatura. La fe, ahí, no pesa, sino que acompaña.


Una fe inclusiva: cristianos LGBTQ+


Durante la pandemia, Tatiana Arredondo Ortega, 51 años, encontró comunidad a través de una pantalla. Se conectó virtualmente a una iglesia luterana en México, un espacio habitado por personas heterosexuales y LGBTI+ que intentaban pensar la fe desde otro lugar.


“Queríamos que el espacio fuera disidente desde el lenguaje”, cuenta Tatiana, pastora cuir y feminista. “Hablar de todes, escribir oraciones inclusivas, rehacer el Padre Nuestro para que nadie quedara fuera de lo que estábamos diciendo”.


Rezaban: Padre nuestro que estás aquí, entre nosotres. No arriba. No distante. Aquí. La oración dejaba de mirar al cielo y comenzaba a mirar alrededor. Dios no como supervisor moral, sino como presencia encarnada en la comunidad. Esa experiencia fue una semilla.


En 2022 convocó a Pamela Robles, pastora lesbiana de la Comunidad de Fe Disidente y psicóloga clínica en Fundación Vasti, organización dedicada al abordaje de violencia de género, violencia eclesial y trauma, y a Gabriela Alegría, música lesbiana, diplomada en teología feminista y ex misionera bautista. La idea era simple y ambiciosa: crear en Chile una red virtual donde personas cristianas LGBTI+ pudieran vivir su vínculo con la Divinidad sin ocultarse.


Así nació Comunidad Cuir Amanecer, un espacio horizontal de apoyo y reconciliación con la fe para personas excluidas de iglesias por no ser heterosexuales o cisgénero. Meses después, el grupo adoptó un nombre que condensaba su propósito: Abrazo Disidente.


Exequiel Fuentes llegó por invitación de una amiga. Victoria, integrante de la comunidad, le habló de un grupo que estaba tomando forma y le presentó a Tatiana. Él tenía 28 años, es diseñador gráfico, evangélico y gay. Venía de atravesar su propio conflicto con la iglesia. No estaba buscando exactamente un lugar, pero algo en esa conversación le hizo quedarse.


Tatiana necesitaba una identidad visual que le diera cuerpo y visibilidad a la comunidad que recién comenzaba. Exequiel, en paralelo, buscaba que su proyecto de tesis tuviera un propósito social. Las conversaciones se fueron encadenando hasta volverse trabajo compartido. Diseñó la marca, pensó el nombre, afinó los colores y la intención. Y así se consolidó también esa etapa bajo un mismo concepto.


Tatiana, la pastora de Abrazo Disidente, reafirma que creen en un Dios amable lleno de amor y que la diversidad está en la Biblia. “Cuando centurión le va a pedir a Jesús que sane a su siervo, en realidad, en el texto lo que dice es que centurión le va a pedir que sane a su amigo cercano, a aquel que más ama. Entonces, ahí vemos una persona absolutamente cuir dentro del texto”, explica.
Tatiana, la pastora de Abrazo Disidente, reafirma que creen en un Dios amable lleno de amor y que la diversidad está en la Biblia. “Cuando centurión le va a pedir a Jesús que sane a su siervo, en realidad, en el texto lo que dice es que centurión le va a pedir que sane a su amigo cercano, a aquel que más ama. Entonces, ahí vemos una persona absolutamente cuir dentro del texto”, explica.

Dios no quiere que muera


Gabriela Alegría comenzó como misionera en 2017. La envió el pastor de su Iglesia Bautista, que también es su padre. Dejó Santiago de Chile para arribar a una zona rural de Paraguay, donde enseñaba música. Despertaba temprano y sentía que su vida tenía una dirección clara: unir arte y fe, servir, obedecer.


La misión terminó en diciembre de 2019, en Portugal. Allí, después de contarle al director de la organización Palabra de Vida que había tenido relaciones con una mujer, la expulsaron.


“Fue súper traumático. Fue horrible. Yo estaba sola, no tenía familia ni red de apoyo; esa era mi red. Entré rápidamente en una depresión profunda porque se me desarmó todo”, recuerda. Dependía de patrocinadores para sostener su trabajo, así que no tenía dinero para regresar a Chile. Su hermana menor y una amiga reunieron lo necesario para pagar el pasaje de vuelta.


Desde 2016, cuando entendió que era lesbiana, la culpa se había instalado en su rutina. Pero tras la expulsión, el peso se volvió asfixiante. Lloraba todos los días. No quería romper con Dios. Sí con la institución que la había dejado fuera.


En medio de esa ruptura, llegó a una certeza. “Dios quiere mi bienestar y quiere que yo viva. Y si sigo negando mi identidad, me voy a morir. No puedo vivir así. Dios no quiere que viva de esa manera”. Esa frase dejó de ser una idea y se convirtió en decisión.


De hecho, esa certeza se volvió su ancla. Empezó a sentir a Dios no como un vigilante, sino como un ser amoroso. En enero de 2023 renunció a la iglesia: entendió que allí nunca la tratarían como igual. Ya no quería encarnar el molde de mujer ejemplar, hija de pastor, misionera obediente, funcionaria de una institución que la negaba. Salió a buscar su propia manera de vivir la espiritualidad.Y en ese camino se cruzó con Tatiana.


El grupo que comenzaron a levantar le permitió volver a la fe sin miedo. Gabriela extrañaba la iglesia y sus actividades: el canto colectivo, la oración compartida y la sensación de pertenecer a una comunidad. Y en Abrazo Disidente encontró algo que se parecía a casa. Un lugar donde podía ser vulnerable sin mentir y donde no tenía que editar su historia para quedarse.


Esta comunidad prioriza el acompañamiento espiritual y emocional a través de redes de apoyo y una narrativa que celebra la diversidad. Se reúnen virtualmente los jueves para orar y los domingos para reflexionar desde la teología cuir y feminista. Hoy convoca a más de 30 personas entre 20 y 50 años. La mayoría proviene de iglesias evangélicas (pentecostales, carismáticas, bautistas, metodistas) y también hay participantes de tradición católica. Principalmente están en Chile, aunque se conectan desde México, Colombia y Guatemala. Muchas han vivido rechazo familiar y violencia en espacios religiosos. 


Exequiel Fuentes llegó por invitación de una amiga. Victoria, integrante de la comunidad, le habló de un grupo que estaba tomando forma y le presentó a Tatiana. Él tenía 28 años, es diseñador gráfico, evangélico y gay. Venía de atravesar su propio conflicto con la iglesia.
Exequiel Fuentes llegó por invitación de una amiga. Victoria, integrante de la comunidad, le habló de un grupo que estaba tomando forma y le presentó a Tatiana. Él tenía 28 años, es diseñador gráfico, evangélico y gay. Venía de atravesar su propio conflicto con la iglesia.

Salvarnos en comunidad



Los espacios LGBTI+ afirmativo cristianos son importantes porque rescatan y salvan vidas. Son redes fundamentales para salud mental y recuperación de las personas que han sufrido discriminación o violencia eclesial como los Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género (ECOSIG), prácticas que tiene la intención de cambiar la orientación sexual, la identidad o expresión de persona de personas LGBTI+ y que ocurren, en muchas ocasiones, de comunidades religiosas. 


Exequiel lo experimentó en primera persona. Reunió a su familia en la sala de estar y les contó que es gay y vive con VIH+. Los sorprendió, pero no lo rechazaron. Con esa tranquilidad, decidió publicarlo en redes sociales, pero ahí la historia cambió.


Lo que posteó, lo leyó el pastor de su iglesia y lo citó una vez a la semana para “reflexionar”, obligándolo a escuchar los supuestos pasajes bíblicos que condenan la diversidad sexual. También rezaban juntos. A la cuarta sesión, Exequiel se reveló. Le dijo que su enfoque era erróneo y que Dios no debía ser usado para discriminar. También le advirtió que no todas las personas tienen la misma fortaleza y que sus actos podían alejar a alguien de la religión. O peor aún: quitarle las ganas de vivir. 


Pamela Robles reconoce estas experiencias como violencia espiritual. Sobre las terapias de conversión o ECOSIG, expresa: “No son invitaciones con ese nombre explícito, sino que más bien están súper disfrazados de experiencia y encuentro espirituales, ya sea en forma de retiro, congresos, oraciones, liberaciones. Tienen muchas formas, pero todas con el mismo foco: intentar sanar a las personas de su desviación sexual o liberarla de ese pecado” y agrega que tiene un carácter de tortura.


Por ese motivo, en 2022, Pamela junto a Fundación Vasti, realizaron un protocolo de abordaje de género en comunidades de fe que tipifica estas prácticas como violencia sexual.



Para Tey Cárdenas Pérez, trabajador social trans de 33 años, Abrazo Disidente fue su salvavidas: le permite vivir su fe sin culpa y sentirse parte. En el caso de Oriana Cisneros Gonzaléz, abogada cuir de 31 años que llegó de Venezuela hace 11 años, dejó atrás su fe al migrar. Ya en Chile, tras un accidente que casi le cuesta la vida quiso reconectar con la Divinidad y encontró Abrazo Disidente, un lugar de calma y seguridad. 


Experiencias como las de Nastia, Exequiel, Gabriela, Tey y Oriana hay muchas. Están atravesadas por el dolor, no obstante, encontraron una comunidad que les ofrece herramientas para enfrentar el odio internalizado y una nueva narrativa sobre sus identidades. Es un refugio en el que Dios no condena, sino que acompaña y sostiene. 


Tatiana, la pastora de Abrazo Disidente, reafirma que creen en un Dios amable lleno de amor y que la diversidad está en la Biblia. “Cuando centurión le va a pedir a Jesús que sane a su siervo, en realidad, en el texto lo que dice es que centurión le va a pedir que sane a su amigo cercano, a aquel que más ama. Entonces, ahí vemos una persona absolutamente cuir dentro del texto”, explica.


Agrega que en ninguna parte de las Escritura se menciona la homosexualidad y que el pasaje sobre “un hombre no someterá a otro a conocerse” -palabra usada en la Biblia para las relaciones sexuales- se refiere a violaciones en contextos de guerra del Antiguo Testamento, no a relaciones consensuadas entre personas del mismo género. Asegura que existen traducciones sesgadas de la Biblia que algunos pastores usan para justificar ideas discriminatorias. 


Ante la segregación, surgen espacios inclusivos como Abrazo Disidente. También como la Pastoral de la Diversidad Sexual de la Iglesia Luterana en Chile, Diversidad Vocal y la Pastoral de la Diversidad Sexual (Padis). Este último, un espacio católico con más de 15 años que busca “un encuentro vital con Jesucristo desde el reconocimiento y la valoración de nuestro ser una persona LGBTQ+, empoderándonos como un laicado protagonista en la construcción del Reino de Dios, acogiendo la diversidad como una oportunidad de ser testimonio del Evangelio”.


Estas comunidades resisten al conservadurismo que intenta instalar que las personas LGBTI+ son pecadoras. Mientras los grupos antiderechos discriminan, ellas, elles y ellos salvan vidas, de la forma más literal posible. Entregan calma, resignifican la fe, contrarrestan la soledad y les permite sentirse creación divina. Siguen el camino de Jesús, que abraza lo que no encaja y se escapa de las normas.


Este trabajo fue realizado por medio de la Beca Zarelia- Poder Elegir, impulsada por Festival Zarelia, Fundación El Churo, Wambra, con el apoyo del proyecto Poder Elegir de Oxfam en Latinoamérica y Asuntos Mundiales Canadá.

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