Alejandra Acosta: "A Gabriela Mistral nos enseñaron a admirarla, pero no a quererla"
- Quiltra

- 21 jul
- 5 min de lectura

La ilustradora chilena Alejandra Acosta acaba de publicar una biografía ilustrada sobre Gabriela Mistral. Tras meses leyendo cartas, diarios y revisando fotografías, descubrió a una mujer muy distinta de la figura solemne que aprendimos en el colegio: curiosa, contradictoria, política, amante de la naturaleza y profundamente afectuosa. En conversación con Quiltra, reflexiona sobre cómo la imagen puede acercar a nuevas generaciones a una autora que durante décadas fue convertida en estatua.
Durante décadas, Gabriela Mistral habitó un lugar extraño: estuvo presente en todas partes y, al mismo tiempo, permaneció lejos. La vimos en el billete de cinco mil, memorizamos algunos de sus poemas en el colegio y aprendimos a repetir que fue la primera latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura. Pero detrás de esa figura solemne quedó oculta una mujer mucho más difícil de clasificar: curiosa hasta el exceso, enamorada de la naturaleza, contradictoria, política y profundamente afectuosa.
Esa distancia fue la que impulsó a la ilustradora chilena Alejandra Acosta a dedicar casi tres años a investigar su vida para crear Mistral. Una biografía ilustrada (Lumen). A partir de cartas, diarios, fotografías y archivos personales, construyó un retrato que se aleja del bronce para recuperar a la persona. En conversación con Quiltra, reflexiona sobre la necesidad de humanizar a la escritora, el papel de la ilustración para acercarla a nuevas generaciones y la curiosidad como una forma de mirar el mundo que, cree, estamos perdiendo.
¿Desde qué lugar conectas tú con Gabriela Mistral?
“Lo que más me conmueve es su capacidad de observar. Siempre se habla de la intensidad emocional de su poesía, pero a mí me impresionó otra cosa: la forma en que miraba el mundo. Era una mujer profundamente curiosa, sí. Observaba una planta, un insecto, un paisaje, el canto de un grillo. Esa manera de detenerse en lo pequeño conecta mucho con mi trabajo para primera infancia, donde también intento invitar a los niños a observar antes que consumir.
Cuando empecé a leer sus diarios y sus cartas confirmé esa intuición. Ahí apareció una Gabriela mucho más viva que la figura oficial. Me impresionó descubrir que estaba pendiente de cosas muy cotidianas, que se preocupaba de las plantas, que esperaba que llegaran los pajaritos en la mañana. Son detalles que no aparecen cuando uno estudia su obra en el colegio, pero que ayudan a entender quién era realmente".
En algún momento de nuestra conversación dijiste una frase que resume muy bien el libro: "A Mistral nos enseñaron a admirarla, pero no a quererla".
“Sí. Ese era justamente el desafío. Todos crecimos con esa imagen solemne: la señora del billete de cinco mil pesos, seria, en blanco y negro, casi inalcanzable. Yo quería devolverle humanidad. Esa calidez que tenía y que no se nos enseñó. Me interesaba mostrar que era una mujer preocupada por las plantas, que esperaba con alegría a los pajaritos en la mañana, que era sensible, curiosa, incluso divertida. Eso cambia completamente la forma en que uno la mira. Uno deja de verla como un monumento y empieza a verla como una persona".
¿Qué fue lo que más te sorprendió mientras investigabas?
“Sus contradicciones. Yo sabía que era una mujer compleja, pero leyendo sus cartas descubrí muchas más capas. Era muy estratégica. Sabía perfectamente cuándo hablar, cuándo guardar silencio y cómo mover las piezas para conseguir aquello que consideraba importante.
También era mañosa, gozadora, le encantaba viajar, comer bien, mirar paisajes. Hay fotografías donde aparece muerta de la risa con amigas, jugando con un gato o caminando en camisa de dormir. Esa Gabriela casi nunca nos la mostraron".

Si Gabriela Mistral fuera una joven que comenzara a escribir hoy, ¿crees que tendría un lugar en el mundo editorial?
"Creo que sí.
Hoy sigue siendo difícil publicar, pero existe un ecosistema editorial muchísimo más diverso que el que ella conoció. Hay editoriales independientes, proyectos pequeños, libros muy cuidados. Eso permite que aparezcan voces distintas. Además, Mistral no era solamente poeta. Era una intelectual profundamente política. Hablaba de educación, de pueblos originarios, de mujeres, de desigualdad. Le costaba quedarse callada.
Estoy segura de que hoy seguiría siendo una figura muy incómoda y, justamente por eso, muy necesaria".
Tú haces clases en la universidad a nuevas generaciones, ¿qué crees que podrían aprender de Gabriela Mistral?
"La curiosidad. Es algo que siento que estamos perdiendo. Y eso me preocupa mucho. Ella estaba permanentemente preguntándose por el mundo, por las personas, por la naturaleza, por lo que ocurría en otros países.
Hoy vivimos en una época donde todo llega demasiado rápido y cuesta detenerse a observar. Y la curiosidad necesita tiempo. Necesita aburrirse, equivocarse, ensuciarse las manos. Por eso también trabajo con libros para la primera infancia. Me interesa recuperar esa capacidad de mirar el mundo con asombro".
¿Qué encontraste en Gabriela Mistral que dialoga con el mundo de la primera infancia?
"Me sorprendió mucho esa curiosidad casi infantil con la que ella miraba la naturaleza. Más que una mirada romántica, encontré una mirada contemplativa. Observaba cómo cantaba un grillo, cómo cambiaba un paisaje, cómo se relacionaban las cosas pequeñas entre sí. Cuando yo trabajo haciendo libros para la primera infancia, eso es justamente lo que intento generar: una invitación para que niños y niñas se detengan a observar. En ese sentido sentí que compartíamos una misma forma de mirar el mundo"

¿Crees que la ilustración puede acercar a Gabriela Mistral a quienes nunca leerían un ensayo sobre ella?
"Sin duda. Vivimos rodeados de imágenes. Muchas personas jamás llegarían a Gabriela Mistral a través de un libro de poesía, pero sí pueden hacerlo mediante una novela gráfica o una biografía ilustrada. Por eso también tomé decisiones muy conscientes con el color.
Quise alejarme del sepia, del blanco y negro, de esa imagen solemne que siempre hemos visto. La vestí de rosado, utilicé colores vibrantes y una paleta muy reducida. Era una forma de decir: esta mujer sigue viva".
Después de tantos meses investigándola, ¿quién es hoy Gabriela Mistral para ti?
"Ya no es solamente la Premio Nobel. Ahora veo a una mujer profundamente humana. Una mujer llena de contradicciones, muy sensible, tremendamente curiosa y con una enorme capacidad de cuidar a los demás. Creo que esa es la Gabriela que vale la pena recordar. No solamente la que aprendimos a admirar. También la que podemos aprender a querer".



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