La última ola de Tsunami
- Gabriel Rosales
- hace 8 minutos
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En nueve años, Tsunami ha buscado sobrevivientes en los terremotos de Turquía y Siria, en los deslaves de Las Tejerías y El Castaño, y ahora en el doble terremoto que sacudió a Venezuela en junio, donde ya ha ayudado a rescatar a más de una veintena de personas. Antes de todo eso, sin embargo, fue un cachorro víctima del maltrato y la soledad, hasta que quedó al cuidado de Jorge Beens. Hoy, convertido en símbolo de esperanza para todo un país en medio de la catástrofe, el border collie afronta la que será su última misión antes del retiro.
Antes de buscar entre escombros y planchas de zinc, de olfatear la tierra y el polvo rastreando vida, y de convertirse en el héroe que ha ayudado a salvar 26 personas en el terremoto de Venezuela, Tsunami (9) mordía. Lo rescató la Asociación Pro Defensa de los Animales en 2017, cachorro y maltratado, y le costó volverse un perro entrenable. Así lo recuerda al otro lado del teléfono Jorge Beens (52), su adiestrador, mientras se alista para volver a las labores de rescate. "He ido a otros países a apoyar en situaciones así, pero ahora me tocó aquí, en mi casa", dice. Él y Tsunami han trabajado juntos en terremotos como el de Turquía, en 2023, ahí localizaron a 9 personas.
Es martes 7 de julio. La señal telefónica es débil, la línea se corta a cada rato. Es difícil mantener la comunicación. Suenan voces al otro lado de la línea llamando a Beens: Tsunami ya está listo, hay que partir. Faltan estructuras por revisar en La Guaira, una de las zonas más golpeadas por el doble terremoto de 7,2 y 7,5 grados que remeció a Venezuela el 24 de junio. Perro y adiestrador llevan nueve años juntos y, desde hace días, repiten la misma rutina: llegan a la zona, se instalan, reciben un área de trabajo y empiezan las revisiones. Pasan el día removiendo escombros —a veces, recuperando cuerpos— y si en otra estructura aparecen indicios de vida, los movilizan a los dos.
El veterinario Aníbal Hurtado sigue al dúo de cerca: vigila que Tsunami no se deshidrate ni fuerce el cuerpo más de la cuenta. Él también es parte de la rutina. A los nueve años, el cansancio empieza a notarse en Tsunami. Esta, dicen en su equipo, será su última misión.
Tsunami es border collie: tiene pelaje blanco en el rostro y negro en el resto del cuerpo, un ojo oscuro y el otro gris. Hoy es parte del Centro de Formación de Equipos Caninos de Intervención en Desastres (K-SAR ECID), junto a otros perros —Okan, Killer y Sonya—, con sede de entrenamiento en la parroquia San José Cotiza, donde se forman y ejercitan.
Pero antes de salvar personas, Tsunami necesitó ser salvado. Beens llegó a él cuando el perro tenía nueve meses: había recibido el llamado de la Asociación Pro-Defensa de los Animales (APROA). El perro fue recuperado de una casa en Sebucán, Caracas, gracias a una denuncia anónima. Tsunami no estaba bien. Tenía tantas heridas en la piel, que Beens no supo reconocer de qué raza era. Durante días el adiestrador lo bañó y le aplicó ungüentos y medicamentos. Ahí, dice Beens, empezó el cariño: "Él entendió que si se dejaba cuidar, mejoraría rápidamente, entonces dejó de estar tan alerta".

“Yo lo acepté y fue como un reto. Quería ayudarlo, recuperarlo y darlo en adopción. Pero luego creamos un vínculo bien bonito. Se hizo imposible dejarlo partir”, recuerda el rescatista.
La señal telefónica se vuelve a ir.
Hoy Tsunami también vuelve con Beens a su casa. No es solo un perro de rescate, para su adiestrador es "un compañero de vida", dice. A veces salen a correr juntos, o hacen espectáculos para niños. Y cuando trabajan, "marcan", así le dice Beens al momento en que el perro se posiciona sobre unos escombros que acaba de olfatear. Muchas veces hay vida ahí abajo. O la hubo hace pocos instantes.
El 24 de junio, por ejemplo, una multitud pudo ver el protocolo completo: Tsunami marcó.
Eran cerca de las 11 de la noche y Jorge Beens estaba parado frente a los escombros de un edificio de ocho pisos en San Bernardino, Caracas. Vestía de rojo y usaba un casco con linterna. "Silencio total, no quiero escuchar teléfonos", gritaba un hombre con megáfono. Beens se hincó junto a Tsunami. Solo después de una última caricia, Beens hizo un gesto y el perro corrió a olfatear entre las ruinas.
Tsunami subió los escombros y los recorrió pegado al suelo, como un investigador. El polvo se le acumulaba en las patas. Y a veces, debajo de él, el hormigón cedía. El perro se detenía, olfateaba, y seguía buscando. En un punto se metió por una abertura angosta, desapareció un segundo, y volvió a salir ladrando. El operativo terminó a las dos de la mañana. Sacaron a un hombre de unos sesenta años que vestía una camisa celeste. Lo subieron en camilla hasta la ambulancia. Ahí, entre los escombros de San Bernardino, aplaudieron todos: civiles, bomberos y rescatistas.
Todavía al teléfono, Beens vuelve a una frase que repite cada vez que habla de su perro: "El border collie es el perro más inteligente del mundo". Para él, esa característica ha sido clave durante las búsquedas que ambos han realizado a lo largo de La Guaira, desde Naiguatá hasta Catia la Mar.
“Es devastador ver a familias sobrevivientes tratando de recuperar algunos objetos de sus casas. A veces son solo recuerdos, enseres, pero es todo lo que les queda de otra vida. Pasarán años antes de volver a ver a La Guaira brillar. Pero el venezolano siempre se luce en estas situaciones. ‘Somos guaireños’, eso nos gusta decirnos”, cuenta Beens.

El talento de Tsunami no es casualidad. Detrás de él hay un linaje de perros de trabajo. Sus abuelos, Diogo y Kapüy, fueron criados por Donato Spinelli (54), fundador de Perros Extremos, una corporación dedicada al entrenamiento canino. Durante décadas, Spinelli ha preparado perros para deportes, comerciales y producciones audiovisuales. Apenas escucha el nombre de Tsunami, sonríe: "Claro que lo conozco, soy su abuelito". Habla desde su habitación, donde guarda reposo desde hace un par de meses tras sufrir un infarto. Aun sin recibir el alta médica, decidió sumarse a las labores de búsqueda y rescate en Venezuela.
Diogo cruzaba el patio a toda velocidad, se impulsaba contra un muro para escalarlo y se aferraba al tronco de un árbol con las cuatro patas. Así lo recuerda Spinelli, que asegura que fue el primer perro en alcanzar un papel protagónico en una película venezolana: El Regreso (2013), de Patricia Ortega. Años después, cuando Spinelli conoció a Tsunami, algo le resultó familiar. "Yo siempre sentí que se parecía a Diogo", recuerda, pero no hablaba del físico, sino del carácter, el empuje, la mirada. Solo después confirmó lo que intuía: el árbol genealógico había hecho lo suyo. Entre camadas y perros regalados, el destino le devolvía un descendiente de su Diogo.
El parentesco, según Spinelli, es directo: Diogo y Kapüy tuvieron cachorros, y una de esas crías fue regalada a una familia. Esa perra, ya adulta, tuvo su propia camada: ahí nació Tsunami. Con el tiempo lo regalaron a un entrenador, que parece haberlo vendido después, y ahí se perdió su rastro. El hilo se reconectó años más tarde, cuando Spinelli coincidió con una de las hijas de esa primera familia: ella fue quien lo reconoció.
Antes de volver a su reposo, Spinelli menciona que él mismo entrena a una de las crías de Tsunami. "Tengo una hija de Tsunami que también va a trabajar para rescate", dice. "Espero que siga los mismos pasos y que pueda tener el mismo éxito".
En rescate, un binomio es la unidad formada por un perro y su guía. Ambos entrenan y trabajan juntos hasta desarrollar una coordinación que los funde en una sola entidad; con los años, incluso llegan a mimetizarse emocionalmente. "Jorge sabe cuándo Tsunami está marcando, y el perro también puede sentir cuando Jorge está ansioso. Eso es parte de ser binomio", afirma Luis De Barros (44), adiestrador de Okan, un cachorro de ocho meses que también forma parte de K-SAR ECID.
De Barros lleva dos años trabajando junto a Jorge Beens. "Cada día uno aprende algo diferente de Jorge, no solamente en el área del rescate, sino en calidad humana", dice. Hace una pausa y añade que, aunque todos los perros son distintos, el proceso de preparación para que colaboren en labores de rescate comienza con juegos: se esconden objetos con aromas distintivos.
"Es especial, admiro mucho la forma en que él trata al perro. Los dos se transforman. Cuando están trabajando son una cosa, y cuando están relajados son otra. Yo intento imitarlo", afirma De Barros. Él no es el único que se ha sentido inspirado por el trabajo del binomio: en Venezuela ya hay murales de Tsunami en la calle. Al otro lado de la línea Jorge Beens dice que ha visto tatuajes con la cara de su perro y que incluso le han hablado de ponerle una estatua.
Beens diariamente se desplaza con Tsunami arriba de una moto, en calles estrechas, pasando entre autos. Sobre lo que ve cada vez que llega a una localidad dice: “Se me ponen los ojos aguaditos. Hay mucho reconocimiento. Llegamos y nos aplauden. Nos paramos y la gente se acerca a Tsunami como si él fuese una estrella musical. Y es bonito que le rindan homenaje, si no ha sido fácil”.
La noche del 26 de junio, por ejemplo, apenas unas horas después de haber salvado al hombre de sesenta años, Tsunami ya estaba de vuelta en terreno. A las diez de la noche el perro reposaba en el corralillo abierto de una camioneta, junto a Jorge , todavía con el uniforme de rescatista puesto. El cansancio de la jornada lo vencía. Tsunami se quedaba dormido ahí mismo.
Ese es el día a día. Si Beens y Tsunami no están arriba de la moto, es porque descansan en una camioneta. Si no descansan, es porque el perro tiene el arnés puesto. Entre el polvo de lo que fue, solo ambos se entienden.“Esta es la misión final. Pero te aseguro que será el último perro en salir de los escombros en esta operación. No vamos a parar”, dice Beens. Después su voz vuelve a desaparecer, se funde con el ruido. “La decisión del retiro estaba tomada. Era su último año. De alguna forma, se va por la puerta grande”, agrega en un último impulso.

Jorge Beens corta la llamada. Volverá a los escombros, a regalar un poco de su perro al mundo. Antes de despedirse, dice que el retiro no implica un cambio tan grande: Tsunami no volverá a los escombros —eso quedará para los otros perros que se están preparando en K-SAR ECID—, sino que visitará comunidades y trabajará como perro monitor, formando a otros en labores de búsqueda.
"Estoy muy agradecido con él, en todos los aspectos. Mi hijo, como muchos, está fuera del país, y quien me hace compañía en casa es Tsunami", explica el adiestrador. Porque hay noches en que Tsunami el rescatista es sólo Tsunami, el perro que alguna vez tuvo la piel herida. En su hogar no hay pruebas, tareas difíciles, ni obstáculos. Allí Tsunami solo busca un regazo: el de Beens.